Arabia Saudita Invierte Miles de Millones en Agua Fósil, Pivotes de Riego y Compra de Tierras en el Exterior para Garantizar Alimentos Incluso Sin Ríos y con Lluvias Mínimas
La Arabia Saudita es un país riquísimo en petróleo, pero dramáticamente pobre en agua, un lugar donde no hay ríos perennes, casi todo el territorio es desierto, las temperaturas alcanzan los 56 °C y las lluvias anuales apenas superan los 100 milímetros por metro cuadrado. Aún así, la Arabia Saudita ha transformado el desierto en granjas gigantes, con campos circulares irrigados por pivotes colosales, alimentados por reservas profundas de agua subterránea.
Este movimiento no nació de la nada. A lo largo de las últimas décadas, la monarquía saudita creó subsidios agresivos, apostó por agua fósil extraída a más de un kilómetro de profundidad, amplió el uso de tecnología avanzada y comenzó a comprar grandes extensiones de tierras en otros países para producir alimentos fuera de casa. Mientras gana autosuficiencia en varios productos, la Arabia Saudita también despierta críticas por la forma en que utiliza y exporta, en la práctica, el agua de otras regiones del mundo.
Un Reino Rico en Petróleo, Pobre en Agua
La Arabia Saudita posee una de las mayores reservas de petróleo del planeta, y aproximadamente el 90% de todo lo que exporta está relacionado con este recurso.
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En contraste, el país enfrenta un cuadro extremo de escasez hídrica. No hay ríos que fluyan todo el año, solo cursos de agua efímeros, que surgen por un período corto después de las raras lluvias.
Mientras en regiones más secas de Brasil la media anual de lluvias gira en torno a los 500 milímetros por metro cuadrado, en la Arabia Saudita ese volumen cae a cerca de 100 milímetros, reforzando un escenario de aridez impresionante.
Sumen a esto temperaturas de hasta 56 °C y tormentas de arena frecuentes, y se dibuja un territorio que, a primera vista, parece totalmente incompatible con la agricultura a gran escala.
Históricamente, el sector agrícola saudita se resumía a la producción de dátiles y a la cría de cabras, camellos y ovejas. Con el cambio forzado del modo de vida de tribus beduinas, que pasaron de nómadas a asentados en áreas específicas, el ganado dejó de desplazarse y empezó a presionar el pasto en regiones limitadas.
Para sobrevivir, muchos beduinos talaron árboles para producir carbón y comprar comida para sus animales, lo que aceleró la desertificación y deterioró aún más el suelo.
La Estrategia de la Arabia Saudita para Producir Comida en el Desierto

Frente a la dependencia de importaciones de alimentos y a la necesidad de generar empleos, el gobierno de la Arabia Saudita decidió cambiar completamente la lógica agrícola del país. El objetivo era claro: reducir la dependencia de comida del exterior y emplear parte de la población en actividades relacionadas con el campo.
Para ello, la monarquía puso dinero pesado sobre la mesa e impuso barreras a productos importados. El Estado comenzó a subsidiar semillas e insumos, a gravar el trigo comprado en el exterior y a comprar el trigo producido internamente por un valor cerca de tres veces mayor que el precio del mercado internacional. El resultado fue una expansión acelerada: entre 1980 y 1995, el área cultivada en el país se triplicó.
No obstante, el crecimiento encontró su límite más obvio: la falta de agua. Producir en el desierto es caro y arriesgado, y cerca del 80% de toda el agua consumida en la Arabia Saudita está vinculada a la agricultura.
En este punto, la pregunta central pasó a ser cómo garantizar agua suficiente para mantener las granjas, sin colapsar el abastecimiento urbano.
Desalinización y Agua Subterránea: El Combustible de las Granjas Gigantes
El primer desafío a ser enfrentado fue el abastecimiento de la población. La Arabia Saudita, que ocupa la mayor parte de la Península Arábiga, está bañada por el Mar Rojo de un lado y por el Golfo Pérsico del otro.
La solución fue invertir fuertemente en desalinización del agua de mar, un proceso caro, pero capaz de garantizar agua potable a gran escala.
El gobierno asumió la responsabilidad de retirar el agua del mar, desalinizarla y distribuirla prácticamente gratis para los habitantes.
El sistema, sin embargo, no es perfecto: los sauditas pueden estar varios días sin agua cuando el sistema falla, mostrando la fragilidad de un modelo altamente dependiente de infraestructura cara y compleja.
Para la agricultura, usar agua desalada sería económicamente inviable, aunque el país sea un gigante del petróleo.
La salida, entonces, fue explorar lo que estaba escondido bajo la superficie. Con perforaciones de cerca de un kilómetro de profundidad, el país comenzó a acceder a reservas subterráneas de agua acumuladas hace más de dos millones de años, un recurso no renovable conocido como agua fósil.
Esta agua se utiliza en la irrigación a través del sistema de pivote central, tecnología originalmente desarrollada en Colorado, Estados Unidos, y luego difundida por el mundo.
Gracias a este sistema, vastas áreas del desierto se transformaron en círculos verdes vistos desde el espacio, dando al paisaje de la Arabia Saudita un aspecto casi futurista.
Para un observador desavisado, parece obra de ciencia ficción, pero es el resultado de ingeniería, petróleo y mucha agua antigua siendo traída a la superficie.
Tecnología, Visión 2030 y el Cambio del Trigo por Culturas Más Estratégicas

