Atafona, en la costa norte de Río de Janeiro, ya ha visto desaparecer más de 500 casas en el océano. La erosión costera avanza y amenaza con transformar el barrio en una ciudad fantasma.
Mar tragando la ciudad de Atafona: El escenario es de guerra — pero no entre ejércitos, sino entre el mar y la tierra. En Atafona, distrito de São João da Barra (RJ), la batalla es diaria. La erosión costera ya ha destruido más de 60 calles, 500 casas y transformado uno de los balnearios más frecuentados de los años 70 en una zona crítica de riesgo geológico. Las imágenes impresionan: casas derrumbadas, postes eléctricos caídos, aceras que terminan en acantilados y el sonido constante de las olas derribando muros. Y, según los especialistas, lo peor aún puede estar por venir.
Atafona: un balneario engullido poco a poco
Ubicada en la desembocadura del río Paraíba do Sul, Atafona fue un punto turístico destacado en la costa fluminense. En los años 1970 y 1980, la ciudad acogía miles de turistas por temporada. Hoy, el escenario es otro: el océano avanza aproximadamente 3 metros por año, según estudios de la Universidad Federal Fluminense (UFF).
Con cada resaca, nuevas partes del barrio desaparecen. Calles enteras han sido tragadas. Las casas han perdido la fundación y se han derrumbado. Iglesias, hoteles e incluso escuelas quedaron en el pasado —literalmente, bajo el mar.
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“El mar ya se llevó lo que era mi patio, el garaje y ahora amenaza mi sala”, cuenta Antônio Ribeiro, residente desde hace más de 40 años.
¿Por qué el mar está tragando la ciudad de Atafona?
La erosión costera en Atafona es el resultado de factores naturales y antrópicos (causados por el hombre). Según el Laboratorio de Monitoreo del Litoral de la UFF, los principales factores son:
- Desarenado del río Paraíba do Sul: la reducción del flujo de sedimentos disminuye la protección natural de la costa.
- Construcción de represas río arriba: represamientos como los de Santa Cecilia impiden el transporte de arena y barro hasta la desembocadura.
- Urbanización irregular: la ocupación de dunas y áreas frágiles compromete el equilibrio natural del litoral.
- Aumento del nivel del mar: fenómeno global que afecta directamente las zonas costeras.
Estos elementos combinados forman un ciclo destructivo. Sin la reposición natural de sedimentos, el mar tragando la ciudad avanza. Y a cada avance, encuentra menos resistencia.
Estudios apuntan colapso continuo hasta 2100
Según el informe de la ONU Medio Ambiente y del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), Atafona está entre los lugares más vulnerables de Brasil al aumento del nivel del mar.
Las simulaciones realizadas por la UFF muestran que, si se mantiene el ritmo actual, más de 1.000 construcciones pueden perderse hasta 2100, y gran parte del área urbana puede quedar sumergida o impropia para la ocupación humana.
“Es una situación de emergencia climática. La retirada del litoral aquí es la mayor ya registrada en la costa brasileña”, alerta el profesor Carlos Eduardo da Silva, coordinador de estudios costeros de la UFF.
Las calles que desaparecieron
Según un informe de la Prefectura de São João da Barra, al menos 62 calles ya han sido totalmente eliminadas por la erosión. Entre las más conocidas, han desaparecido:
- Calle Marechal Deodoro
- Calle de las Rosas
- Calle São João
- Calle Projetada B
- Avenida Atlântica (parcialmente)
- Tramos de la Calle do Sapo y Calle do Canal
Además, la antigua plaza central del balneario, la Iglesia de São Pedro y decenas de comercios tradicionales también fueron destruidos.
“Mi casa se hundió en 3 horas”
Los residentes describen escenas dramáticas. La empresaria jubilada Dona Marlene Freitas, 74, vio como la casa donde crió a sus hijos se derrumbó durante una resaca en 2018:
“Escuché un crujido. Era como si la casa estuviera siendo empujada por detrás. En tres horas, ya no había más pared. Todo se fue al mar.”
Ahora vive con una hermana en el centro de São João da Barra. “La prefectura nunca nos dio una solución definitiva. Hablan de contención, pero el mar no respeta a nadie”, afirma.
¿Qué se ha hecho hasta ahora?
Se han realizado algunos intentos de contención:
- Espigones de piedra (enrocados) se han instalado en la costa;
- Se han aplicado barreras de contención con arena y geotextiles;
- Se han iniciado estudios para la reubicación de residentes en riesgo.
Sin embargo, ninguna de las soluciones ha mostrado eficacia permanente, y el mar sigue avanzando.
En 2023, la prefectura anunció un nuevo proyecto de contención, en colaboración con el Gobierno del Estado, con una previsión de R$ 10 millones en inversión. El objetivo es crear un sistema mixto de barreras y recuperación de dunas.
¿Existe una solución definitiva?
Para los especialistas de la Asociación Brasileña de Oceanografía, las alternativas viables incluyen:
- Aumentar artificialmente la playa: técnica utilizada en ciudades como Miami (EE.UU.), que consiste en bombear arena del fondo del mar a la franja de arena.
- Construcción de arrecifes artificiales submarinos: ayudan a disipar la energía de las olas.
- Retirada planificada (reubicación controlada): remover a toda la población de la zona crítica y prohibir nuevas ocupaciones.
Ninguna de estas soluciones es barata — y todas requieren voluntad política, planificación técnica y compromiso comunitario.
¿Puede Atafona convertirse en un museo sumergido?
Hay, incluso, quienes defienden transformar la región afectada en un “museo sumergido de la erosión costera”. La idea sería mantener parte de los escombros visibles como alerta a futuras generaciones sobre los efectos del cambio climático y del mal uso de la costa.
La propuesta es polémica, pero ya ha sido discutida en audiencias públicas con representantes del Instituto Estatal del Ambiente (INEA) y de la Secretaría de Medio Ambiente de RJ.
A pesar del desastre, Atafona recibe visitantes atraídos por la escena surrealista de las ruinas a la orilla del mar. Fotógrafos, influenciadores y curiosos registran el impacto de la erosión en videos y redes sociales.
El problema es que muchos ignoran las advertencias de peligro. Hay riesgo de colapso de losas, caída de escombros y avance repentino del mar, especialmente durante resacas.
“Hay gente que entra en escombros para tomarse selfies. En cualquier momento, todo puede derrumbarse. Ya hemos tenido accidentes”, alerta el comandante de bomberos de la región, Capitán Victor Louzada.
El impacto social de la tragedia silenciosa
Además de la pérdida física del territorio, hay impactos profundos en la economía y en la memoria afectiva local:
- La valoración de los inmuebles se ha desplomado;
- El turismo ha disminuido;
- Muchos pescadores perdieron sus puntos de apoyo;
- Las familias se han visto obligadas a dejar sus casas sin indemnización.
Según un informe del Ministerio Público Federal, alrededor de 1.200 personas han sido afectadas directa o indirectamente, solo en los últimos 10 años.
Lo que ocurre en Atafona no es un caso aislado. Otras ciudades brasileñas, como Icapuí (CE), Marataízes (ES) y Salinópolis (PA), enfrentan procesos similares — pero ninguna registra una pérdida territorial tan agresiva como Atafona.
La ciudad, que ya ha perdido 60 calles hacia el mar, es hoy un laboratorio real de las consecuencias de la inacción climática y de la ocupación urbana desordenada.
Si no se hace nada de forma urgente, la previsión es que la Atafona que conocemos hoy desaparezca del mapa antes de 2100.


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