Descubra cómo el nuevo acuerdo abre mercados, reduce tarifas y protege la industria brasileña. Vea los 10 puntos que ya comienzan a valer.
Brasil dio un paso estratégico este martes (16) al firmar un acuerdo de libre comercio con la EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio).
¿Qué está en juego? La apertura de mercados de alto poder adquisitivo, nuevas reglas comerciales y más espacio para la industria y la agroindustria brasileñas.
La asociación involucra a Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein, países que juntos suman 14,3 millones de habitantes y están entre los mayores PIB per cápita del mundo.
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Así, el Mercosur se aproxima a consumidores con gran poder de compra y fortalece relaciones económicas en un escenario cada vez más competitivo.
Además, los números confirman la relevancia del bloque europeo para Brasil. Entre 2015 y 2024, la corriente de comercio con la EFTA creció 36,7%.
Ya las inversiones extranjeras directas de estos países en Brasil alcanzaron US$ 46,2 mil millones en 2023, mientras que el stock brasileño en la región llegó a US$ 11,7 mil millones.
El acuerdo y los beneficios inmediatos para la industria
Uno de los puntos centrales del acuerdo es la reducción total de las tarifas de importación para productos industriales brasileños.
Esta medida amplía la competitividad de la industria nacional dentro de la EFTA y fortalece la posición de Brasil en mercados estratégicos.
Cuotas arancelarias para la agroindustria a partir del acuerdo
La agroindustria también gana protagonismo. Carnes, café tostado y harina de soja pasan a contar con cuotas específicas.
Solo para carnes bovinas, por ejemplo, la EFTA concedió 3.665 toneladas de acceso preferencial.
Reglas de origen más flexibles
El acuerdo trae innovación al permitir dos formas de comprobación de origen: certificación por entidad habilitada o autocertificación del exportador.
Este cambio reduce burocracias, corta costos y facilita el comercio directo.
Protección extra para la industria nacional
Aunque abre el mercado, el pacto también protege sectores brasileños.
Si los productos extranjeros perjudican la producción local, el gobierno podrá aplicar salvaguardias temporales. Esto garantiza más tiempo de adaptación para la industria.
Reducción de barreras técnicas
Otro avance importante es la armonización de reglas técnicas. Productos electrónicos, por ejemplo, no necesitarán pasar por certificaciones duplicadas, lo que hace que las exportaciones sean más ágiles y menos costosas.
Reglas sanitarias más rápidas para el agro
El sistema de pre-listing crea agilidad en las exportaciones de alimentos y productos agroindustriales.
El país exportador solo envía una lista de empresas habilitadas, sin necesidad de inspecciones previas demoradas.
Comercio de servicios sostenible
Por primera vez, Brasil incluyó una cláusula verde en sus acuerdos.
Las empresas extranjeras que ofrecen servicios digitales al país deben comprobar que al menos el 67% de su energía proviene de fuentes renovables. Noruega e Islandia exigen lo mismo de Brasil.
Protección a la propiedad intelectual
Las indicaciones geográficas brasileñas reciben un refuerzo.
Productos como el queso Canastra y el café del Cerrado pasan a estar protegidos, fortaleciendo la imagen de Brasil en el exterior.
Nuevas oportunidades en compras gubernamentales
Las empresas brasileñas ahora pueden participar en licitaciones públicas en los países de la EFTA.
No obstante, Brasil mantuvo espacio para políticas industriales, como la exigencia de contenido local y transferencia de tecnología.
Acuerdo y el compromiso con el desarrollo sostenible
Por último, el acuerdo no se limita solo a cuestiones económicas. Reafirma compromisos ambientales internacionales y, además, promueve cooperación continua entre los países.
Así, aspectos sociales y ambientales pasan a integrarse de manera efectiva en las relaciones comerciales.

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