Prohibida por el Supremo Tribunal por crueldad animal, la vaquejada fue legalizada por una enmienda constitucional en una maniobra que redefinió los límites entre los poderes y la protección de la cultura en Brasil.
La vaquejada, práctica tradicional del Nordeste brasileño, estuvo en el centro de uno de los más notorios conflictos institucionales de la historia reciente del país. En 2016, el Supremo Tribunal Federal (STF) la consideró inconstitucional, aceptando el argumento de que la actividad imponía crueldad a los animales, algo prohibido por la Constitución. La decisión, sin embargo, no cerró el debate; por el contrario, encendió una fuerte reacción política que culminó en una alteración directa en la Carta Magna.
En una respuesta directa y audaz, el Congreso Nacional, impulsado por un poderoso frente de parlamentarios ruralistas, no solo impugnó, sino que revirtió la decisión de la más alta corte del país. La maniobra, realizada a través de una Enmienda Constitucional, legalizó la práctica y solidificó un enfrentamiento que trasciende el bienestar animal, tocando en cuestiones fundamentales sobre la separación de poderes, la identidad cultural y la fuerza económica de tradiciones rurales que mueven millones de reales anualmente.
La prohibición por el Supremo Tribunal

El punto de partida del conflicto fue el juicio de la Acción Directa de Inconstitucionalidad (ADI) 4.983, en octubre de 2016.
-
Cuerda olvidada en el suelo de un sótano en Viena lleva a un fontanero a una caja con 30 kilos de oro con el rostro de Mozart escondida antes de la Segunda Guerra, tesoro de 2,3 millones de euros estaba a centímetros de un trabajador que ignoró la señal un día antes.
-
Casal compra chalet antiguo, rompe el suelo de la cocina para una reforma y encuentra más de mil monedas de oro y plata escondidas desde la Guerra Civil Inglesa hace más de 4 siglos.
-
Bolsas rígidas con los días contados: nueva tendencia prioriza la comodidad en 2026
-
Youtuber crea una excavadora equipada con una espada gigante de 4,5 metros para vengarse de su hermano y la invención se viraliza rápidamente en las redes.
La acción, promovida por la Procuraduría General de la República, cuestionaba la validez de una ley del estado de Ceará que regulaba la vaquejada como práctica deportiva y cultural.
El argumento central era que la actividad violaba el Artículo 225 de la Constitución Federal, que establece el deber del Estado de proteger la fauna y la flora, prohibiendo prácticas que sometan a los animales a la crueldad.
En una decisión extremadamente dividida, con un marcador de 6 a 5, el STF declaró la ley cearense inconstitucional.
El entendimiento de la mayoría fue que el sufrimiento impuesto a los toros, que son arrastrados por el rabo hasta ser derribados, era inherente a la práctica y, por lo tanto, configuraba la crueldad prohibida por la Constitución.
Para los ministros que votaron a favor de la prohibición, el deber de protección al medio ambiente y a la fauna debía prevalecer sobre la manifestación cultural cuando esta involucrara un tratamiento cruel hacia los animales.
La decisión generó protestas inmediatas en varias capitales, con vaqueros y seguidores defendiendo la práctica como un pilar de su identidad y sustento.
La respuesta del Congreso y la enmienda constitucional
La decisión del STF fue recibida como un agravio por sectores del Congreso Nacional, que vieron en la medida una interferencia del Poder Judicial en cuestiones culturales y económicas.
La reacción fue inmediata y calculada.
Primero, en noviembre de 2016, el Congreso aprobó una ley que elevó la vaquejada y el rodeo a la condición de patrimonio cultural inmaterial de Brasil.
No obstante, esta ley ordinaria era jurídicamente frágil, pues no podría prevalecer sobre una interpretación de la Constitución hecha por el STF.
La jugada final y más contundente llegó en junio de 2017, con la promulgación de la Enmienda Constitucional 96.
En lugar de crear una nueva ley, el Congreso alteró el propio texto de la Constitución, una herramienta legislativa de poder máximo.
Se añadió un párrafo al mismo Artículo 225, estableciendo que no se consideran crueles las prácticas deportivas que utilicen animales, siempre que sean manifestaciones culturales registradas como patrimonio nacional y reguladas por ley para garantizar el bienestar de los animales.
La maniobra fue diseñada para anular el fundamento de la decisión del STF, creando una excepción constitucional a la regla de la crueldad.
La validación final y el nuevo escenario legal
Con la Constitución alterada, la legalidad de la vaquejada fue nuevamente llevada al STF, esta vez bajo una nueva perspectiva.
La cuestión ya no era si la práctica era cruel, sino si el Congreso tenía el poder de hacer tal alteración en la Constitución para revertir una decisión de la corte, especialmente en un tema relacionado con un derecho fundamental como el medio ambiente.
En un juicio concluido en 2023, el Supremo, por una mayoría de 8 a 3, validó la Enmienda Constitucional 96, cerrando la disputa legal.
La mayoría de los ministros entendió que el Congreso actuó dentro de sus prerrogativas como Poder Constituyente Derivado, que es la capacidad de alterar la Constitución.
Según la nueva interpretación, la enmienda no abolió la protección a los animales, sino que la equilibró con la protección a la cultura, siempre que el bienestar animal estuviera asegurado a través de una regulación específica.
Esta decisión final representó una victoria política para los defensores de la vaquejada y consolidó la práctica como legal en el país, trasladando el enfoque del debate de «si se puede» a «cómo se debe» fiscalizar las condiciones de los animales.
La saga de la vaquejada en Brasil es un ejemplo notable de la compleja relación entre los poderes de la República y refleja una profunda división cultural.
La disputa entre el STF y el Congreso no solo redefinió el estatus legal de la práctica, sino que también estableció un precedente poderoso sobre cómo los conflictos entre valores constitucionales, como la protección ambiental y la cultural, pueden resolverse.
La legalización vía enmienda demostró la fuerza del Legislativo en pautar y hasta revertir decisiones judiciales sobre temas sensibles.
¿La vaquejada es una parte esencial de la cultura regional o una práctica cruel que debería ser abolida? ¿Crees que el Congreso actuó correctamente al revertir la decisión del STF? Deja tu opinión en los comentarios — queremos saber cómo ves este complejo debate.

-
Uma pessoa reagiu a isso.