Una invención de los años 1930 transformó líneas de montaje y se expandió por el mundo, uniendo ingeniería, industria automotriz y uso doméstico, en un recorrido que comenzó con una patente y terminó en cajas de herramientas.
El destornillador Phillips, presente en prácticamente toda caja de herramientas doméstica, nació de una combinación improbable: una patente de 1932, la decisión de un ejecutivo del sector de minería de asumir el proyecto y la adopción del modelo por parte de General Motors en sus líneas de montaje.
Este encuentro entre invención, licenciamiento y aplicación en escala industrial consolidó el tornillo de cabeza cruciforme como estándar mundial a lo largo del siglo XX.
Origen y trayectoria de la patente
El punto de partida fue John P. Thompson, de Portland (EE. UU.), quien solicitó en 1932 la patente de un tornillo con ranura en cruz y el respectivo destornillador.
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Había un antecedente, 60 años antes, con el inventor John Frearson y su “orificio cruciforme”, pero fue la solución de Thompson la que encontró tracción comercial y técnica.
Poco después, Thompson cedió el producto y otorgó los derechos a Henry F. Phillips, entonces director ejecutivo de Oregon Copper Company, una minera en el este de Oregón.
Las patentes fueron concedidas en 1933 directamente a nombre de Phillips, manteniendo a Thompson como el creador acreditado.
A partir de este movimiento, Phillips fundó la Phillips Screw Company, también en 1933, para licenciar el diseño a fabricantes.
Entre los primeros interesados estaba E.E. Clark, presidente de American Screw Company, quien inició la producción de los sujetadores.
En los cuatro años siguientes, la empresa de Phillips obtuvo seis patentes más que refinaban el perfil de la cabeza y del encaje. El tornillo llegó al comercio en 1936.

Ventajas técnicas y operación industrial
El éxito no fue solo jurídico o comercial. Se explica por una ventaja funcional percibida en las fábricas.
Según el profesor Marcelo Alves, de la Escuela Politécnica de la USP, “la idea de este tipo de formato es evitar la fuga del destornillador durante el apriete”.
El encaje cruciforme ayuda a mantener la herramienta centrada, reduce fuerzas laterales y limita deslizamientos.
En la práctica del suelo de fábrica, esto significa menos lesiones por deslizamiento, menor tiempo perdido reposicionando la herramienta y aumento de repetibilidad en el apriete, sobre todo cuando múltiples sujetadores necesitan ser aplicados en secuencia.
El eje más centrado mejora la transferencia de par y reduce el riesgo de dañar la cabeza del tornillo.
Esta combinación encajó en un escenario de producción que se aceleraba.
Como observa la profesora Vera Lúcia Arantes, de la Escuela de Ingeniería de São Carlos (USP), “esta capacidad es particularmente beneficiosa en entornos de fabricación de alta velocidad, donde se utilizan herramientas eléctricas”.
En líneas automatizadas o semiautomatizadas, cada milisegundo ahorrado en el acoplamiento de la punta y el asentamiento del apriete se traduce en eficiencia operativa.
Adopción por parte de General Motors y expansión en el mercado
El primer gran respaldo llegó poco después de la llegada al comercio. General Motors adoptó los tornillos Phillips en la producción de automóviles Cadillac al año siguiente, elevando la visibilidad del estándar.
El uso por parte de la montadora funcionó como vitrina tecnológica: proveedores y competidores comenzaron a licenciar el diseño para seguir la productividad alcanzada en las líneas de montaje.
La difusión fue rápida.
De acuerdo con Vera Lúcia Arantes, “en 1940, el 85% de los fabricantes estadounidenses de tornillos tenían licencia para producir el proyecto”.
Para la industria, se trataba de una inversión baja a cambio de ganancias medibles en ritmo, consistencia del par y calidad del acabado, especialmente en los paneles internos y componentes donde la retrabajo es costoso.
