El estudiante Luiz Fernando, de Alto Paraíso (PR), recorrió 13,4 mil km para estudiar un semestre en Australia por medio del Ganhando o Mundo y, también al regresar en 2024, aceleró la preparación: escuela, estudio propio y cursinho. En 2025, a los 17, quedó en 1º en Medicina en Unioeste y en UFMS.
A los 17 años, el estudiante Luiz Fernando Souza de Andrade lleva una trayectoria que mezcla kilómetros, elecciones y una disciplina que no cabe en un eslogan. De Alto Paraíso, en el Noroeste de Paraná, viajó a Australia en 2024 para un semestre escolar y, al regresar, puso su rutina de estudios en otra marcha hasta llegar a la cima de dos procesos selectivos competitivos de Medicina.
El recorrido no fue lineal, ni “mágico”: hubo intercambio con adaptación cultural, enfoque en universidad pública, intentos en diferentes exámenes, días que terminaban cerca de las 23h y fines de semana con simulados y corrección detallada. En medio de esto, entran programas estatales, modalidades de selección diferentes y una pregunta que queda para cualquier estudiante: ¿qué cambia cuando la constancia se convierte en método y no solo en voluntad?
Del aula en Alto Paraíso al semestre escolar en Australia
El estudiante tenía 15 años cuando, en 2024, cruzó el océano para estudiar en Beaconsfield, Australia, a través del programa Ganhando o Mundo, de la Secretaría de Estado de Educación de Paraná (Seed-PR). La distancia mencionada entre los dos puntos es de 13,4 mil kilómetros, con más de 24 horas de traslado en avión, el tipo de viaje que ya indica que la experiencia no sería solo académica, sino también de autonomía y adaptación.
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Durante este período, Luiz describe que desarrolló el inglés hasta llegar a la fluidez y vivió una inmersión que incluyó rutina escolar, convivencia con la familia anfitriona, amistades y actividades fuera del aula, como campamentos, senderismo y visitas a playas.
El intercambio aparece como un salto de repertorio y madurez, pero también como un entrenamiento práctico para lidiar con dificultades en un contexto totalmente nuevo, lejos de la red de apoyo y con barreras de idioma al principio.
El retorno en 2024 y el cambio de clave para la rutina de estudio
Al volver del intercambio en julio de 2024, el estudiante afirma que intensificó el ritmo con un objetivo bien definido: entrar en Medicina en una universidad pública.
La fórmula de él, en ese momento, combinó secundaria por la mañana, estudio por cuenta propia por la tarde durante unas cuatro horas diarias y cursinho por la noche, de 19h a 22h, conciliando las clases en el Colegio Estadual Vila Alta, en Alto Paraíso.
La lógica detrás de esto no fue solo “estudiar más”, sino estructurar el día para que cada bloque tuviera una función. Él menciona enfoque en resolución de ejercicios y clases específicas, principalmente en Biología y Química, además del mantenimiento de la constancia incluso cuando el rendimiento oscilaba.
La frase “nunca fue una opción rendirse” funciona como postura, pero lo que sostiene el resultado es el ajuste práctico de la rutina, con horarios, metas y repetición diaria.
Dos aprobaciones en Medicina y dos formas diferentes de selección
A los 17, Luiz alcanzó un hito raro: primer lugar en Medicina en dos universidades públicas, la Universidad Estatal del Oeste de Paraná (Unioeste) y la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur (UFMS). En el caso de Unioeste, fue el primer colocado en el Aprova Paraná Universidades, iniciativa desarrollada en colaboración entre Seed-PR y la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología y Educación Superior (Seti). En UFMS, lideró el proceso selectivo seriado, modelo que evalúa al estudiante a lo largo de los tres años de secundaria.
Además de estas selecciones, el estudiante relata que presentó examen para UFPR, UEL, Unicentro, Unioeste, UFMS y también realizó el Enem, siempre con la prioridad de universidad pública.
Él dice que no esperaba “aprobar de inmediato” en ese momento y describe la aprobación como una sorpresa, incluso con la preparación intensa. Esto expone un detalle importante de procesos muy disputados: la sensación de imprevisibilidad persiste, porque pequeños desvíos en el examen, competencia y criterios pueden cambiarlo todo.
