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La ciudad flotante impulsada por 2 reactores nucleares que abandona el vapor, utiliza campos electromagnéticos para lanzar aeronaves al cielo e inaugura una nueva era de portaaviones de guerra.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 14/03/2026 a las 19:32
Conheça o porta-aviões USS Gerald R. Ford, movido por 2 reatores nucleares e equipado com sistema eletromagnético de lançamento. (Foto: USN/Mass Comms Spl 2nd Class Maxwell Orlosky)
Conheça o porta-aviões USS Gerald R. Ford, movido por 2 reatores nucleares e equipado com sistema eletromagnético de lançamento. (Foto: USN/Mass Comms Spl 2nd Class Maxwell Orlosky)
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Un superportaaviones reúne energía nuclear, nueva arquitectura de operación y sistemas que cambiaron la rutina del vuelo, en un proyecto que se convirtió en referencia en la modernización naval y concentra la atención de militares, industria y analistas.

USS Gerald R. Ford y la nueva generación de portaaviones

El barco descrito como una «ciudad flotante» es el USS Gerald R. Ford (CVN-78), portaaviones que lidera una nueva clase de la Marina de los Estados Unidos y reúne cambios relevantes en relación a los modelos anteriores.

El proyecto sustituyó parte de la arquitectura utilizada durante décadas en los superportaaviones de la clase Nimitz y fue concebido para operar con más generación eléctrica, menor necesidad de personal y mayor capacidad de lanzamientos aéreos a lo largo del día.

La comparación con una ciudad no se limita al tamaño de la embarcación.

El portaaviones concentra propulsión, producción de energía, control de tráfico aéreo, radares, sistemas de defensa, mantenimiento de aeronaves y apoyo logístico en una única plataforma.

La propia Marina de los EE.UU. presenta la clase Gerald R. Ford como un activo orientado a la respuesta a crisis y a la proyección de poder, mientras que la Navsea, órgano responsable del programa, afirma que el barco representa el cambio más amplio de diseño en portaaviones desde los años 1960.

Reactores A1B y la capacidad eléctrica del barco

En el centro de este sistema están dos reactores nucleares A1B, desarrollados para entregar más electricidad que la generación anterior.

La Marina informa que la clase fue planeada con utilidades totalmente eléctricas, lo que eliminó varias líneas de vapor presentes en barcos de este tamaño.

Documentos oficiales del programa también registran que la embarcación fue pensada para contar con más energía disponible para sistemas de a bordo y para nuevas tecnologías embarcadas.

Este cambio no sirve solo para mover un casco de más de 300 metros.

La capacidad eléctrica alimenta radares, sensores, elevadores de armas, talleres, comunicaciones, sistemas de aterrizaje y, sobre todo, el equipo que se ha convertido en la principal marca tecnológica de la clase: el EMALS, sigla en inglés para Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves.

La energía nuclear ya se empleaba en portaaviones estadounidenses, pero la clase Gerald R. Ford fue concebida para ampliar el margen eléctrico disponible a bordo.

Según la Navsea, el barco entrega aproximadamente tres veces más capacidad de generación eléctrica que la clase anterior.

Este dato es citado por órganos vinculados al programa como uno de los factores que permiten acomodar sistemas más exigentes y preparar la plataforma para tecnologías futuras.

La autonomía también es uno de los puntos más mencionados cuando se trata del diseño, aunque este dato suele aparecer de manera simplificada en textos de divulgación.

En materiales institucionales del sector naval estadounidense, el ciclo de estos portaaviones se asocia a una vida útil de 50 años, con reabastecimiento nuclear a la mitad de este período, alrededor de 25 años.

Por ello, la formulación más precisa es decir que el barco puede operar durante un largo intervalo antes del reabastecimiento de media vida.

Además de la autonomía, la generación adicional de energía reduce limitaciones asociadas a barcos diseñados en otro contexto tecnológico.

El Congreso estadounidense registró, aún en la fase inicial del programa, que los portaaviones de la clase Ford fueron desarrollados para soportar demandas eléctricas mayores y para operar varios sistemas nuevos de forma integrada.

En la práctica, esto amplía la capacidad de adaptación de la plataforma a sensores avanzados, automatización y equipos que requieren mayor carga eléctrica.

