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La base de EE. UU. en Cuba, con McDonald’s y un campo de golf al lado de prisiones, se ha convertido en símbolo de conflictos, inmigración y Guerra al Terror, costando millones por prisionero y desafiando derechos humanos durante más de un siglo.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 01/01/2026 a las 14:17
base dos EUA em Guantánamo conecta imigração e Guerra ao Terror, concentra críticas de direitos humanos e expõe custos extremos por preso em Cuba, segundo o material analisado.
base dos EUA em Guantánamo conecta imigração e Guerra ao Terror, concentra críticas de direitos humanos e expõe custos extremos por preso em Cuba, segundo o material analisado.
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Instalada en territorio cubano desde el inicio del siglo XX, la base de EE.UU. en la Bahía de Guantánamo opera como ciudad americana autónoma y, al lado, mantiene centros de detención. Entre crisis de refugiados de 1991 a 1995 y prisiones post 2001, se convirtió en símbolo de costos extremos y derechos cuestionados.

En 1492, Cuba fue reclamada por España, pero, a fines del siglo XIX, la disputa por la independencia abrió camino para la presencia militar norteamericana que resultaría en la base de EE.UU. en Guantánamo, consolidada por un arrendamiento sin fecha de expiración. A partir de 1959, con la Revolución Cubana, la legalidad política del enclave comenzó a ser cuestionada por La Habana.

Entre 1991 y 1995, la base de EE.UU. se convirtió en plataforma de selección y confinamiento de refugiados haitianos y cubanos; después de 2001, fue reposicionada como eje de la Guerra contra el Terror, con campos como X-Ray y Delta. En 2015, números oficiales citados en el material-base permiten estimar un costo anual muy superior al de prisiones federales; en 2022, fotos iniciales de la cárcel salieron a la luz por pedido a través de FOIA.

Lo que hace que la base de EE.UU. en Guantánamo sea diferente a las demás

base de EE.UU. en Guantánamo conecta inmigración y Guerra contra el Terror, concentra críticas de derechos humanos y expone costos extremos por preso en Cuba, según el material analizado.

Los Estados Unidos mantienen presencia militar en decenas de países, pero Guantánamo escapa al patrón por un motivo estructural: se trata de una base de EE.UU. en territorio de un país con el cual Washington mantiene conflicto político y que considera ilegal la presencia norteamericana.

Esta singularidad crea un contraste permanente. Por un lado, la base opera como una pequeña “ciudad americana”, con viviendas de estilo suburbano, escuelas y áreas deportivas.

Por otro, concentra instalaciones de detención que, durante décadas, alimentaron controversias relacionadas con derechos humanos, debido a la naturaleza del confinamiento, al marco jurídico aplicado y a las críticas internacionales.

McDonald’s, campo de golf y el símbolo de las contradicciones

El material-base describe la coexistencia de estructuras civiles y militares en un espacio limitado: hay un McDonald’s y un campo de golf improvisado de nueve hoyos, con greens descritos como pequeñas islas rodeadas de tierra.

La imagen pública que se deriva de esto es inevitable: ocio estandarizado, rutina de base y, al lado, centros de detención.

Este contraste ganó un ícono en los años 1990, cuando la inmigración convirtió a Guantánamo en un laboratorio de políticas de selección fuera del territorio continental.

La presencia del McDonald’s en una zona cercada por alambre de púa se convirtió en una fotografía simbólica, asociada a la idea de que la base de EE.UU. combina “normalidad” administrativa con contención extrema.

Cómo se obtuvo la base de EE.UU. y por qué el contrato no tiene plazo

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La cadena histórica presentada en el material-base comienza con la guerra contra España y la subsiguiente ocupación norteamericana.

Cuba obtiene independencia formal, pero, sin margen real de negociación, acepta un tratado bilateral que incluye el arrendamiento de tierras a los Estados Unidos para una base naval.

El punto técnico es la cláusula de permanencia.

El arrendamiento es descrito como sin fecha de expiración, rescindible solo con el consentimiento de ambas partes.

