Cajeros automáticos y agencias desaparecen en Brasil; el avance del PIX y de los bancos digitales marca el fin de la era del dinero físico.
Brasil está atravesando una de las mayores transformaciones financieras de su historia — y está sucediendo sin alarde, poco a poco, en las esquinas, agencias y terminales donde millones de personas retiraban dinero todos los días. De norte a sur del país, cajeros automáticos están siendo desactivados, removidos o simplemente dejados sin uso, mientras que las agencias bancarias tradicionales disminuyen.
El fenómeno, que parecía impensable hace solo una década, fue acelerado por dos factores principales: el avance meteórico del PIX, que revolucionó las transacciones instantáneas, y la popularización de los bancos digitales, que eliminaron la necesidad de ir a una agencia física.
De acuerdo con el Banco Central de Brasil, el número de cajeros automáticos en operación cayó más del 25% desde 2016, y más de 3 mil agencias bancarias cerraron sus puertas en los últimos cinco años. Es el fin de una era — la desaparición silenciosa de un símbolo de la vida urbana brasileña.
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El impacto del PIX y de las billeteras digitales
Desde su lanzamiento en noviembre de 2020, el PIX creció a una velocidad que sorprendió incluso al propio Banco Central. En menos de cuatro años, el sistema registró más de 175 millones de usuarios activos y 26 mil millones de transacciones anuales — un número que supera el total de operaciones realizadas por tarjetas de crédito y débito combinadas.
Esta facilidad — transferencias instantáneas, sin costo y disponibles 24 horas al día — hizo que la población simplemente dejara de usar dinero físico para la mayoría de las transacciones.
En 2024, el uso de billetes cayó casi 40% en circulación, según datos del propio BC, y el valor medio de los retiros realizados en los cajeros automáticos también disminuyó de forma acentuada.
Además, el crecimiento de plataformas como Nubank, Inter, C6 Bank y PicPay consolidó la digitalización bancaria. Estos bancos ofrecen cuentas sin tarifas, tarjetas virtuales y atención a través de aplicaciones, reemplazando las funciones básicas antes restringidas a una agencia física.
El resultado es visible: menos filas, menos papel, menos billetes y más pantallas.
El cierre de las agencias físicas
Entre 2012 y 2024, el número de agencias bancarias cayó de 23 mil a cerca de 17 mil, según un estudio del Banco Central y de la Federación Brasileña de Bancos (Febraban).
Este proceso no ocurrió de forma brusca, sino continua, acompañado de reestructuraciones y despidos masivos en el sector bancario tradicional.
En grandes ciudades, direcciones históricas del Banco do Brasil, Bradesco, Itaú y Santander fueron reemplazadas por farmacias, cafeterías y tiendas de conveniencia. En el interior, muchas agencias se transformaron en puntos de atención compartidos o simplemente fueron cerradas, dejando ciudades enteras sin presencia física de bancos.
Según Febraban, la principal razón es el bajo flujo de clientes presenciales: hoy, 90% de las transacciones bancarias en Brasil se realizan por medios digitales, y solo el 4% de las operaciones requieren atención en la agencia.
Brasil camina hacia el dinero invisible
El fenómeno brasileño llama la atención en el mundo. Según el informe World Payments Report 2024, publicado por Capgemini, Brasil es líder global en transacciones instantáneas per cápita, superando países como India, Reino Unido y Corea del Sur.
El cambio es tan profundo que el dinero físico está convirtiéndose en una excepción. De 2019 a 2024, el número de operaciones de retiro en cajeros automáticos cayó 42%, y el total movilizado en billetes disminuyó de R$ 1,2 billón a R$ 670 mil millones.
Además del PIX, nuevos sistemas como Drex (el Real Digital) y Open Finance prometen acelerar aún más esta transición. El Banco Central prevé que, hasta 2030, el uso de billetes representará menos del 10% de las transacciones financieras totales del país.
Bancos digitales y el nuevo paradigma del crédito
El éxito de los bancos digitales es otro motor de esta transformación. Según un informe de Finder y Statista, más del 76% de los brasileños tienen cuenta en un banco digital, el mayor índice del mundo.
El Nubank, solo, superó 100 millones de clientes activos en 2024, un número mayor que el de la población de países enteros como Alemania o Reino Unido.
Estas plataformas no solo eliminaron la burocracia, sino que reinventaron la relación del brasileño con el dinero. Abrir una cuenta lleva minutos, las transferencias son gratuitas, y el crédito se concede con base en el análisis de datos y comportamiento, no solo en el historial bancario.
Los grandes bancos percibieron la tendencia y comenzaron a cerrar agencias físicas para invertir en tecnología. Itaú y Bradesco, por ejemplo, redirigieron miles de millones de reales a inteligencia artificial, ciberseguridad y atención remota.
Las ciudades y el vacío dejado por los cajeros automáticos
Pero el avance tecnológico también trae efectos colaterales urbanos y sociales. Los cajeros automáticos eran puntos de movimiento y seguridad en muchos barrios.
Con su retirada, varias áreas perdieron iluminación constante y presencia de personas por la noche, lo que aumentó el riesgo de abandono y sensación de inseguridad, especialmente en ciudades medianas.
Además, miles de empleos indirectos — vigilantes, técnicos, transportadores de valores — también se vieron impactados por la reducción de terminales físicos. Empresas como Prosegur y Brinks necesitaron redirigir operaciones a servicios logísticos y de seguridad patrimonial.
En los centros urbanos, el fenómeno se repite: antiguas agencias bancarias se transforman en tiendas de conveniencia, gimnasios o coworkings, pero el ritmo de adaptación aún es desigual.
La economía sin papel y los nuevos desafíos
La digitalización financiera también impone nuevos desafíos: inclusión y seguridad digital.
Según el IBGE y el CGI.br, cerca de 19% de los brasileños aún no tienen acceso regular a internet, lo que significa que millones de personas, especialmente ancianos y habitantes de áreas rurales — dependen de atención física.
Para este público, el cierre de agencias representa exclusión financiera. El Banco Central y la Febraban estudian programas de educación digital y expansión de corresponsales bancarios en regiones apartadas, como alternativa a la presencia física tradicional.
Otro punto sensible es la ciberseguridad. Con la eliminación de las barreras físicas, aumentan los riesgos de fraudes digitales, estafas de ingeniería social y phishing. En 2024, según Serasa Experian, el número de intentos de fraude digital creció 36% en relación al año anterior, con enfoque en apps de pago y PIX.
El adiós a los cajeros, la llegada de la era invisible
Lo que antes era símbolo de estatus tecnológico del cajero automático, la tarjeta magnética, la contraseña numérica se está convirtiendo en parte del pasado reciente. Brasil está avanzando hacia un modelo de “dinero invisible”, donde la transacción ocurre en segundos, sin billetes, sin monedas y sin fronteras.
Pronto, las nuevas generaciones quizás nunca conozcan el acto de sacar dinero. Y el sonido característico de las teclas de los cajeros automáticos, que durante décadas acompañó la vida urbana, será solo un recuerdo de un tiempo en que el dinero aún era algo que se podía tocar.



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