La CIA construyó el barco Glomar Explorer para recuperar un submarino soviético hundido a 5.000 metros en el Pacífico. La operación secreta de la Guerra Fría involucró a Howard Hughes y tecnología inédita.
En 1974, un barco gigantesco apareció en medio del Océano Pacífico y permaneció semanas prácticamente inmóvil sobre una única coordenada. Oficialmente, se trataba de un proyecto privado de minería submarina financiado por el excéntrico multimillonario Howard Hughes. El barco en cuestión era el Glomar Explorer, presentado al mundo como una embarcación diseñada para recolectar nódulos de manganeso del fondo del océano. La historia parecía plausible. Durante los años 1970, la minería de minerales raros en el fondo del mar era considerada una posible nueva frontera económica. El problema es que esa no era la verdadera misión del barco.
Detrás de la fachada industrial existía una operación secreta organizada por la Central Intelligence Agency. El objetivo era realizar algo que ningún país había intentado antes: recuperar un submarino nuclear soviético que había naufragado años antes en el Pacífico. El plan era extremadamente arriesgado. El objetivo estaba a casi 5.000 metros de profundidad, una región donde la presión del agua supera 500 veces la presión atmosférica y donde la tecnología de recuperación submarina prácticamente no existía.
El submarino soviético que desapareció en el Pacífico
El origen de esta historia se remonta a marzo de 1968, cuando el submarino soviético Soviet submarine K-129 desapareció en el Océano Pacífico. El K-129 era un submarino de la clase Golf II armado con misiles balísticos nucleares. Partió de la base naval soviética en el Extremo Oriente para una patrulla de rutina, pero nunca regresó.
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Poco después de dejar el puerto, sensores submarinos detectaron un gran evento acústico en el Pacífico Norte. La Unión Soviética inició una búsqueda intensiva del submarino desaparecido, mobilizando barcos y aeronaves durante semanas.
A pesar de un gran esfuerzo de búsqueda, el K-129 nunca fue localizado por los soviéticos. Sin encontrar los restos, la operación terminó siendo cancelada. Para la dirección soviética, el submarino simplemente había desaparecido.
Cómo los Estados Unidos descubrieron la ubicación del submarino
Mientras la Unión Soviética buscaba el submarino sin éxito, los Estados Unidos poseían una ventaja tecnológica crucial.
La marina americana operaba una red secreta de sensores submarinos conocida como SOSUS. Este sistema estaba compuesto por hidrófonos instalados en el fondo del océano, capaces de detectar sonidos de submarinos a grandes distancias.

Cuando el K-129 sufrió su accidente en 1968, el SOSUS registró el evento acústico. Analistas americanos lograron usar estos datos para calcular aproximadamente la ubicación del naufragio. En pocas semanas, los Estados Unidos ya sabían dónde había naufragado el submarino soviético.
El lugar se encontraba en el Pacífico Norte, a unos 2.500 kilómetros de Hawái, en una región remota del océano.
Por qué los Estados Unidos querían recuperar el submarino
Para los estrategas americanos, recuperar el K-129 podría representar una enorme ganancia de inteligencia militar.
El submarino posiblemente contenía:
- sistemas de comunicación cifrados
- equipos de navegación militar soviética
- tecnología de misiles balísticos
- documentos estratégicos de la marina soviética
Durante la Guerra Fría, cualquier información de este tipo tenía un valor inmenso. Sin embargo, recuperar el submarino parecía imposible. Estaba a casi cinco kilómetros de profundidad, muy más allá del alcance de la tecnología de rescate submarino existente en esa época. Ningún objeto de ese tamaño había sido recuperado de profundidades ni siquiera cercanas a eso.
El nacimiento de la Operación Azorian
Aun así, la CIA decidió intentarlo. La operación secreta recibió el nombre de Project Azorian.
Para llevarla a cabo, ingenieros y científicos desarrollaron un plan extraordinario: construir un barco completamente nuevo, diseñado específicamente para levantar el submarino del fondo del océano.
El barco necesitaría tener características inéditas:
- estabilidad absoluta en mar abierto
- capacidad para operar equipos gigantescos
- sistemas de posicionamiento extremadamente precisos
- un mecanismo de captura capaz de agarrar el submarino entero
Todo esto tendría que hacerse sin que el verdadero objetivo de la misión fuera descubierto.
La fachada perfecta: Howard Hughes
Para ocultar el proyecto, la CIA decidió usar una figura pública que pudiera justificar una empresa aparentemente absurda. El elegido fue el excéntrico multimillonario Howard Hughes.
Hughes ya era conocido por financiar proyectos experimentales gigantescos, muchos de ellos poco convencionales. Esto hacía plausible que estuviera invirtiendo millones en minería submarina. Así nació la historia pública del Glomar Explorer: un barco construido para explorar minerales en el fondo del mar.
Mientras el mundo creía en esta versión, el barco se estaba preparando para una de las operaciones secretas más audaces de la historia del espionaje.
El barco Glomar Explorer
El Glomar Explorer era una embarcación gigantesca para los estándares de la época. Fue diseñado específicamente para operar en medio del océano durante largos períodos. Entre sus características más importantes estaba un sistema llamado moon pool.

