Crisis del Agua en Kabul Expone Riesgo de Colapso Hídrico Urbano y Levanta Alerta para Otras Grandes Ciudades, Inclusive en Brasil
Kabul podría convertirse en la primera capital moderna del mundo en quedarse sin agua. La ciudad afgana, con cerca de 6 millones de habitantes, enfrenta una crisis hídrica sin precedentes. Informes recientes señalan que los reservorios subterráneos pueden colapsar en pocos años si nada cambia.
De acuerdo con un informe de la ONG Mercy Corps publicado en 2025, los acuíferos de la región han caído entre 25 y 30 metros en la última década. La extracción de agua ya supera la recarga natural en cerca de 44 millones de metros cúbicos por año.
Los expertos estiman que, si se mantiene el ritmo actual, el suministro podría entrar en colapso antes de 2030.
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La crisis combina cambios climáticos, crecimiento urbano desordenado y gestión frágil de los recursos hídricos. La situación en Kabul ecoa experiencias dramáticas que otras metrópolis ya han vivido, como Ciudad del Cabo, Chennai y hasta São Paulo. Para Brasil, el caso funciona como un laboratorio extremo sobre lo que sucede cuando la planificación falla.
Por Qué Kabul Está a la Borde de Quedarse Sin Agua
En las últimas décadas, el clima en Kabul se ha vuelto más cálido y seco. Las lluvias han disminuido y se han vuelto irregulares, lo que dificulta la recarga natural de los acuíferos. Según los expertos, este patrón está ligado al avance de los cambios climáticos sobre la región de Asia Central.
Al mismo tiempo, la población de la capital ha explotado tras años de conflicto y migración interna. Se estima que entre 6 y 7 millones de personas viven hoy en la ciudad, muchas en barrios sin red pública de agua. Cerca del 90 por ciento de los residentes dependen de pozos perforados, que se están secando rápidamente.
Otra parte del problema está en la gobernanza del agua. Tras el regreso del Talibán al poder en 2021, gran parte de la ayuda internacional fue suspendida y los proyectos de infraestructura quedaron estancados. Según Mercy Corps y agencias de la ONU, el sector de agua y saneamiento opera hoy con una fracción de los recursos necesarios.
La crisis no es solo de cantidad, sino también de calidad. Estudios señalan que hasta el 80 por ciento del agua subterránea en Kabul está contaminada por aguas residuales, salinización y metales como el arsénico. Según UNICEF, ocho de cada diez afganos consumen agua no potable, lo que eleva los casos de diarrea, cólera y otras enfermedades de transmisión hídrica.
Pozos Secando, Agua Cara y Desigualdad en el Acceso
A medida que el nivel freático desciende, los pozos tradicionales dejan de alcanzar agua. Reportajes locales indican que casi la mitad de los pozos perforados en la ciudad ya se han secado o funcionan con caudal muy bajo. Las familias llegan a gastar hasta el 30 por ciento de sus ingresos solo para comprar agua de camiones o empresas privadas, a menudo sin garantía de potabilidad.
Este costo pesa más sobre los más pobres, que viven en asentamientos informales y no tienen conexión con redes formales de abastecimiento. En muchos barrios, mujeres y niños caminan largas distancias para llenar baldes en fuentes comunitarias abarrotadas. Organizaciones humanitarias alertan que la crisis hídrica en Kabul ya es también una crisis humanitaria.
Lo Que Otras Ciudades Hicieron para Evitar el “Día Cero”
Situaciones extremas como esta no son exclusivas de Afganistán. Entre 2015 y 2018, Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, estuvo cerca del llamado “Día Cero”, cuando se cerrarían las canillas para casi 4,6 millones de residentes. Los estudios describen ese episodio como resultado de una sequía histórica sumada a fallas en la gestión, revertido solo con un fuerte racionamiento y campañas de movilización.
En 2019, Chennai, en India, también vio cómo sus cuatro principales reservorios prácticamente se secaron. La ciudad declaró su propio “Día Cero”, y miles de personas pasaron a depender de camiones cisterna, formando filas de horas para conseguir algunos litros. Los expertos señalan la extracción excesiva de agua subterránea y la falta de protección de las áreas de recarga como factores decisivos.
Brasil también tiene ejemplos recientes de colapso hídrico al borde del límite. La crisis de 2014 y 2015 en São Paulo llevó al Sistema Cantareira a operar con solo 3 a 5 por ciento de su capacidad, el peor nivel en 125 años, forzando el uso de “volumen muerto” y medidas de emergencia de ahorro. Investigaciones e informes de la Agencia Nacional de Aguas y de instituciones académicas muestran que la combinación de sequía severa, expansión urbana y planificación deficiente ha vuelto a la región metropolitana altamente vulnerable.
Lecciones de Kabul para Brasil y para Otras Metrópolis
En el caso de Kabul, los expertos destacan tres aprendizajes urgentes. Primero, el uso descontrolado del agua subterránea puede volver inviables a ciudades enteras en pocas décadas. Segundo, la infraestructura inadecuada acelera el agotamiento de los recursos naturales y deja a poblaciones enteras expuestas a la inseguridad hídrica y sanitaria.
Tercero, la planificación a largo plazo y la educación de la población son herramientas centrales para evitar el colapso. Medidas como la protección de las áreas de recarga, el control de la perforación de pozos, el aprovechamiento del agua de lluvia y la reutilización de efluentes tratados aparecen como prioridades en estudios de organizaciones internacionales. En el caso de Kabul, incluso los proyectos de conducción de agua de ríos vecinos, como el Panjshir, se ven obstaculizados por la falta de financiación y la inestabilidad política.
Para Brasil, que a menudo se ve como un país “rico en agua”, el escenario afgano es una alerta. Informes de la ANA estiman que, entre 2013 y 2016, sequías y estiaciones afectaron a cerca de 48 millones de personas, con el 84 por ciento de los afectados viviendo en el Nordeste. La crisis de São Paulo mostró que ni las grandes metrópolis están a salvo del racionamiento cuando la gestión de los recursos hídricos no acompaña el clima y el crecimiento urbano.
Las ciudades brasileñas de todos los tamaños pueden aprender de lo que sucede hoy en Kabul. Invertir en redes de distribución más eficientes, monitorear acuíferos, proteger manantiales e incluir a las periferias en la planificación de abastecimiento reduce el riesgo de un “Día Cero” tropical. Sin estos cambios, la imagen de una capital entera contando los días hasta la última gota deja de ser un problema distante y se convierte en un futuro posible.
¿Crees que Brasil corre el riesgo real de que alguna gran ciudad se acerque a lo que Kabul está viviendo, o consideras que este escenario es exagerado? En tu opinión, ¿pesa más la responsabilidad de los gobiernos, de las empresas de saneamiento o del consumo diario de cada uno de nosotros en la crisis hídrica? Deja tu comentario.


Nós gastamos água além do necessário, somos um povo sem educação,em quase todos os a sentido, jogamos lixo em quaisquer lugar , eu que sou uma pessoa sem grandes formação estou vendo acontecer ao meu redor infelizmente.
Depende da consciência de casa um de nós. E os governantes serem mais sérios e atuar com honestidade aplicabilidade dos recursos direcionados para essa causa primordial.
Muito boa reportagem. É imprescindível cuidar disso antes que outra seca nos atinja, isto envolve tanto o governo como o cidadão comum. Muitos problemas podem ser evitados agora.