Instalada en Caldera, en el corazón del desierto de Atacama, gran planta chilena de desalinizacion usa ósmosis inversa y energía renovable para transformar agua del mar en fuente estratégica de abastecimiento urbano y agrícola.
En la región considerada una de las más secas del planeta, Chile ha comenzado a depender de una gran planta de desalinizacion para garantizar el abastecimiento diario de agua potable a la población.
Instalada en el municipio de Caldera, en la región de Atacama, la planta es capaz de transformar alrededor de 1,6 millones de litros de agua del mar por hora en agua dulce, convirtiéndose en pieza central de la estrategia del país para enfrentar la escasez hídrica en una área sin acuíferos naturales suficientes para el autoabastecimiento.
Capacidad de la Planta Desaladora de Atacama
La instalación, conocida como Atacama Desalination Plant o Planta Desaladora de Atacama, fue diseñada con capacidad inicial de 38.880 metros cúbicos por día, equivalente a aproximadamente 38,9 millones de litros diarios, y diseñada para operar en módulos hasta alcanzar un caudal máximo de 1.200 litros por segundo de agua potable.
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Esta capacidad final corresponde a cerca de 103.600 metros cúbicos por día.
De acuerdo con la empresa responsable por el proyecto y documentos oficiales, la planta fue dimensionada para garantizar el suministro de agua de calidad para más de 210 mil habitantes en cuatro comunas: Copiapó, Caldera, Chañaral y Tierra Amarilla, atendiendo aproximadamente el 70% de la población de la región de Atacama.
Proyecto público y participación internacional
El emprendimiento es conducido por la estatal Econssa Chile S.A., responsable por los servicios de saneamiento en diversas regiones del país, y fue financiado con recursos públicos, siendo presentado como la primera gran planta de desalinizacion orientada al consumo humano financiada íntegramente por el Estado.

La obra fue adjudicada en 2017 a un consorcio formado por la española GS Inima y la constructora chilena Claro Vicuña Valenzuela, que asumió la ingeniería, el suministro de equipos, la construcción y los primeros años de operación y mantenimiento.
Estrés hídrico extremo en el norte de Chile
La elección por una planta de gran porte fue directamente ligada a la situación de estrés hídrico crónico en el norte de Chile.
El desierto de Atacama es clasificado por estudios climáticos como el desierto no polar más seco del mundo, con promedios anuales de lluvia de pocos milímetros y registros de áreas que llegan a permanecer años sin cualquier precipitación mensurable.
En tramos de la región, la pluviosidad media es inferior a 2 milímetros por año, lo que hace inviable depender de reservorios superficiales.
El escenario se agrava por el hecho de que el país figura en levantamientos internacionales entre las naciones con mayor presión sobre los recursos hídricos, debido a la combinación de demanda creciente y oferta limitada.
Antes de la entrada en operación de la planta, la región de Atacama dependía principalmente de el acuífero del río Copiapó, que sufrió un fuerte rebasamiento tras décadas de explotación para consumo humano, agricultura y minería.
Autoridades chilenas han comenzado a describir la área como permanentemente amenazada por el riesgo de quedarse sin agua en caso de eventos climáticos extremos.
Con la conclusión de la planta, el propio gobierno ha comenzado a tratar el proyecto como una “obra de Estado”, prioritaria en la política pública de seguridad hídrica para el norte del país.
Tecnología de ósmosis inversa en el desierto de Atacama

Desde el punto de vista técnico, la planta utiliza tecnología de ósmosis inversa de agua del mar.
El proceso comienza en la captación, con estructuras submarinas y tuberías que llevan el agua bruta del océano hasta las instalaciones en tierra.
A continuación, el líquido pasa por etapas de pretratamiento físico y químico para eliminar sólidos en suspensión, arena, materia orgánica y organismos marinos que podrían dañar las membranas.
Solo entonces el agua es presurizada por bombas de alta potencia y enviada a módulos de ósmosis inversa, donde atraviesa membranas semipermeables que retienen sales y la mayor parte de los contaminantes, separando el flujo en agua desalada y salmuera concentrada.
El agua potable producida es sometida a correcciones finales de pH, remineralización y desinfección, antes de ser bombeada por decenas de kilómetros de adutoras hasta los centros urbanos de la región.
La red asociada a la planta incluye estaciones de recalque y reservorios intermedios que permiten vencer desnível de altitud y garantizar la presión adecuada en el abastecimiento de las ciudades atendidas.
Ya la salmuera regresa al mar a través de emisarios submarinos diseñados para diluir el concentrado salino y minimizar alteraciones locales de salinidad.
Eficiencia energética y uso de energía renovable
Uno de los puntos destacados por empresas y entidades del sector es la eficiencia energética de la Planta Desaladora de Atacama.
Información técnica divulgada por GS Inima y socios indica que la planta opera con consumo eléctrico garantizado inferior a 2,8 kWh por metro cúbico de agua producida, un nivel considerado entre los más bajos del mundo en instalaciones de este porte.
Durante pruebas de rendimiento, se registraron valores medios aún menores, cerca de 2,6 kWh por metro cúbico, resultado asociado al uso de equipos de recuperación de energía en el rechazo de alta presión y al diseño optimizado del proceso.
Otro diferencial es la integración con fuentes renovables de energía.

Documentos públicos relacionados al emprendimiento apuntan que el suministro eléctrico de la planta es garantizado por un arreglo de generación eólica y solar, caracterizado oficialmente como 100% renovable.
Esta configuración reduce la huella de carbono asociada a la desalinizacion, una crítica frecuente a proyectos similares en otras partes del mundo, donde la energía para las bombas de alta presión suele provenir mayoritariamente de termoeléctricas a combustibles fósiles.
Reconocimiento internacional y impacto regional
El conjunto de soluciones tecnológicas y el impacto directo sobre el abastecimiento de la región han generado reconocimiento internacional al proyecto.
En 2022, la planta de desalinizacion de Atacama fue anunciada como ganadora del premio “Desalination Plant of the Year” en los Global Water Awards, premiación organizada por entidades ligadas al sector de agua y saneamiento.
La planta también había sido señalada anteriormente como uno de los proyectos de ingeniería más relevantes del país por asociaciones técnicas chilenas, debido al volumen de inversión, al papel social y a las soluciones adoptadas para reducir impactos ambientales en la zona costera.
En el plano interno, el gobierno chileno resalta el efecto de la planta sobre la seguridad hídrica local.
Durante la inauguración oficial, autoridades destacaron que la región, antes en riesgo permanente de desabastecimiento, pasó a tener la oferta de agua potable asegurada por décadas, con base en la capacidad contratada y en el diseño modular que permite futuras expansiones.
Relatos institucionales también mencionan la generación de más de 500 empleos directos durante la fase de construcción y el volumen de recursos invertidos, alrededor de 100 millones de dólares, como factores de peso en la economía regional.

Es una buena solución si se gestiona correctamente la salmuera que produce. En muchos lugares la salmuera de rechazo se tira al mar y arrasa la vida marina
Para onde vão os 2/3 da água captada?
Devolver salmuera al mar acarreara problemas con la flora y fauna marina, cuando se den cuenta será tarde como siempre.
La cantidad es muy pequeña no llega a perjudicar