Para reforzar el carácter institucional, el material-base relata pagos anuales de US$ 2.000 en monedas de oro, mecanismo que, más tarde, pasó a ser rechazado por Cuba tras la llegada de la familia Castro al poder, transformando el “pago” en otro elemento de disputa política.

Guerra Fría: cactos, minas y la frontera armada

En 1959, la Revolución Cubana altera el equilibrio.

El nuevo gobierno pasa a exigir el retorno del territorio, pero, sin una vía de fuerza plausible, la disputa se desplaza a una guerra de desgaste y simbolismo en la frontera de la base de EE.UU..

El material-base describe la construcción de una “cortina de cactos” de 23 metros de ancho en el lado cubano y, posteriormente, la instalación de un cinturón de minas.

La cifra citada es de alrededor de 55.000 minas, formando uno de los mayores campos minados de su época, en un ambiente donde la Guerra Fría pasa a ser percibida a 145 kilómetros de la Florida.

La tensión alcanza su punto máximo en la crisis de misiles: alarmas, evacuación de civiles y retorno posterior.

Aun con la descompresión, la normalidad no vuelve al patrón previo a 1959.

El material-base describe acciones cubanas como el rechazo a los cheques de arrendamiento y el desconectado de un oleoducto de agua potable, empujando a la base hacia la autosuficiencia.

Una base autónoma: agua, energía y logística como infraestructura política

El funcionamiento cotidiano de la base de EE.UU. es descrito como dependiente de autonomía operacional. Con el corte del abastecimiento, fueron instaladas plantas de desalinización para transformar agua de mar en agua potable.

La energía se señala como proveniente de una central diésel, complementada por turbinas eólicas instaladas en 2002.

Este diseño logístico no es un detalle.

Materializa la permanencia: suministros enviados desde los Estados Unidos, cadenas de abastecimiento propias y un ecosistema que refuerza la capacidad de mantener la base incluso cuando es políticamente indeseada por el país anfitrión.

Inmigración: 1991 a 1995 y el uso de la base como selección sin “suelo americano”

La crisis haitiana de 1991, con golpe e inestabilidad, aparece como un punto de inflexión operacional.

El material-base describe miles de haitianos huyendo en embarcaciones improvisadas, interceptados por la Guardia Costera y enviados a Guantánamo.

La lógica declarada era procesar solicitudes y selecciones sin llevar a las personas al territorio continental.

El campo crece rápidamente, con un antiguo aeródromo convertido en ciudad de carpas.

El campo de golf también es reutilizado como área temporal de carpas, y el texto-base describe presión sobre basura, agua y electricidad, con logística insuficiente para el volumen de personas.

La respuesta política evoluciona hasta una decisión de “capacidad máxima”: personas encontradas en el mar podrían ser devueltas por la fuerza, mientras que las que ya estaban en la base de EE.UU. entraban en un limbo de espera, sin claridad sobre el próximo paso.

La base, entonces, pasa a funcionar como símbolo de inmigración y de disputas internas en los Estados Unidos sobre frontera y asilo.

Campo Bulkeley, VIH y el limbo jurídico en los años 1990

Aún dentro del capítulo de la inmigración, el material-base describe un recorte sanitario y jurídico: haitianos empezaron a ser sometidos a pruebas de VIH con rigor ampliado y, en caso de dar positivo, eran trasladados a un campo separado, el Campo Bulkeley, con uso de pulseras identificadoras.

La cifra citada es de 276 personas puestas en cuarentena, en un contexto en que una ley de 1987 prohibía la entrada de personas con VIH en los Estados Unidos, creando un impasse: triados para asilo, pero impedidos de entrar.

El material-base relata que un tribunal federal determinó que el Bulkeley funcionaba, en la práctica, como campo de prisioneros y ordenó evacuación, con permiso de entrada en hasta seis meses para los residentes.

Este episodio es central para entender por qué Guantánamo se convierte en un “instrumento” recurrente: cuando el tema es políticamente divisivo, la base de EE.UU. aparece como espacio de contención fuera del alcance pleno de las protecciones aplicadas en territorio continental.

1994: refugiados cubanos, 33.000 intentos y el giro de política

Tras la caída de la Unión Soviética, el material-base describe crisis económica y protestas en Cuba, seguidas por un aumento de travesías hacia Florida en 1994.