Refuerzo operacional y impacto en el día a día
Además de la compatibilidad con destornilladores eléctricos, el encaje cruciforme trajo ganancias operativas claras.
El centrado minimiza desplazamientos laterales al inicio de la rotación y reduce “fugas” que redondean la cabeza del sujetador.
Esto evita paradas para cambiar tornillos dañados y disminuye la incidencia de retrabajo, uno de los mayores villanos de productividad en el ensamblaje en serie.
Otro punto es la ergonomía del operador. Con menos deslizamiento y mejor guía, el esfuerzo para mantener la herramienta alineada disminuye, lo que reduce la fatiga a lo largo del turno.
En entornos de producción con alta cadencia, pequeñas reducciones de esfuerzo y de microajustes se convierten en más ciclos concluidos por hora y menor variabilidad del proceso.
Esta constancia facilita el control de calidad y la estandarización de par en las estaciones de montaje.
Para el mantenimiento doméstico, las ventajas siguen la misma lógica.
El destornillador se acopla con facilidad, la mano trabaja más alineada y el riesgo de arañar superficies o “dañar” el tornillo disminuye.
El resultado es un apriete más limpio y predecible, incluso para quienes no usan herramientas a diario.
Nuevos estándares y competencia en el sector
Con el término de las patentes, el mercado abrazó variaciones del concepto cruciforme y también otras geometrías.
El profesor Marcelo Alves recuerda que la misma norma técnica que orienta el Phillips describe el Receso Cruciforme tipo Z, comercialmente conocido como tornillo “Pozidrive”.
Esta alternativa presenta cambios en el diseño para responder a necesidades específicas de apriete y durabilidad del encaje.
En paralelo, estilos como Torx y los tornillos de cabeza hexagonal ganaron espacio, sobre todo en aplicaciones que exigen transferencia de par elevada o resistencia superior al desgaste en la interfaz herramienta-tornillo.
Aún así, como resalta Vera Lúcia Arantes, aunque el diseño Phillips enfrenta competencia de otros tipos de accionamiento, él “permanece competitivo, por su facilidad de uso y compatibilidad con herramientas eléctricas.”
En la práctica, la elección del encaje depende del proceso.
En líneas de montaje de alta cadencia, la tolerancia a pequeños desalineamientos y la rapidez de acoplamiento pesan a favor del Phillips.
En aplicaciones con par muy alto o en materiales que exigen mayor cuidado, otras geometrías pueden ser preferidas para reducir el riesgo de daño o desgaste prematuro.
Licenciamiento y legado del destornillador Phillips
El recorrido que llevó al destornillador Phillips a la omnipresencia actual pasa menos por un descubrimiento súbito y más por decisiones estratégicas sobre propiedad intelectual y difusión tecnológica.
Al adquirir y organizar el licenciamiento de las patentes en 1933, Henry F. Phillips transformó una buena idea de John P. Thompson en un ecosistema productivo: fabricantes dispuestos a producir, una montadora dispuesta a adoptar y un consumidor final que comenzó a encontrar el estándar en el comercio a partir de 1936.
Mientras tanto, la mejora incremental del diseño a lo largo de los primeros años garantizó robustez al sistema tornillo-destornillador, abriendo el camino para que la industria automotriz liderara la transición.
El efecto cascada llegó a las demás manufacturas y, por fin, a los hogares, donde la combinación de usabilidad y costo mantuvo el destornillador Phillips entre las primeras herramientas compradas para el ensamblaje de muebles, instalación de estanterías y pequeñas reparaciones.
El caso ilustra cómo un diseño orientado a la operación — centrado rápido, menor fuga, mejor interacción con herramientas eléctricas — puede redefinir flujos de trabajo y crear estándares duraderos.
En tiempos de nuevas geometrías y materiales, la pregunta sigue actual: en tu banco de trabajo, ¿el destornillador Phillips sigue siendo la primera opción o ya has adoptado otro encaje para ganar tiempo y precisión?


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