Proyecto AmazonFACE transforma la Amazonía en el mayor experimento climático al aire libre del mundo para entender cómo el bosque va a reaccionar al futuro del planeta
La Amazonía está dejando de ser solo el gran símbolo verde de Brasil para convertirse en el mayor laboratorio climático al aire libre del mundo. En el corazón del bosque, el proyecto AmazonFACE inyecta CO₂ en plena selva para descubrir cómo los árboles, raíces y todo el ecosistema van a reaccionar a un planeta más caliente y con más dióxido de carbono en la atmósfera. La pregunta central es directa y urgente: ¿La Amazonía va a resistir o colapsar ante los cambios climáticos que ya están en curso?
Los científicos creen que el AmazonFACE puede ser hoy uno de los proyectos más importantes de la agenda climática global en ciencia, porque los resultados no solo interesan a Brasil, sino a todo el planeta. Al transformar un pedazo de la Amazonía en experimento controlado, intentan reducir una de las mayores incertidumbres de los modelos climáticos: ¿cuál es, de hecho, el papel del aumento de CO₂ en el futuro del mayor bosque tropical del mundo?
Cómo la Amazonía se convirtió en el mayor experimento climático del mundo
El AmazonFACE nació de una idea discutida hace unos 15 años en una reunión de investigadores en el INPA. La propuesta era audaz: aplicar, por primera vez, en la Amazonía, una tecnología ya utilizada en otros lugares del mundo, pero nunca en un ecosistema tan complejo. Esta tecnología es el FACE, sigla en inglés de free air CO₂ enrichment, o enriquecimiento de CO₂ al aire libre.
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En la práctica, lo que se ve hoy en medio de la Amazonía es un conjunto de estructuras que parecen salidas de una película futurista. Anillos formados por 16 torres, con 35 metros de altura, contornan áreas circulares de 30 metros de diámetro, sobrepasando la copa de los árboles, que tienen un promedio de 28 a 30 metros. Por tubos sujetos a estas torres, se libera un aire enriquecido en dióxido de carbono, con aproximadamente un 50% más de CO₂ de lo que se encuentra normalmente en la atmósfera local.
Qué es el AmazonFACE y cómo funciona dentro del bosque
Cada anillo del experimento fue diseñado para simular, en plena Amazonía, la atmósfera del futuro. El objetivo es elevar la concentración de CO₂ allí dentro a algo cercano a 600 ppm y observar, a lo largo de muchos años, cómo reacciona el bosque. No es un experimento de laboratorio en macetas o invernaderos. Es la propia Amazonía, intacta, siendo sometida a una atmósfera más rica en carbono, exactamente como los escenarios proyectados por los científicos para las próximas décadas.
La complejidad del proyecto exigió cooperación internacional e inversión pesada. En la infraestructura, cerca de la mitad de los recursos vinieron del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) y la mitad del Reino Unido, sumando algo en torno a 100 millones de reales. Además de la construcción de los anillos, fue necesario instalar grúas, sistemas de monitoreo y toda una red de equipos de alta precisión en medio de la Amazonía.
CO₂, fotosíntesis y el futuro de la Amazonía en juego
Desde hace más de 20 años, los modelos climáticos han estado planteando un escenario preocupante: parte de la Amazonía podría sucumbir a un clima más caliente y seco, con un aumento intenso de temperatura y reducción de lluvias. En esta condición extrema, el bosque podría perder las características que lo mantienen como el bioma exuberante que conocemos hoy.
Por otro lado, esos mismos modelos también sugieren otra posibilidad. Si existe un efecto fuerte de fertilización por CO₂, las plantas podrían aumentar su productividad, gracias al papel del dióxido de carbono en la fotosíntesis. En teoría, más CO₂ significaría más fotosíntesis, más crecimiento y una Amazonía capaz de mantenerse en pie, compensando parte de los efectos negativos de un clima más caliente y más seco. El problema es que, hasta ahora, nadie sabe con certeza si este efecto realmente ocurre a escala de un bosque entero, cuán fuerte es y por cuánto tiempo dura. El AmazonFACE nace justamente para responder a estas dudas.