El texto cita que, en su apogeo, 33.000 personas iniciaron la jornada.

El gobierno Clinton, según el material-base, altera la política: en lugar de permitir la entrada de cualquier cubano rescatado en el mar, solo los que llegaran efectivamente a Florida podrían permanecer; los demás serían devueltos a Cuba.

Esto amplía el uso de Guantánamo como instrumento de gestión de la inmigración, elevando la tensión en campos ya sobrepoblados.

Post 2001: Guerra contra el Terror, Camp X-Ray, Camp Delta y el debate de derechos humanos

Después de 2001, Guantánamo es reposicionada como centro de detención de sospechosos de terrorismo.

El material-base sostiene una motivación operacional: llevar detenidos a EE.UU. aumentaría la posibilidad de absolución o exigiría un conjunto de protecciones jurídicas, entonces la base de EE.UU. pasa a ser utilizada para mantener a las personas bajo custodia militar con un régimen distinto al aplicado en suelo americano.

El primer núcleo descrito es el Camp X-Ray, estructura temporal reutilizada.

Luego, tras aproximadamente cuatro meses, los detenidos serían transferidos al Camp Delta, descrito como permanente y expandido a lo largo de los años, subdividido por niveles de seguridad.

El material-base también cita el Campo Iguana, creado para albergar a tres prisioneros menores de 16 años, e indica que luego fue confirmado que hubo otros menores de edad en Guantánamo fuera del Iguana. Se trata de información sensible, ligada directamente al debate de derechos humanos y al diseño de custodia.

La ingeniería jurídica: “combatientes enemigos” y detención indefinida

El material-base describe una disputa de encuadre.

El gobierno norteamericano sostiene que los detenidos no estarían protegidos por la Constitución de EE.UU. por no estar en territorio americano.

Al mismo tiempo, el texto-base recuerda que el derecho internacional, incluidas las Convenciones de Ginebra, prohíbe la prisión por tiempo indeterminado sin acusación formal o juicio.

La respuesta narrada es el uso de la etiqueta “combatientes enemigos” en lugar de “prisioneros de guerra”, como forma de eludir restricciones.

Esta elección concentra la crítica internacional: detenciones prolongadas, limitaciones de acceso a pruebas, audiencias con restricciones y acusaciones de violaciones de derechos humanos, incluidas denuncias de tortura citadas como parte del debate sobre el cierre del Campo Delta.

Camp Justice: tribunal improvisado, baja efectividad y condenas anuladas

Para viabilizar juicios, el material-base señala la creación del Camp Justice, inicialmente diseñado como tribunal permanente de cerca de US$ 100 millones.

El Congreso, descrito como contrario a este nivel de gasto, reduce el presupuesto a US$ 10 millones, y el proyecto migra a carpas portátiles en el antiguo aeródromo, recordando visualmente las estructuras usadas en la crisis de refugiados.

El resultado práctico descrito es de baja producción judicial. Hasta 2025, el material-base afirma que solo ocho hombres han sido condenados desde la creación del Camp Justice y que la mitad de esas condenas ha sido anulada.

Este dato alimenta la crítica central: el aparato existe, pero no resuelve el dilema de mantener detenidos sin cerrar casos de manera robusta.

El costo por preso y por qué Guantánamo se convirtió en un caso extremo

El material-base proporciona una comparación objetiva de costo anual. En prisiones federales de seguridad máxima en EE.UU., el costo anual por preso se cita como US$ 78.000.

Con base en números oficiales de 2015 para el costo de funcionamiento de la prisión en Guantánamo y en la población actual mencionada en el material, se llega a un costo por prisionero de aproximadamente US$ 29 millones al año.

En el mismo recorte, el material-base registra que, en la fecha de la grabación, quedaban 15 hombres detenidos.

La combinación de Guerra contra el Terror, costo extraordinario, baja efectividad judicial y debate de derechos humanos sostiene por qué la base de EE.UU. se mantiene como símbolo, y no solo como instalación militar.

¿Considera que la base de EE.UU. en Guantánamo debería ser cerrada por costo y derechos humanos, o mantenida por valor estratégico y control de inmigración?

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