Investigación liderada por una brasileña transformó residuos de la construcción civil en un ladrillo de bajo carbono, ya certificado en mercados internacionales e insertado en el debate sobre reciclaje, innovación industrial y reducción de emisiones en el sector.
La ingeniera brasileña Gabriela Medero desarrolló, junto al ingeniero Sam Chapman, un ladrillo producido mayoritariamente con residuos de la construcción civil que llegó al mercado británico como alternativa de menor impacto ambiental.
Llamado K-Briq, el material fue creado a partir de investigaciones realizadas en la Universidad Heriot-Watt, en Edimburgo, y hoy es presentado por la empresa Kenoteq como un producto de construcción con alto contenido de material reciclado y certificaciones técnicas para su uso en el Reino Unido y en los Estados Unidos.
La principal diferencia está en el proceso de fabricación.
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A diferencia del ladrillo cerámico tradicional, el K-Briq no es sometido a la quema en hornos de alta temperatura.
Según Kenoteq, el producto se fabrica por compresión con residuos de construcción, demolición y excavación, lo que reduce el consumo de energía en la producción.
La empresa afirma además que el material tiene al menos 95% menos carbono incorporado que los materiales convencionales y que su composición puede variar de más del 90% hasta cerca del 100% de contenido reciclado, según la formulación informada por el propio fabricante.
Desarrollo del K-Briq y origen de la investigación
La tecnología comenzó a desarrollarse en investigaciones académicas orientadas a la evaluación del ciclo de vida de materiales de construcción.
De acuerdo con la Universidad Heriot-Watt y con la British Board of Agrément, el proyecto evolucionó a lo largo de más de diez años hasta llegar a la etapa comercial.
En 2019, Medero y Chapman fundaron la Kenoteq para transformar el resultado de estas investigaciones en un producto de mercado.
En la información divulgada por la universidad y por entidades relacionadas con el sector, la iniciativa aparece como un intento de responder a un problema recurrente de la construcción civil: el gran volumen de residuos generados por obras y demoliciones.

En este contexto, la propuesta fue desarrollar un ladrillo capaz de reutilizar parte de este material sin repetir el modelo productivo del ladrillo tradicional, que depende de altas temperaturas.
En una entrevista reproducida por medios especializados en arquitectura y diseño, Gabriela Medero afirmó que pasó años investigando materiales de construcción y que su preocupación estaba relacionada con el uso de materias primas sin suficiente consideración sobre el impacto ambiental.
La declaración ayuda a situar la motivación del proyecto, pero el avance comercial del K-Briq fue acompañado principalmente por pruebas técnicas, certificaciones y expansión fabril.
Diferencias entre el K-Briq y el ladrillo convencional
Kenoteq informa que el K-Briq mantiene dimensiones y aplicaciones similares a las de ladrillos utilizados tradicionalmente en obras, con posibilidad de diferentes colores y acabados.
La empresa también destaca que el producto fue sometido a evaluaciones sobre resistencia, durabilidad y estabilidad de color.
En el material institucional, el K-Briq se presenta para uso en fachadas y superficies internas, dentro de los límites previstos en las certificaciones obtenidas.
Además de la reutilización de residuos, la empresa afirma que la fabricación ocurre en una unidad instalada en East Lothian, Escocia, cerca de la cadena de suministro de materiales reciclados.
Según Kenoteq, esta lógica busca reducir desplazamientos y reforzar el modelo de economía circular, en el cual los residuos de un sector regresan a la propia construcción civil en forma de nuevo producto.
La comparación ambiental con los ladrillos convencionales aparece en diferentes comunicaciones de la empresa y de organizaciones asociadas.

En líneas generales, el argumento central es que la ausencia de la etapa de quema reduce de forma significativa el uso de energía y las emisiones asociadas al proceso.
En publicaciones sobre la tecnología, el K-Briq es descrito como un ladrillo no quemado, de bajo carbono y con más del 90% de material reciclado.
Construcción civil, residuos y presión por descarbonización
La creación del K-Briq ganó visibilidad en un escenario de presión creciente sobre la construcción civil para reducir emisiones y residuos.
La Comisión Europea informa que los residuos de construcción y demolición representan más de un tercio de toda la basura generada en la Unión Europea.
Se trata de una fracción relevante porque incluye concreto, ladrillos, madera, vidrio, metales y plásticos, materiales que pueden tener valor económico y potencial de reutilización.
En el debate sobre descarbonización, iniciativas orientadas a la reutilización y al reciclaje de materiales han comenzado a ganar espacio en universidades, empresas y políticas públicas.
Zero Waste Scotland relaciona la trayectoria de Kenoteq a este esfuerzo de circularidad y ya había apoyado la expansión industrial del producto en su fase de comercialización.
Registros de 2021 indican que el proyecto recibió financiamiento para ampliar la producción a más de dos millones de unidades por año.
Sam Chapman, cofundador de la empresa, afirmó en material divulgado por organizaciones asociadas que la industria de la construcción enfrenta un desafío relevante para cumplir metas de descarbonización y que parte de los residuos descartados podría reintegrarse en la cadena productiva.
La declaración fue utilizada por la empresa y por entidades del sector para defender la reutilización de agregados provenientes de ladrillo, piedra, concreto y mortero.
Certificación internacional y entrada en el mercado
El proyecto también recibió reconocimiento internacional.
En 2022, la Heriot-Watt informó que Kenoteq ganó la categoría de sostenibilidad en la votación del público de los Dezeen Awards, premio orientado a la arquitectura y al diseño.
En esa ocasión, la universidad destacó que el producto estaba hecho con residuos de la construcción y pigmentos reciclados.
Más recientemente, el avance más relevante ocurrió en el campo regulatorio.
Kenoteq informa que el K-Briq obtuvo certificación de la British Board of Agrément en el Reino Unido y certificación DrJ en los Estados Unidos, mientras que la certificación europea aún está en proceso.
En un comunicado publicado el 30 de junio de 2025, la BBA afirmó que la aprobación técnica ampliaba la confianza de arquitectos y especificadores y acompañaba la nueva fase de crecimiento de la empresa.
Con esto, la invención asociada a la investigación de Gabriela Medero dejó la etapa experimental y pasó a integrar el mercado de materiales de construcción de bajo carbono.
El caso reúne investigación universitaria, apoyo institucional, certificación técnica y escala de producción, en un momento en que la construcción civil busca alternativas para reducir el descarte de residuos y la dependencia de procesos de mayor emisión.

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