Grúas, sensores y raíces: midiendo la Amazonía de arriba a abajo
Para entender la respuesta de la Amazonía al CO₂ extra, los investigadores necesitan mirar en todas direcciones. Desde arriba, una jaula suspendida por grúas lleva a los científicos hasta la cima de las copas, a unos 37 a 40 metros de altura. Allí arriba, equipos especializados miden intercambios de gases entre las hojas y la atmósfera, principalmente carbono y agua, que son el corazón de la fotosíntesis y de la transpiración de las plantas.
Una de las características más impresionantes del AmazonFACE es la diversidad dentro de cada anillo. En una única área experimental, hay alrededor de 50 árboles con troncos de más de 10 centímetros de diámetro y, de estos, aproximadamente 49 especies diferentes. En otras palabras, cada anillo es un mosaico de biodiversidad amazónica, algo que no existía en experiencias FACE realizadas en países como Estados Unidos, Europa y Australia. Esto abre una oportunidad única para entender cómo la enorme diversidad de especies influye en la respuesta colectiva del bosque a un ambiente con más CO₂.
La Amazonía vista desde abajo: raíces, suelo y el ciclo del carbono
No es solo lo que sucede en las copas lo que importa. El efecto de la fertilización por CO₂ puede aparecer en las raíces, en el suelo y en procesos invisibles a simple vista. Por eso, tubos transparentes de hasta 2 metros fueron instalados en el suelo dentro de los anillos, permitiendo que escáneres sean insertados regularmente para generar imágenes detalladas de la producción de raíces alrededor de estos cilindros.
Con recolectas mensuales, los científicos siguen, estación tras estación, cómo la dinámica de raíces cambia a lo largo del tiempo. En paralelo, analizan el carbono almacenado en los troncos, la respiración del suelo y otros flujos que componen el funcionamiento de la Amazonía como gran reguladora del clima. La expectativa es que, con los datos acumulados a lo largo de muchos años, los modelos climáticos sean alimentados con información más precisa, reduciendo incertidumbres sobre el futuro del bosque.
Un experimento de larga duración en el corazón de la Amazonía
El AmazonFACE no es un proyecto a corto plazo. Se prevé que el experimento funcione por al menos 10 años, con posibilidad de extensión por otros 5 o 10, llegando hasta 15 o 20 años, si tiene sentido desde el punto de vista científico. A lo largo de este período, la Amazonía va siendo observada como un paciente en seguimiento continuo, mientras respira un aire más rico en CO₂.
Aún hay incertidumbres incluso sobre el volumen total de gas carbónico que se utilizará. Esto se debe a que el consumo de CO₂ depende directamente de cómo se dispersa este gas en cada anillo. Si la dispersión es lenta, el volumen necesario será menor. Si es rápida, será necesario inyectar más CO₂ para mantener la concentración estable en torno a la meta. Es un misterio que solo podrá ser esclarecido con el experimento en pleno funcionamiento, allí, en la propia Amazonía.
Cómo la Amazonía puede cambiar en las próximas décadas
A pesar de toda la tecnología y monitoreo, una cosa ya se considera probable por los científicos: la Amazonía de aquí a algunas décadas no será exactamente la misma que hoy. Estudios en otras regiones, especialmente en el sur del bosque, muestran que especies más adaptadas al calor y la sequía ya están sustituyendo, poco a poco, a especies que prefieren un clima más húmedo y menos cálido.
El AmazonFACE ayudará a entender si esta reorganización de especies será suave o dramática, y si la fertilización por CO₂ puede darle al bosque una especie de respiro extra ante los cambios climáticos. En última instancia, lo que está en juego no es solo el futuro de la Amazonía, sino el equilibrio climático de todo el planeta.
Y tú, ¿crees que experimentos como el AmazonFACE son la clave para garantizar un futuro más seguro para la Amazonía o aún tienes dudas sobre este tipo de intervención en el bosque?


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