El puente entre el Enem, la beca en Umuarama y la rutina “milimetrada”
Antes del primer lugar en Medicina, el estudiante ya había acumulado un resultado relevante: aprobación en 5º lugar en Ingeniería Civil en la Universidad Tecnológica Federal de Paraná (UTFPR), aún en el 2º año de secundaria, con la nota del Enem de 2023. Este rendimiento abrió el camino para una beca de estudios en Umuarama, a 66 kilómetros de su ciudad natal, donde la rutina ganó un diseño aún más riguroso.
En Umuarama, él dividía el día entre un curso a tiempo completo con enfoque en el examen de Medicina y, por la noche, el 3º año de secundaria en el Colegio Estadual Pedro II.
La agenda descrita comienza alrededor de las 6h30, con clases de 7h15 a mediodía, dos horas de almuerzo “aceleradas” para ahorrar tiempo y regreso al cursinho alrededor de las 13h15. Él relata estudio en cabinas individuales con estudio activo, ejercicios y clases dirigidas hasta alrededor de las 19h, seguido de colegio por la noche y llegada a casa alrededor de las 23h. Es una rutina que intercambia descanso por previsibilidad, reduciendo al máximo los intervalos “muertos” del día.
Simulados, corrección detallada y la lógica de “calidad con volumen”
Los fines de semana, el estudiante no describe una pausa completa. Los sábados, había clase por la mañana y simulados por la tarde, con foco en pruebas del Enem, exámenes y preguntas antiguas. Los domingos, incluso con algún descanso, reservaba de dos a tres horas para corrección detallada, analizando errores, aciertos y puntos de mejora, como forma de ajustar el recorrido antes de que las lagunas se convirtieran en hábitos.
En el día a día, Luiz afirma que realizaba, en promedio, 70 ejercicios por día, enfatizando que no se trataba solo de cantidad, sino de calidad. El método que aparece en el relato es el de repetición con revisión: resolver, corregir, entender la razón del error y volver al contenido con más precisión.
Este ciclo transforma “estudiar” en un sistema de retroalimentación, en el que el estudiante no depende solo de la motivación, sino de un proceso que muestra dónde está fallando.
El papel del sueño de infancia y la decisión de mantener el enfoque
La elección por Medicina no nació en el último momento: Luiz dice que el deseo viene desde la infancia, alrededor de los cinco años, cuando se rompió la clavícula y necesitó ser transferido a un hospital, experiencia que marcó su primer contacto con una atención más compleja que la de la unidad de salud de la pequeña ciudad. El recuerdo del médico y del equipo aparece como un desencadenante emocional que, a lo largo de los años, se convirtió en un plan de vida.
Cuando él afirma que “no existe un consejo o secreto” y resume todo a “sentarse y estudiar con enfoque”, el discurso no elimina la complejidad del camino, pero refuerza lo que el relato entero muestra: constancia, renuncias y estrategia.
Él menciona que salía con amigos a veces, pero sacrificó muchos momentos, y reconoce que nadie está bien todos los días, sin embargo, es necesario mantener la constancia. La disciplina aparece como algo entrenable, no como un don, construida con repetición y compromiso con el objetivo.
Programas públicos, números de acceso y el efecto de ejemplo en la comunidad escolar
La conquista del estudiante también se presenta como resultado de políticas públicas y caminos de acceso ampliados. En el marco del Aprova Mais Universidades y de la Prueba Paraná Más, el programa permite que estudiantes de escuelas públicas compitan por vacantes en universidades estatales utilizando la nota de una evaluación aplicada en noviembre del año anterior.
En el panorama informado, 13,4 mil estudiantes realizaron 24,2 mil inscripciones, ya que cada uno puede postular a hasta dos carreras, y se ofrecieron 3.757 vacantes en 1,3 mil cursos en las siete universidades estatales: UEL, UEM, UEPG, UENP, Unioeste, Unicentro y Unespar.