En 2016, la Arabia Saudita lanzó el plan Visión 2030, con la meta central de reducir la dependencia del petróleo y diversificar su economía.
La agricultura fue incluida en este paquete y comenzó a recibir atención especial, ahora con enfoque en tecnología y eficiencia hídrica.
Se implementaron sistemas modernos de recolección de datos vía satélite, que permiten monitorear cultivos en todo el país, cruzando información sobre consumo de agua, productividad y perfil climático de cada región.
Con esto, los investigadores pueden decidir con más precisión qué cultivos plantar en cada área y cuánto agua aplicar en cada ciclo, reduciendo el desperdicio.
Una medida drástica fue la prohibición del cultivo de trigo. Antes incentivada por el gobierno, la producción del cereal llegó a poner a la Arabia Saudita entre los diez mayores productores mundiales, pero consumía demasiada agua. La solución fue abandonar el trigo y apostar por cultivos más alineados con el clima y la estrategia a largo plazo.
Entre estos cultivos, la oliva se convirtió en un símbolo de la nueva agricultura saudita. La primera gran plantación de olivas en el país se registró en 2007. En pocos años, con inversiones intensivas, la Arabia Saudita comenzó a producir la mitad de todo el aceite que consume internamente y alberga la mayor granja moderna de olivas del mundo, reconocida por el Guinness Book.
Es un ejemplo claro de cómo la tecnología, el capital y el agua subterránea lograron, al menos por ahora, reescribir el mapa agrícola del desierto.
Críticas al Modelo Hídrico de la Arabia Saudita
Toda esta transformación, sin embargo, viene acompañada de críticas. Especialistas señalan que el país podría adoptar sistemas de riego por goteo, como los usados en Israel, que consumen menos agua que los pivotes centrales.
En la visión de estos críticos, insistir en pivotes gigantes acelera el agotamiento de las reservas de agua fósil, que ya tienen un horizonte limitado: incluso en las proyecciones más optimistas, los acuíferos subterráneos sauditas tendrían agua solo por algunas décadas más.
Otra crítica fuerte recae sobre los efectos colaterales de la prohibición del trigo. Muchos agricultores que antes cultivaban el cereal comenzaron a invertir en la cría de ganado y en la formación de pastizales, un uso que puede consumir hasta cuatro veces más agua que el propio trigo.
En lugar de aliviar la presión sobre los recursos hídricos, el cambio de perfil productivo puede, en algunos casos, haber ampliado el problema.
También pesa el hecho de que el agua se entrega prácticamente de forma gratuita a la población. El costo bajísimo reduce el incentivo al ahorro y contribuye a un consumo per cápita estimado en 950 metros cúbicos por persona al año, casi el doble del registrado en otros países, donde este valor suele estar por debajo de los 500 metros cúbicos.
En países que enfrentaron crisis hídricas severas, como Israel, el aumento de tarifas fue una de las claves para reducir el desperdicio, algo que muchos especialistas defienden como un camino inevitable para la Arabia Saudita.
Cuando el desierto saudita avanza sobre tierras extranjeras
Quizás la medida más polémica de la estrategia alimentaria de la Arabia Saudita sea la compra masiva de tierras agrícolas en otros países.
Para garantizar seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, preservar parte de su agua subterránea, el país comenzó a invertir millones de dólares en la adquisición de grandes propiedades en naciones como Etiopía, Indonesia, Malasia y Sudán.
En estas áreas, los sauditas implantan cosechas a gran escala y envían casi toda la producción directamente a los puertos de la Arabia Saudita.
Mientras tanto, gran parte de la población local sigue enfrentando inseguridad alimentaria, lo que plantea cuestionamientos éticos sobre el uso de tierras fértiles en países pobres para abastecer a un país rico y desértico.
La estrategia no se limita al mundo en desarrollo. La Arabia Saudita también compró extensas áreas agrícolas en los estados norteamericanos de California y Arizona, centradas en la producción de alfalfa para alimentar al ganado lechero de la mayor empresa láctea del Golfo Pérsico.
Una vez finalizada la cosecha, toda la alfalfa es enviada a la Arabia Saudita, lo que llevó a productores de leche estadounidenses a protestar.
En su visión, exportar alfalfa a gran escala es lo mismo que exportar agua de los Estados Unidos sin cobrar por ella, intensificando tensiones sobre el uso de recursos hídricos en regiones que también enfrentan sequías y restricciones de agua.
Al combinar agua fósil, pivotes colosales, alta tecnología y compra de tierras en el exterior, la Arabia Saudita ha estado garantizando comida incluso sin ríos ni lluvias.
Sin embargo, el costo ecológico y geopolítico de este modelo aún está en discusión, especialmente para las futuras generaciones y para los países que hoy proporcionan tierra y agua embutida en sus exportaciones.
Desde su punto de vista, ¿la estrategia de la Arabia Saudita de usar agua fósil y comprar tierras en otros países para producir alimentos es una solución necesaria para sobrevivir en el desierto o un camino peligroso que transfiere el problema del agua al resto del mundo?


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