Una de las mayores empresas del siglo 20 revolucionó la fotografía, pero acabó siendo engullida por un cambio tecnológico que ella misma inició. Una historia fascinante y llena de giros, que aún hoy deja lecciones para negocios de todos los tamaños.
La historia de Kodak es una de las trayectorias más fascinantes y, al mismo tiempo, más trágicas del mundo de los negocios.
Fundada en 1888 por George Eastman, la empresa transformó la forma en que las personas registraban momentos, haciendo que la fotografía fuera accesible a millones de personas en todo el mundo.
Kodak fue responsable de popularizar la cámara portátil y el filme fotográfico, permitiendo que la fotografía saliera de los estudios profesionales y entrara en el día a día de las familias.
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Con el lema “You press the button, we do the rest” (“Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”), Kodak se convirtió en un nombre familiar y consolidó su posición como líder global de la fotografía analógica por más de un siglo.
En la década de 1970, Kodak era responsable de alrededor del 90% del mercado de filmes fotográficos y del 85% del mercado de cámaras en Estados Unidos.
El filme Kodachrome, por ejemplo, fue uno de los más populares y utilizados por aficionados y profesionales, responsable de registrar íconos culturales y eventos históricos.

La invención de la cámara digital que la propia Kodak no abrazó
Sin embargo, a pesar de su liderazgo, Kodak cometió uno de los errores estratégicos más estudiados de la historia empresarial.
La empresa fue pionera en la creación de la tecnología digital, pero negligió su potencial disruptivo.
En 1975, el ingeniero Steve Sasson, de Kodak, inventó la primera cámara digital funcional.
La cámara utilizaba un sensor CCD (dispositivo de carga acoplada) y era capaz de capturar imágenes digitales, que eran almacenadas en cintas magnéticas.
Sin embargo, la junta directiva de Kodak desechó la idea, temiendo que la nueva tecnología perjudicara las lucrativas ventas de filmes y papeles fotográficos.

Esta decisión fue un hito del conservadurismo corporativo que acabaría sellando el destino de la empresa.
Durante las décadas de 1980 y 1990, otras empresas, como Sony, Canon y Fujifilm, invirtieron fuertemente en el desarrollo de la fotografía digital, mientras que Kodak insistía en proteger su modelo tradicional.
Aunque la compañía lanzó productos digitales y adquirió algunas empresas del sector, sus acciones fueron tímidas y tardías.
Kodak parecía atrapada en un dilema: ¿cómo abrazar el futuro sin sacrificar su presente?
El avance de la fotografía digital y la caída de la gigante
Con el avance de la tecnología digital, la fotografía se volvió más accesible, instantánea y libre de las limitaciones impuestas por el filme analógico.
Las cámaras digitales rápidamente conquistaron el mercado, mientras que los teléfonos móviles comenzaron a incorporar recursos fotográficos, haciendo que la fotografía sea aún más democrática.
Kodak, que antes reinaba absoluta, comenzó a perder relevancia.
Sus intentos de adaptación, como el lanzamiento de impresoras y servicios online de revelación, no fueron suficientes para compensar la caída en las ventas de filmes y cámaras analógicas.
Al inicio de los años 2000, Kodak aún generaba miles de millones de dólares, pero ya sentía los efectos de la revolución digital.
En 2012, tras años de dificultades financieras y fracasos en intentos de reinvención, la empresa realizó una solicitud de protección contra quiebra (Chapter 11) en Estados Unidos.
Ese momento simbolizó la caída de una de las marcas más icónicas de la historia.
Kodak había pasado de líder innovadora a un ejemplo clásico de cómo la resistencia al cambio puede llevar a la ruina.

La sobrevivencia tímida y las lecciones para el mercado
A pesar de eso, Kodak no desapareció completamente.
Tras reestructuración y venta de diversas patentes, la empresa logró salir de la quiebra en 2013, concentrándose en áreas como impresión digital, materiales para empaques y productos químicos.
Más recientemente, la compañía trató de diversificar su actuación, llegando a anunciar planes para producir ingredientes farmacéuticos durante la pandemia de COVID-19, aunque este proyecto generó controversia e investigaciones por sospechas de irregularidades.
La trayectoria de Kodak ofrece lecciones valiosas sobre el impacto de la innovación disruptiva y la importancia de que las empresas se adapten a las nuevas tecnologías.
Mientras que algunas marcas, como Fujifilm, lograron reinventarse y prosperar en el entorno digital, Kodak quedó atrapada en el pasado.
Fujifilm, por ejemplo, diversificó sus actividades hacia sectores como cosméticos, materiales médicos e impresión de alta tecnología, demostrando resiliencia y visión estratégica.
La historia de Kodak también ilustra cómo una marca puede sobrevivir, incluso después de una caída monumental.
Hoy, la empresa aún fabrica filmes fotográficos –para un nicho de entusiastas y profesionales que valoran la estética de lo analógico– y equipos especializados.
Sin embargo, su relevancia nunca volverá a ser la misma.
El nombre Kodak evoca nostalgia y también una advertencia para las empresas de todos los sectores: innovar ya no es opcional, es cuestión de supervivencia.
La ironía de la historia y la advertencia para el futuro
Curiosamente, la ironía de la historia de Kodak es que fue pionera en la creación de la tecnología que la derribaría.
El propio Steve Sasson, inventor de la cámara digital, declaró años después que la resistencia de la alta dirección era predecible, pero inevitable.
Kodak apostó por el corto plazo, en la seguridad de los márgenes de beneficio del filme, e ignoró el potencial a largo plazo de la fotografía digital.
Si hubiera adoptado una estrategia agresiva de innovación digital desde el principio, la empresa podría haber mantenido su liderazgo.
No obstante, al proteger su modelo tradicional de negocio, Kodak perdió terreno frente a competidores más ágiles y dispuestos a abrazar el cambio.
Su caída se convirtió en un caso de estudio en escuelas de negocios y se convirtió en un ejemplo emblemático de miopía corporativa.
El ascenso y caída de Kodak es más que una historia de quiebra.
Es un recordatorio poderoso de que la innovación puede ser tanto una oportunidad como una amenaza.
Y, sobre todo, es una lección sobre la importancia de saber cuándo es hora de apretar el botón y dejar el resto para el futuro.
¿Y tú, crees que Kodak podría haber sobrevivido si hubiera abrazado lo digital desde el principio? ¡Deja tu opinión en los comentarios!


Teria sobrevivido alguns anos a mais com as câmeras digitais mas ainda teria provavelmente falecido com a chegada dos celulares. Quem sabe….