EMALS y el lanzamiento electromagnético de aeronaves

La sustitución de las catapultas a vapor por el EMALS es una de las diferencias más conocidas del Gerald R. Ford.

En lugar de usar vapor presurizado para impulsar la aeronave, el sistema emplea tecnología electromagnética.

General Atomics, responsable del equipo, informa que el sistema amplía la capacidad operativa de lanzamiento, reduce las exigencias de personal y puede trabajar con una amplia gama de pesos de aeronaves.

Video de YouTube

Según descripciones técnicas abiertas y documentos de referencia del programa, la aceleración tiende a ser más suave que la obtenida con catapultas a vapor.

Este punto es señalado por fuentes del sector como un factor que reduce el estrés sobre la estructura de las aeronaves.

El efecto interesa tanto a los cazas embarcados como a plataformas con características diferentes, incluyendo aeronaves más ligeras o más pesadas dentro del espectro de operación del vuelo.

Otro efecto importante aparece en el ritmo de las operaciones.

La documentación del Congreso de EE.UU. vinculada a la clase Gerald R. Ford registra que el diseño del barco buscó permitir 33% más salidas aéreas por día en comparación con la clase Nimitz.

Este desempeño no depende solo del EMALS, sino también de cambios en el vuelo, los flujos internos y en el movimiento de armas y equipos.

El nuevo sistema de lanzamiento, por lo tanto, no actúa de manera aislada.

Integra un conjunto de cambios que incluye la disposición interna del barco, la reorganización del vuelo y la ampliación de la capacidad eléctrica.

Es esta combinación que, según los documentos del programa, sostiene la propuesta de una operación aérea más intensa y con menos restricciones que en los modelos anteriores.

Menos tripulación y nueva organización interna

La modernización no se limitó al lanzamiento de aeronaves.

La Marina de EE.UU. informa que la clase Ford combina el nuevo reactor A1B, el EMALS, el sistema avanzado de recuperación de aeronaves y radares más modernos con la meta de reducir la necesidad de personal.

El material institucional también afirma que la clase deberá ahorrar más de US$ 5 mil millones en costos totales de propiedad a lo largo de 50 años en comparación con la clase Nimitz.

Parte de este ahorro proyectado se deriva de la reducción de tripulación y de la reorganización de espacios internos.

Documentos del Congreso y reportajes especializados sobre el programa apuntan que la embarcación fue diseñada para operar con varias centenas de marineros menos que barcos de la generación anterior.

Al mismo tiempo, la isla del portaaviones y la disposición del vuelo fueron reposicionados para favorecer el flujo de operaciones aéreas y de mantenimiento.

Este rediseño ayuda a explicar por qué la clase Ford es tratada, por fuentes oficiales y por analistas del sector naval, como un cambio tecnológico relevante.

La embarcación no se apoya en un único equipo nuevo, sino en la suma entre reactores más potentes, arquitectura eléctrica ampliada, nuevos sistemas de lanzamiento y recuperación, sensores más modernos y mayor automatización embarcada.

El resultado, según la Marina y documentos del programa, es una plataforma pensada para ciclos más intensos de operación.

El impacto de la clase Ford en la estrategia naval

El USS Gerald R. Ford también pasó años bajo escrutinio por retrasos y dificultades en la integración de tecnologías inéditas.

Aun así, la Marina americana sostiene que el barco fue concebido para dar soporte a una ala aérea moderna y a sistemas que exigen más energía y más conectividad.

En este contexto, el portaaviones es presentado como una etapa de transición entre el modelo tradicional de proyección naval y una fase en la que automatización, sensores más sofisticados y nuevas demandas energéticas tienen un mayor peso.

Por esta razón, el impacto del proyecto va más allá de la imagen de un barco de grandes dimensiones que lanza cazas por magnetismo.

Lo que está en juego, según materiales oficiales y documentos públicos del programa, es el intento de redefinir la base operacional de un grupo naval de combate para las próximas décadas, con una plataforma diseñada para incorporar cambios tecnológicos sin depender integralmente de la lógica de diseño de la Guerra Fría.

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Ana Alice

Redatora e analista de conteúdo. Escreve para o site Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 e é especialista em criar textos sobre temas diversos como economia, empregos e forças armadas.

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