Este era un compartimento interno dentro del casco del barco que permitía bajar equipos directamente al fondo del mar sin que observadores externos pudieran ver lo que se estaba haciendo.
Dentro del barco también existía un sistema capaz de bajar una estructura metálica gigantesca llamada capture vehicle, o garra mecánica. Esta garra sería utilizada para agarrar el submarino en el fondo del océano.
La bajada de cinco kilómetros hasta el fondo del mar
Para alcanzar el submarino, el sistema del Glomar Explorer utilizaba una columna formada por decenas de secciones de tubo metálico. Cada sección estaba conectada a la anterior, formando una especie de torre vertical que descendía lentamente hasta el fondo del océano.
En total, se utilizaron alrededor de 60 secciones de tubo para alcanzar la profundidad de casi 5.000 metros. Cuando la garra finalmente llegó al fondo del mar, fue posicionada sobre el submarino K-129.
El plan era sujetar el casco del submarino y elevarlo lentamente hasta la superficie. Si todo iba bien, sería la mayor operación de recuperación submarina jamás realizada.
El momento crítico de la operación
En 1974, el Glomar Explorer inició la fase principal de la operación. Durante semanas, el barco permaneció prácticamente inmóvil en medio del Pacífico mientras el equipo realizaba el proceso de captura del submarino. Barcos soviéticos llegaron a acercarse a la zona en algunas ocasiones, pero creían que estaban observando una operación de minería submarina.
No podían imaginar que un submarino nuclear soviético estaba siendo izado desde el fondo del océano. Cuando la garra finalmente logró agarrar el submarino, comenzó el extremadamente delicado proceso de izado.
Fue en ese momento que surgió el principal problema.
La falla que cambió el resultado de la misión
Durante la subida, parte de la estructura de la garra se rompió. El peso del submarino, combinado con el estado deteriorado del casco tras años en el fondo del mar, hizo que el K-129 se partiera.
Gran parte de la embarcación volvió a caer al fondo del océano. Aun así, una sección del submarino aparentemente logró ser recuperada. Exactamente lo que fue recuperado permanece oficialmente clasificado hasta hoy.
Lo que los Estados Unidos realmente recuperaron
Informes posteriores indican que los Estados Unidos recuperaron una parte del casco del submarino. Entre los artículos encontrados estaban los cuerpos de seis marineros soviéticos.
Los cuerpos fueron enterrados en el mar con honores militares. Décadas después, la CIA divulgó imágenes de este funeral naval como parte de documentos desclasificados.
No obstante, no hay confirmación oficial sobre qué equipos militares o sistemas del submarino fueron recuperados. Esta información sigue siendo uno de los secretos remanentes de la operación.
El costo total de la Operación Azorian fue estimado en alrededor de US$ 800 millones en esa época. Ajustado por la inflación, eso equivale a más de US$ 3 mil millones actuales. Esto convierte el proyecto en uno de los programas secretos más costosos de la Guerra Fría. Aun así, el gobierno americano consideró la inversión justificada debido al valor potencial de la información que podrían obtener del submarino soviético.
El origen de la famosa “Glomar Response”
La existencia de la operación permaneció secreta durante años. No obstante, en 1975, periodistas comenzaron a investigar el proyecto tras filtraciones de información.
Cuando recibieron solicitudes oficiales para acceder a documentos, los abogados de la CIA crearon una respuesta que se hizo famosa. Declararon que la agencia “no podía confirmar ni negar la existencia de los documentos solicitados”.
Esta respuesta se conoció como “Glomar Response”, en referencia al barco Glomar Explorer. Hasta hoy, esta formulación es utilizada por el gobierno americano en respuestas a solicitudes de acceso a información sensible.
Una de las operaciones más audaces de la Guerra Fría
La Operación Azorian sigue siendo una de las iniciativas tecnológicas más ambiciosas de la Guerra Fría. Combinó ingeniería naval, espionaje estratégico, tecnología submarina y una elaborada operación de disfraz.
Construir un barco entero solo para recuperar un submarino enemigo del fondo del océano parecía algo casi imposible. Aun con fallos, el proyecto demostró que operaciones de este tipo eran técnicamente viables. Y mostró hasta dónde estaban dispuestas a llegar las potencias de la Guerra Fría para obtener ventaja estratégica.
Hoy, el Glomar Explorer sigue siendo recordado como el barco que protagonizó una de las misiones secretas más extraordinarias de la historia de la inteligencia internacional.



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