Construida en los Años 1930, la Estrada de la Morte corta los Andes bolivianos entre curvas estrechas, cascadas, cruces y abismos de hasta mil metros rumbo a las Yungas tropicales
Uniendo La Paz a la región subtropical de las Yungas, la llamada Estrada de la Morte recorre 64 kilómetros en una de las descensos más dramáticos del mundo. Saliendo de una altitud de 4.800 metros, la carretera serpentea montañas y acantilados hasta alcanzar la selva tropical y las llanuras de la Amazonía boliviana.
También llamada Camino de los Yungas o Camino de la Muerte, la carretera tiene puntos con menos de tres metros de ancho, ausencia de barandillas y curvas extremadamente cerradas. El paso de La Cumbre, donde comienza el trayecto, a menudo está cubierto por densas nieblas que reducen la visibilidad a casi cero.

Durante el trayecto, es común ver santuarios improvisados a las márgenes de la carretera: cruces, flores secas y retratos descoloridos marcan los puntos donde vehículos se han precipitado por abismos de hasta mil metros. A pesar de la construcción de una ruta alternativa, la vía original sigue activa — ahora como una atracción para ciclistas y aventureros.
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Construida por prisioneros de guerra, la carretera se convirtió en símbolo de sacrificio y olvido
La construcción de la carretera ocurrió tras la Guerra del Chaco (1932–1935), siendo ejecutada con mano de obra de prisioneros paraguayos. El objetivo era conectar la capital boliviana con las regiones tropicales y facilitar la extracción de recursos como oro, madera y hojas de coca.
En la década de 1990, el número de accidentes era tan elevado que el Banco Interamericano de Desarrollo clasificó la vía como “la carretera más peligrosa del mundo”. Se estima que hasta 300 personas por año perdieron la vida en el trayecto, principalmente conductores de autobuses, camiones y trufis — especie de taxi colectivo común en la región.
A pesar de los riesgos, el trayecto siempre ha sido vital para la logística nacional. Aún hoy, los conductores deben maniobrar a la izquierda de la vía (regla opuesta al estándar del país), para permitir una mejor vista del borde durante la bajada, en un intento por evitar caídas.
Hoy, el antiguo camino se ha convertido en un destino turístico de aventura con ciclistas enfrentando abismos y cascadas
Con la pavimentación de una nueva ruta segura en 2006, el antiguo tramo fue relegado al turismo. La carretera pasó a ser buscada por ciclistas que descienden los 64 km provistos de casco, guantes y guías especializados.

Durante el trayecto, los viajeros enfrentan baches, pendientes encharcadas por pequeñas cascadas y el riesgo constante de derrapes. A pesar del control y las medidas de seguridad, al menos 18 muertes de ciclistas han sido registradas desde 1998.
El paisaje es tan deslumbrante como peligroso. Desde lo alto de los Andes, el visitante observa una transición dramática hacia el verde intenso de las Yungas, región con flora densa y suelo fértil, puerta de entrada a la selva amazónica boliviana.
Región de las Yungas es cuna de la producción agrícola y guardiana de riquezas culturales milenarias
Las Yungas son históricamente conocidas como el granero agrícola de Bolivia. Con un clima húmedo y suelo fértil, la región alberga cultivos de café, plátano, yuca, frutas cítricas y, sobre todo, coca — planta considerada sagrada por culturas andinas.

La coca, con sus propiedades estimulantes y nutritivas, ha sido utilizada durante milenios por pueblos indígenas en ceremonias, medicina y como ayuda contra los efectos de la altitud. Actualmente, un tercio de la población boliviana consume regularmente la hoja, aún legalizada en el país.
Con terrazas de cultivo construidas en las pendientes, la región también alberga comunidades que siguen tradiciones incas y tiwanakus, con senderos utilizados desde hace siglos por caravanas de llamas y agricultores.
Coroico, al final de la carretera, mezcla historia del oro con turismo y tranquilidad
El destino final de la Estrada de la Morte es Coroico, una ciudad rodeada de colinas verdes y clima templado, que ya fue centro de minería de oro. Hoy, el municipio atrae turistas en busca de tranquilidad, con posadas accesibles y gastronomía local.
La llamada “ruta del oro” sigue activa en la región, con garimpos ilegales operando a lo largo de ríos como el Coroico y el Sacambaya. Desde el siglo XVIII, leyendas sobre tesoros jesuítas escondidos alimentan las búsquedas de riquezas perdidas.
El explorador británico Percy Fawcett popularizó algunas de estas historias en su libro Exploración Fawcett, donde relata un supuesto túnel jesuíta escondido en los alrededores. Fawcett desapareció durante una expedición en busca de la ciudad mítica de “Z”.
Conflictos por coca y minería han marcado la política boliviana en las últimas décadas
El incremento en el precio del oro y el crecimiento del narcotráfico en las últimas décadas generaron tensiones en la región. Movimientos de cocaleros se organizaron contra la erradicación forzada de la planta y impulsaron la ascensión de Evo Morales al poder.
Líder sindical de origen aimará, Morales implementó la política “Coca sí, cocaína no”, regulando la producción tradicional. La medida marcó un rompimiento con la agenda antidrogas de EE. UU. y fortaleció el protagonismo indígena en la política nacional.
Hoy, la coca continúa legalizada en Bolivia, siendo tratada como patrimonio cultural. La carretera, por su parte, se ha convertido en un símbolo físico de las contradicciones entre modernidad, tradición y sobrevivencia en territorio andino.
La información fue compilada a partir de datos del Banco Interamericano de Desarrollo, reportajes de la BBC Travel, Lonely Planet y guías oficiales de turismo de Bolivia.


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