Lanzado en 2010, el proyecto en Bacabeira prometía miles de empleos, pero fue abandonado en 2015 tras consumir miles de millones sin nunca haber tenido la licencia más básica para ser construido
En el municipio de Bacabeira, a 60 kilómetros de São Luís, un terreno de 2.000 hectáreas, nivelado y vacío, es el monumento a una de las mayores promesas no cumplidas de la historia reciente de Brasil. En el lugar, debería estar la mayor refinería de América Latina. Hoy, solo hay ruinas, el silencio de una «ciudad fantasma» y el perjuicio de un proyecto multimillonario. La historia de la refinería Premium I de Petrobras es un guion clásico de ambición, política y desperdicio.
El proyecto, que prometía transformar la economía de Maranhão, fue cancelado oficialmente en 2015. Sin embargo, su caída no fue resultado de una crisis inesperada. La refinería nació con fallas fatales en su fundación, impulsada por intereses políticos y sin viabilidad económica o la licencia más fundamental para existir, mucho antes de que la Operación Lava Jato se convirtiera en el golpe de gracia.
La promesa de un nuevo Maranhão, un proyecto de 600 mil barriles por día
La piedra angular de la refinería Premium I fue lanzada con gran celebración en 15 de octubre de 2010, con la presencia del entonces presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva. El anuncio era grandioso: una inversión de US$ 20 mil millones para construir un complejo capaz de procesar 600 mil barriles de petróleo por día.
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La promesa era crear más de 25.000 empleos e inaugurar un nuevo ciclo de desarrollo para uno de los estados más pobres del país. El emprendimiento formaba parte de un plan estratégico de Petrobras para garantizar la autosuficiencia de Brasil en combustibles y procesar el recién descubierto petróleo del pre-sal. La ubicación en Maranhão, sin embargo, fue ampliamente vista como una decisión de fuerte influencia política, asociada a nombres como el entonces Ministro de Minas y Energía, Edison Lobão, y el entonces Presidente del Senado, José Sarney.
La falla fatal, un proyecto que nunca tuvo licencia para ser construido

La revelación más impactante sobre la refinería Premium I llegó en una audiencia pública en la Cámara de Diputados, en 11 de marzo de 2015. según la Cámara de Diputados, Magda Chambriard, en ese momento directora general de la Agencia Nacional del Petróleo (ANP), informó que Petrobras nunca había solicitado a la ANP la autorización para la construcción de la refinería.
Esto no era una mera formalidad. La licencia de la ANP es un requisito legal indispensable. El hecho de que un proyecto de esta magnitud, incluido en el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC 2) y con obras de terraplenado ya iniciadas, haya avanzado sin el documento más básico, indica una falla de gobernanza alarmante. La noticia transformó la percepción del proyecto: de un emprendimiento fracasado a un proyecto fantasma, que tal vez nunca haya tenido la intención real de ser concluido.
Económicamente inviable, la alerta del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU)
Mucho antes de la cancelación, la inviabilidad del proyecto ya era conocida. Una auditoría del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), realizada antes de la caída del precio del petróleo en 2014, fue categórica: los proyectos de las refinerías Premium I y II tenían 98% de probabilidad de generar perjuicio financiero.
Este análisis demuestra que, incluso sin los factores externos que se utilizarían como justificación para el cancelamiento, la refinería Premium ya estaba condenada económicamente. La decisión de seguir adelante, incluso con la advertencia del principal órgano de supervisión del país, refuerza la tesis de que los intereses políticos se sobrepusieron a la lógica económica y a la responsabilidad fiscal.
El golpe de gracia, cómo la Operación Lava Jato aceleró el fin
La Operación Lava Jato, desatada en marzo de 2014, fue el evento que expuso la fragilidad y selló el destino de la refinería. La investigación expuso un esquema de corrupción sistémico en Petrobras, lo que estranguló la capacidad de inversión de la empresa y la colocó bajo intenso escrutinio.
Con miedo de repetir los costos exorbitantes de la Refinería Abreu e Lima, en Pernambuco, otro eje de la Lava Jato, la directiva de Petrobras paralizó todas las grandes inversiones. El escándalo no fue la causa raíz del fracaso de la refinería Premium, pero eliminó el sustento político y financiero de un proyecto que ya estaba muerto al nacer, haciendo su cancelación inevitable.
El legado del abandono, perjuicio millonario y la desilusión de Bacabeira
En enero de 2015, el fin fue oficializado. Petrobras anunció el cancelamiento del proyecto, resultando en una baja contable de R$ 2,1 mil millones solo para la Premium I. El TCU, por su parte, calculó que el perjuicio total a las arcas públicas con los dos proyectos Premium fue de R$ 3,8 mil millones.
El impacto más cruel, sin embargo, fue sentido por la población de Bacabeira. La promesa de empleos atrajo a miles de personas, creando una burbuja económica que estalló de la noche a la mañana. El resultado fue desempleo masivo, quiebra de negocios locales y desestructuración de comunidades rurales que fueron desplazadas para dar lugar a un sueño que se convirtió en un desierto. Hoy, el terreno vacío de la refinería Premium I es un símbolo silencioso del costo humano y financiero de promesas no cumplidas.

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