Iniciada en 1386 y concluida solo en 1965, la Catedral de Milán representa siglos de trabajo, cambios artísticos y decisiones históricas que transformaron el Duomo en uno de los mayores íconos arquitectónicos de Europa
La construcción de la impresionante Catedral de Milán, el famoso Duomo di Milano, comenzó en 1386. Bajo el patrocinio de Gian Galeazzo Visconti, el proyecto nació con un objetivo ambicioso: reemplazar antiguas basílicas y transformar el centro de la ciudad en un símbolo de fe y poder. El lugar elegido albergaba las basílicas de Santa Maria Maggiore y Santa Tecla, que cedieron espacio a la nueva estructura.
Pronto, en 1387, se creó la Veneranda Fabbrica del Duomo, institución encargada de administrar la obra, supervisar los recursos y coordinar el transporte del mármol extraído de Candoglia.
Esta elección de material, más noble que el tradicional ladrillo lombardo, marcó un punto de inflexión. El mármol dio a la catedral la apariencia majestuosa que hoy la define.
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Avances y desafíos entre los siglos XV y XVI
En el siglo XV, el progreso era visible, aunque lento. En 1418, el Papa Martín V consagró el altar principal, señal de que parte de la iglesia ya podía ser utilizada. Aun así, la obra estaba lejos de terminar.
A lo largo de los años siguientes, grandes nombres de la arquitectura y el arte, como Leonardo da Vinci, contribuyeron con ideas y proyectos.
La mezcla de estilos —del gótico original a influencias renacentistas— terminó por hacer que el proceso fuera más lento. Cada arquitecto imprimía su sello, y el resultado era una secuencia de cambios que demoraban la conclusión.
Napoleón y la fachada inacabada
La fachada, quizás el elemento más emblemático del Duomo, tardó siglos en erguirse. Solo al final del siglo XVI comenzaron los trabajos significativos en esta parte.
Durante el período napoleónico, la construcción ganó nuevo impulso. En 1807, cuando Napoleón Bonaparte fue coronado Rey de Italia en Milán, ordenó que la fachada fuera finalmente concluida.
Entre 1807 y 1813, se instaló una parte considerable de las torres y pináculos, dando al exterior la imponente apariencia que conocemos hoy.
Conclusión oficial tras casi seis siglos
Aunque el cuerpo principal de la catedral se había finalizado hace mucho tiempo, su conclusión oficial solo ocurrió en 1965, casi 579 años después del inicio de las obras.
En esta fase final, se completaron elementos decorativos, puertas de bronce, vitrales y las últimas intervenciones en la fachada.
Por lo tanto, el Duomo de Milán no fue solo construido —fue continuamente perfeccionado, reformado y adaptado a lo largo de los siglos.
¿Por qué tardó tanto?
La demora de la construcción tiene varias explicaciones. Primero, los cambios de estilo y la creciente ambición alteraron el proyecto diversas veces.
Además, el financiamiento intermitente y los períodos de inestabilidad política dificultaron el avance de las obras.
Otro factor esencial fue la escala monumental del edificio: son cientos de estatuas, decenas de vitrales y columnas inmensas, lo que exigió un trabajo continuo de terminación y restauración.
Un símbolo eterno de Milán
Más que una catedral, el Duomo es el reflejo de la propia historia de Milán. Reúne fe, arte y poder político en una construcción que atravesó generaciones.
La larga duración de las obras se transformó en parte de su identidad: cada siglo dejó marcas visibles en su mármol.
Así, el Duomo de Milán se convirtió no solo en un monumento religioso, sino también en un testimonio vivo de la persistencia humana frente a la grandiosidad de un sueño.
Con información de Toptenz.

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