1. Inicio
  2. / Construcción
  3. / La ciudad tuvo que ser evacuada y la razón fue una represa de 4 mil millones de dólares.
Tiempo de lectura 9 min de lectura Comentarios 0 comentarios

La ciudad tuvo que ser evacuada y la razón fue una represa de 4 mil millones de dólares.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 28/01/2026 a las 23:32
Barragem de Ituango falha, força evacuação de Puerto Valdivia, ameaça o rio Cauca e expõe riscos de uma usina hidrelétrica bilionária na Colômbia.
Barragem de Ituango falha, força evacuação de Puerto Valdivia, ameaça o rio Cauca e expõe riscos de uma usina hidrelétrica bilionária na Colômbia. Foto: Twitter @anibalgaviria
  • Reação
Uma pessoa reagiu a isso.
Reagir ao artigo

La represa de Ituango, mayor planta hidroeléctrica de Colombia, colapsó operacionalmente en 2018, forzó la evacuación de Puerto Valdivia, puso al río Cauca fuera de control y reveló fallas graves de ingeniería, cronograma y presión política

La represa de Ituango, valorada en US$ 4 mil millones, entró en colapso operativo inminente cuando un túnel de desviación falló y el río Cauca perdió su ruta de paso. La alerta del 13 de mayo de 2018 llevó a la retirada urgente de moradores río abajo, con 25.000 personas evacuadas ante el temor de ruptura.

El impacto inmediato fue devastador en Puerto Valdivia: 59 casas destruidas, dos escuelas, un centro de salud, infraestructura esencial y el puente de la ciudad fueron dañados. La ciudad se convirtió en un vacío, con más de 400 familias sin hogar, y el regreso autorizado no significó un retorno real, porque el territorio había sido desnaturalizado y los problemas sociales se profundizaron en una región ya inestable.

El día de la alarma y la evacuación de Puerto Valdivia

Represa de Ituango falla, fuerza evacuación de Puerto Valdivia, amenaza al río Cauca y expone riesgos de una planta hidroeléctrica de mil millones en Colombia.

El 13 de mayo de 2018, las autoridades activaron la alarma porque la mayor represa construida en Colombia estaba a punto de derrumbarse. El plan comenzó con una evacuación parcial: 600 moradores dejaron Puerto Valdivia. Pocos días después, la evacuación escaló y la ciudad entera tuvo que ser abandonada, desplazándose a refugios temporales.

El escenario descrito fue el de una retirada en cadena, típica de riesgo hidráulico: cuando la amenaza involucra una represa y un reservorio, el tiempo es corto y el margen de error es mínimo. La magnitud del riesgo venía del propio sistema de Ituango: una estructura de 225 metros de altura, más alta que un rascacielos, conteniendo un reservorio que puede alcanzar 127 km de largo y almacenar hasta 2,72 mil millones de metros cúbicos de agua.

Lo que fue destruido y por qué la ciudad se volvió fantasma

Represa de Ituango falla, fuerza evacuación de Puerto Valdivia, amenaza al río Cauca y expone riesgos de una planta hidroeléctrica de mil millones en Colombia.

Las inundaciones destruyeron 59 casas, dos escuelas, un centro de salud, infraestructura esencial y el puente local. Lo que quedó fue descrito como una ciudad fantasma. El desplazamiento en masa agravó problemas sociales en un territorio ya marcado por violencia e inestabilidad.

Aún después de la autorización para el regreso, pocos quisieron volver. El efecto social de la crisis no fue solo material: más de 400 familias quedaron sin hogar, y la pérdida de servicios básicos, además de inseguridad e interrupción económica, prolongó la condición de abandono.

Por qué esta represa era central para Colombia

Represa de Ituango falla, fuerza evacuación de Puerto Valdivia, amenaza al río Cauca y expone riesgos de una planta hidroeléctrica de mil millones en Colombia.

La represa de Ituango fue planeada para ser el mayor proyecto hidroeléctrico del país y, eventualmente, proporcionar 17% de la electricidad de Colombia. Era tratada como parte de una estrategia nacional: reducir el riesgo de apagones, disminuir la dependencia de plantas térmicas costosas y apoyar un boom de infraestructura asociado a la ambición de independencia energética.

Este peso estructural aparece en el trasfondo demográfico citado: la población habría subido de 33 millones en 1990 a 46 millones poco antes del inicio de las obras, llegando a más de 53 millones actualmente. Con la demanda en aumento, la presión por capacidad adicional colocó una obra de esta escala en el centro de decisiones políticas y económicas.