El impacto emocional aparece en las palabras de la familia. La madre, Sirley Souza de Andrade, profesora de 41 años, describe la aprobación como una alegría “contagiosa” y resalta los desafíos del proceso, citando distancia, ansiedad e inseguridad en el período de incertidumbre hasta el resultado.
El padre, Ademir Caetano de Andrade, trabajador rural de 50 años, habla de la expectativa de que el hijo se convierta en un profesional humanizado y haga la diferencia en la comunidad.
Ya la jefa del Núcleo Regional de Educación de Umuarama, Gilmara Zanata, describe al estudiante como dedicado y destacado en el aprendizaje, y amplía la lectura a la red pública: cada aprobación en cursos disputados se convierte en un mensaje colectivo sobre la calidad y potencia de la educación pública.
¿Qué viene ahora?: cambio de ciudad, inicio de clases y planes en la salud pública
Después de la aprobación, Luiz eligió Unioeste y se prepara para un cambio concreto: recorrer 340 kilómetros para estudiar en el campus de Francisco Beltrão, en el Sudoeste de Paraná, con matrícula ya realizada.
Él afirma que las clases comienzan el 16 de marzo, que ya está en contacto con veteranos y que pretende conocer el campus y la nueva vivienda la semana siguiente, además de ya haber conocido a futuros compañeros de clase.
Sobre su futuro profesional, el estudiante dice que aún no piensa en especialidad y pretende decidir después de conocer las áreas en la carrera.
Él proyecta hacer residencia y, si no pasa de inmediato, seguir intentando, además de mencionar su intención de actuar también en la salud pública. Al mismo tiempo, admite una inseguridad natural porque todo es nuevo: ciudad, vivienda y universidad.
La aprobación cierra una etapa, pero abre otra llena de decisiones prácticas, donde el rendimiento en el examen da paso al desafío de mantener el ritmo y construir una trayectoria dentro de la universidad.
El intercambio como herramienta de repertorio y resiliencia, no solo como viaje
El Ganhando o Mundo aparece en el caso de Luiz como más que una experiencia internacional. Él dice que el aprendizaje más grande fue aprender a lidiar con adversidades y resolver problemas, especialmente cuando aún no era fluido y estaba en un lugar donde nadie lo conocía.
Esta vivencia, en su relato, se convierte en entrenamiento de resiliencia, comunicación y adaptación, competencias que no sustituyen el estudio, pero pueden fortalecer la autonomía del estudiante.
El programa también tiene una dimensión de escala. Se describe como el mayor intercambio estudiantil de Brasil, con su primera edición en 2022 y 2.540 estudiantes ya enviados a países de habla inglesa, incluyendo Reino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos. En 2026, la edición en curso prevé dos mil vacantes, con 675 estudiantes ya embarcados desde el inicio del año hacia Irlanda, Reino Unido, Nueva Zelanda y Canadá, y embarques previstos a lo largo del año también hacia Australia, dependiendo de los calendarios locales.
Al final, la proyección es de 4.540 estudiantes contemplados. En el caso de Luiz, él afirma que, tras su participación, los colegios donde estudió vieron crecer el número de seleccionados para 2026, sumando cinco alumnos, con dos ya en camino a Nueva Zelanda. Cuando un estudiante “gana el mundo”, toda la escuela tiende a recalibrar lo que considera posible.
Conclusión: La historia del estudiante Luiz Fernando cruza tres ejes que raramente aparecen juntos con tanta claridad: un intercambio con un impacto real en la madurez, una ingeniería de rutina con horas contadas y dos aprobaciones en primer lugar en Medicina por caminos selectivos diferentes.
Más que un caso individual, lo que se ve es un retrato de cómo el enfoque, el método y las oportunidades públicas pueden transformar una pequeña ciudad en un punto de partida.
¿Y en tu vivencia, qué pesa más para un estudiante pasar del “quiero” al “pasé”: rutina rígida, apoyo de la escuela, cursinho, simulados, o la experiencia de ganar repertorio fuera del lugar de origen? Cuéntanos en los comentarios qué funcionó para ti, o qué cambiarías en esta estrategia.

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