Sistema Experimental Que Mide Ruido En Vez De Velocidad Pasa A Operar En Vía Movimentada, Despierta Interés De Otras Ciudades Y Abre Discusión Nacional Sobre Fiscalización Acústica En El Tránsito.
El Anillo Vial de São José dos Campos, uno de los principales corredores de la ciudad, pasó a contar con un radar antirruido que promete cambiar la forma de fiscalización en la vía.
A diferencia de los equipos tradicionales, el sistema no mide velocidad.
Registra exceso de ruido de vehículos y, tras la certificación del Inmetro, podrá generar multa de R$ 500 para quien supere el límite de 80 decibeles establecido por las normas de tránsito.
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Fiscalización Por Ruido En El Anillo Vial
Instalado en las proximidades del shopping Aquarius Open Mall, el equipo funciona en fase experimental e integra la estrategia del municipio para reducir la contaminación sonora en los alrededores de la carretera.
La alcaldía afirma que la decisión fue tomada después de años de quejas de residentes molestos principalmente por motocicletas que circulan con escapes adulterados o sistemas de sonido automovilístico a alto volumen.
El corazón del nuevo radar es una especie de “cámara acústica”, compuesta por 21 micrófonos distribuidos a lo largo de la pista.
Estos sensores captan el sonido que llega a la vía y, por triangulación, identifican de dónde proviene el ruido más alto.
Cuando el sistema detecta que un vehículo ha superado el umbral de 80 decibeles, activa automáticamente cámaras que registran la placa y otros datos del paso del vehículo.
La información se almacena para futuras multas y para estudios sobre el comportamiento acústico del tránsito en la región.
Homologación Del Inmetro Y Uso De Los Datos
Por ahora, la operación se considera solo de pruebas.
La alcaldía utiliza el equipo para mapear horarios de mayor concentración de ruido, tipos de vehículos más frecuentes entre los infractores e impacto en la vecindad.
La aplicación efectiva de las multas, prevista en R$ 500 por infracción, depende de la homologación del modelo por el Inmetro, exigencia de la Resolución 920 del Consejo Nacional de Tránsito para cualquier sistema automático de fiscalización no metrológica.
Esta misma norma determina que el equipo cumpla con los requisitos técnicos definidos por el máximo órgano ejecutivo de tránsito de la Unión.
Base Legal Y Cuestionamientos Jurídicos
En el caso de São José dos Campos, la base legal utilizada por el municipio es una ley local que considera el exceso de ruido como infracción al sosiego público y al orden urbano.
La intención, sin embargo, es acoplar esta estructura a la legislación de tránsito.
El radar antirruido busca, en la práctica, automatizar infracciones ya previstas en el Código de Tránsito Brasileño, como el uso de escapes irregulares o descarga libre y el sonido automotriz en volumen superior al permitido.
Hoy, estas prácticas resultan en autuaciones clasificadas como graves, con valores en torno a R$ 195,23 y hasta retención del vehículo para regularización.
El punto que genera controversia entre especialistas en derecho de tránsito es la forma de vincular el nuevo equipo a las reglas federales.
La Constitución determina que corresponde a la Unión legislar sobre tránsito y transporte, lo que incluye definir infracciones y medios de fiscalización a nivel nacional.
Abogados y estudiosos del tema señalan que aún no existe, hasta el momento, una regulación específica del Contran para radares de ruido, lo que deja abierta la discusión sobre la validez jurídica de las multas emitidas con base en este tipo de sistema.
Experiencias En Otras Ciudades
Además de la ausencia de norma técnica propia, órganos federales ya han sido llamados a manifestarse en otras pruebas similares.
En Curitiba, por ejemplo, un radar de ruido opera desde 2023 en un tramo de la Avenida Victor Ferreira do Amaral, también acoplado a un equipo que mide velocidad.
Allí, el sistema registra imágenes y videos de vehículos que superan un nivel de ruido preajustado, pero aún no se usa para autuación precisamente por la falta de regulación específica del Contran, del Conama y del Inmetro para fiscalización automática de ruidos.
A pesar de estas lagunas, la experiencia de São José dos Campos ha ganado relevancia nacional por llevar la tecnología a una vía de gran flujo diario, en un contexto similar al de otras ciudades brasileñas.
Los relatos de contaminación sonora asociada a motocicletas con escape deportivo, autos de sonido y vehículos con sistemas de descarga modificados se repiten en grandes y medianas ciudades.
La expectativa de los gestores municipales es que los datos recopilados por el radar sirvan para fundamentar campañas educativas y ajustes en la legislación federal.
Impacto Para Residentes Y Salud Pública
La discusión también abarca la salud y el medio ambiente.
Estudios de la Organización Mundial de la Salud y de entidades relacionadas con la acústica urbana indican que ruidos crónicos por encima de ciertos niveles pueden aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares, trastornos del sueño, estrés y pérdida de calidad de vida en áreas densamente pobladas.
En ciudades atravesadas por corredores viales concurridos, como el Anillo Vial de São José dos Campos, la combinación de un flujo intenso y escapes alterados amplifica este impacto sobre los residentes que viven a la orilla de las pistas.
Expectativa Para Expansión De La Tecnología
Aunque el sistema aún se encuentra en fase de ajustes, otras administraciones municipales están siguiendo las pruebas con atención.
Curitiba continúa operando su radar de ruido en carácter experimental, y municipalidades de diferentes regiones estudian modelos similares, a la espera de una posición más clara de los órganos federales sobre parámetros técnicos, homologación y forma de encuadre de las infracciones en el Código de Tránsito.
Para los fabricantes, la consolidación de una regla nacional puede abrir espacio para una red de fiscalización acústica en varias carreteras y avenidas de gran movimiento.
Mientras el debate jurídico no se resuelve, los conductores que circulan por el Anillo Vial conviven con el nuevo equipo instalado al borde de la pista, sabiendo que sus pasajes están siendo monitoreadas no solo por el velocímetro, sino también por el volumen de ruido que sus vehículos producen.
¿Este escenario deberá impulsar cambios de comportamiento o estimular una discusión nacional más amplia sobre el futuro de la fiscalización acústica?

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