El río Cauca como arteria de energía, agricultura y transporte

Además de generar energía, la represa también pretendía controlar el río Cauca, descrito como el segundo más grande de Colombia, detrás del Magdalena. El Cauca serpentea por los Andes durante 965 km, atraviesa grandes ciudades y desemboca en el Magdalena cerca de Magangué.

La dependencia humana y productiva es amplia. Grupos indígenas y comunidades afrocolombianas dependen del río para la pesca y el transporte. El valle del río alberga millones de colombianos y forma uno de los corredores andinos más densamente poblados. El Cauca también sustenta el Valle del Cauca, una de las regiones agrícolas más productivas del país: la industria azucarera opera con más de 200.000 hectáreas de caña, respondiendo por más del 90% del azúcar del país y 100% de las mezclas de etanol combustible a partir de la caña de azúcar, con riego captando agua directamente del río. Más arriba en la cuenca, especialmente en el Eje Cafetero, afluentes del Cauca sustentan otra exportación decisiva: el café.

El mismo río que sustenta también destruye. Históricamente, el Cauca causó pérdidas agrícolas, erosión del suelo y daños a la infraestructura por inundaciones estacionales. La lógica oficial era que el reservorio de Hidroituango podría actuar como amortiguador, reduciendo picos de caudal en épocas de lluvia, protegiendo comunidades ribereñas y disminuyendo costos de recuperación tras grandes inundaciones.

Un sitio de construcción difícil: Andes Centrales, violencia y una obra en terreno imposible

La construcción comenzó en 2010, y la ubicación en los Andes Centrales se mostró extremadamente difícil. El desafío era geográfico, pero también político: la región fue descrita como violenta, asociada a conflictos e inestabilidad. Hay aún un elemento gravísimo citado en torno al reservorio: se cree que el área inundada cubre decenas de fosas comunes, y los especialistas estimaron 3.500 asesinatos, 600 desapariciones forzadas y 110.000 desplazamientos entre 1990 y 2016.

El proyecto, financiado con dinero público, fue promovido como herramienta de desarrollo capaz de traer paz y prosperidad. En la realidad, el acceso requirió la construcción de caminos en laderas empinadas como acantilados, con grandes equipos transportados por desfiladeros estrechos, elevando la complejidad logística desde el primer día.

La desviación del río y la decisión que abrió camino para el desastre

El primer paso clásico de cualquier represa es desviar el río. En Ituango, la geografía ajustó el proyecto: paredes profundas de cañón, sin espacio para canales de desviación convencionales. La solución fue cavar túneles a través de las montañas.

En 2012, cuando comenzaban los túneles de desviación, el proyecto se vio involucrado en controversia por un proceso de licitación fraudulento, alegaciones de corrupción y retrasos sucesivos. Aún así, las obras avanzaron. Sin espacio para TBMs, los túneles se excavaron con perforación y detonación: agujeros en la roca, cargas controladas, explosiones en secuencia cronometrada para fracturar el macizo, retirada por cargadoras y camiones, aplicación de concreto proyectado, además de tornillos de anclaje, refuerzos de acero y malla metálica para estabilización.

Como se trata de una región geológicamente compleja y activa, con deslizamientos y terremotos descritos como rutina, los túneles necesitaban ventilación, drenaje y monitoreo constantes para evitar derrumbes. En 2014, los túneles fueron completados y el río pudo ser desviado, creando la arquitectura operacional que, cuatro años después, sería el epicentro del colapso.

La prisa, los incentivos y el sitio de construcción 24 horas al día

La ejecución quedó bajo responsabilidad de la EPM, Empresas Públicas de Medellín, estatal de servicios públicos que diseñó y construyó la represa. En 2015, con retraso acumulado, la EPM firmó un contrato de US$ 100.000 para acelerar la construcción. El sitio pasó a operar 24 horas al día, 7 días a la semana, recuperando 18 meses de retraso.

Había incentivos financieros explícitos para mantener el cronograma: la EPM recibiría US$ 22,3 millones si el proyecto comenzaba a proporcionar energía antes de diciembre. Los ingresos de la represa ya habían sido incluidos en el presupuesto financiero, lo que aumentaba la presión por la entrega. En 2017, la obra estaba 70% concluida y, el 13 de mayo de 2018, solo restaban unas semanas para la conclusión total cuando el sistema falló.

