La conclusión de la venta de la Refinería de la Amazonía por US$ 257,2 millones al Grupo Atem cumplió la meta de Petrobras, pero generó un monopolio privado, una caída en la producción y combustibles más caros para la población.
La historia reciente de la Refinería de la Amazonía (REAM), en Manaos, es un retrato de los complejos resultados del programa de desinversiones de Petrobras. La venta de la única refinería de la Región Norte, concluida a finales de 2022, fue presentada como un paso para crear un mercado más competitivo. Sin embargo, el resultado práctico fue otro.
Mientras Petrobras embolsó US$ 257,2 millones y cumplió un acuerdo con el gobierno, la transacción dio origen a un monopolio privado que, según expertos, resultó en una drástica caída en la producción y en un aumento significativo en el precio de los combustibles para millones de brasileños que viven en la Amazonía.
El inicio de la venta: el acuerdo con el CADE que forzó a Petrobras a deshacerse de refinerías
La privatización de la Refinería de la Amazonía no fue una decisión aislada. Fue una consecuencia directa de un acuerdo firmado por Petrobras con el Consejo Administrativo de Defensa Económica (CADE) en junio de 2019.
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Para poner fin a una investigación sobre abuso de poder de mercado, la estatal se comprometió a vender ocho de sus refinerías. El objetivo era romper el monopolio de Petrobras en el sector de refinación y, en teoría, fomentar la competencia y beneficiar a los consumidores con precios más bajos.
Un negocio de US$ 257,2 millones con la Refinería de la Amazonía

Tras un largo proceso, en agosto de 2021, Petrobras firmó el contrato de venta de la Refinería de la Amazonía con el Grupo Atem, uno de los mayores y más consolidados distribuidores de combustibles de la Región Norte. El negocio fue un paso estratégico de integración vertical para el grupo.
La transacción fue oficialmente concluida el 30 de noviembre de 2022. El valor final pagado por el Grupo Atem, tras ajustes contractuales, fue de US$ 257,2 millones. El paquete incluyó no solo la refinería, con capacidad para procesar 46.000 barriles por día, sino también sus activos logísticos, como el terminal portuario de Manaos.
La aprobación conturbada: la división en el CADE y la creación de «remedios»
El proceso de aprobación de la venta en el CADE fue controvertido y reveló una profunda división interna. Inicialmente, el área técnica del órgano aprobó el negocio sin restricciones. Sin embargo, la decisión fue impugnada y llevada al tribunal del CADE.
En agosto de 2022, la venta fue finalmente aprobada, pero por una mayoría ajustada y con la imposición de condiciones. El CADE obligó a Atem a firmar un acuerdo con una serie de «remedios» para mitigar el riesgo de monopolio. La principal condición fue garantizar el acceso de otros distribuidores a su terminal portuario, el principal cuello de botella logístico de la región.
La «refinería que no refina»: la caída en la producción y el aumento de precios tras la venta

La principal crítica de los sindicatos era que la venta de la Refinería de la Amazonía crearía un monopolio privado, con consecuencias negativas para la población. Los datos post-venta parecen confirmar esa previsión.
Una de las alegaciones más graves es que la refinería disminuyó drásticamente su producción para centrarse en la importación de combustibles. Datos de la ANP indican una caída del 62% en la utilización de la capacidad de refinación entre 2022 y 2023. En 2024, la refinería habría operado con solo el 20% de su capacidad.
El impacto más sentido por el consumidor fue en el bolsillo. Estudios del Observatorio Social del Petróleo mostraron que, tras la privatización, el precio de los combustibles en la Región Norte se disparó. La gasolina se volvió, en promedio, un 6,7% más cara que la vendida por Petrobras en otras regiones, y el gas de cocina (GLP) llegó a costar un 41% más.
Monopolio estatal o privado, quien perdió fue el consumidor
La historia de la venta de la Refinería de la Amazonía es un caso clásico de una operación con resultados opuestos para cada parte. Para Petrobras, fue un éxito: el activo fue vendido, se cumplió la meta de desinversión y se reforzó la caja.
Sin embargo, para la Región Norte, el resultado fue el cambio de un monopolio estatal por uno privado, sin los beneficios de la competencia. La caída en la producción y el aumento de precios indican que, al final de cuentas, quien pagó el precio por la reestructuración del sector fue el consumidor final.

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