El colapso del túnel y el efecto dominó en los túneles de desviación

El punto de ruptura fue el desmoronamiento de uno de los túneles de desviación. El escenario descrito combinó geología fracturada, fallas geológicas y rocas trituradas propensas a deformaciones repentinas. El agua subterránea ablandó el macizo rocoso, reduciendo su capacidad de soportar carga. La variabilidad del material era extrema en pocos metros, yendo desde roca fuerte hasta roca quebradiza, lo que dificultaba prever estabilidad a largo plazo.

Se sumó a esto la hidrología: no era estación seca y el período era particularmente lluvioso, elevando el volumen de agua circulando en el sistema. Un pequeño problema escaló rápidamente. Una deformación en el revestimiento provocó un bloqueo, generó acumulación de presión detrás de la obstrucción y el túnel se convirtió en una cavidad presurizada. Sin ruta de desagüe, colapsó.

Tras el desmoronamiento, el río perdió la principal ruta de desviación e inundó otros dos túneles. En pocos días, todos los túneles estaban inestables o también habían colapsado. La obra perdió el control del río, exactamente el escenario que puede convertir una represa en un riesgo existencial para las comunidades río abajo.

La respuesta de emergencia: elevar la represa y abrir un desagüe sin prueba

Ante el riesgo de ruptura, los ingenieros elevaron rápidamente la altura de la represa en cuestión de semanas, manteniendo el sitio de construcción nuevamente a ritmo de 24 horas por día, 7 días a la semana, con camiones volquete y cargadoras. La motivación, descrita de manera directa, dejó de ser económica y pasó a ser el miedo a un rompimiento.

El muro fue erguido hasta 225 metros, altura suficiente para contener la subida de las aguas. A continuación, fue necesario abrir y usar el desagüe, que aún no había sido utilizado ni probado. Una vez abierto, el desagüe pasó a ofrecer salida controlada para el río Cauca, restaurando solo estabilidad parcial, sin terminar la crisis.

El daño estructural río abajo y la casa de máquinas inundada

La crisis no se limitó al riesgo de ruptura. Entre las consecuencias, hubo inundación no planeada de la casa de máquinas, daños estructurales en componentes de captación de agua y meses de interrupción del sitio de construcción. La solución implicó una operación especializada: un especialista holandés en construcción submarina fue encargado de aislar estructuras de captación.

Se fabricaron tapones mecánicos personalizados que permitieron a los buzos aislar y drenar secciones enteras de la represa. Paralelamente, se construyeron nuevos túneles de desviación y varios de los antiguos fueron abandonados, rediseñando en la práctica el sistema que, originalmente, sustentaría la obra.

Lo que quedó pendiente y el nuevo plazo de conclusión

A pesar de toda la intervención, la represa no se cerró operacionalmente con el evento. Aún faltan cuatro turbinas para entrar en operación. Cuando estas piezas sean instaladas, la obra estará prácticamente concluida. La conclusión total está prevista para 2027, después de un proceso que comenzó en 2010, pasó por la finalización de los túneles en 2014 y explotó en crisis en 2018.

La secuencia deja claro que el colapso no fue atribuido a una represa antigua y degradada. El golpe central fue ver una represa nueva, con previsión de conclusión pocas semanas después del desastre, entrar en estado de riesgo extremo, con evacuación y destrucción de la ciudad.

Las lecciones declaradas: ingeniería, presión política y consulta a las comunidades

La lectura final presentada es dura: dinero y presión política no sustituyen la práctica rigurosa de ingeniería. También aparece la crítica social y ambiental: las comunidades locales no habrían sido consultadas adecuadamente, y los informes de impacto no habrían incorporado el riesgo y el costo humano que un fracaso de esta escala podría imponer.

La historia de Ituango, con evacuación, destrucción de infraestructura y amenaza a 120.000 personas en la cuenca del río Cauca, se convierte en un retrato de cómo los megaproyectos pueden tanto sustentar un país como empujarlo a crisis cuando cronogramas y incentivos atropellan controles técnicos.

¿Crees que la presión por entregar energía y cumplir cronograma pesa más que la ingeniería cuando una represa entra en riesgo real como en Ituango?

Inscreva-se
Notificar de
guest
0 Comentários
Mais recente
Mais antigos Mais votado
Feedbacks
Visualizar todos comentários
Etiquetas
Bruno Teles

Falo sobre tecnologia, inovação, petróleo e gás. Atualizo diariamente sobre oportunidades no mercado brasileiro. Com mais de 7.000 artigos publicados nos sites CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil e Obras Construção Civil. Sugestão de pauta? Manda no brunotelesredator@gmail.com

Compartir en aplicaciones
0
Adoraríamos sua opnião sobre esse assunto, comente!x