En un rincón aislado de Fortaleza de Minas, rutina simple, respeto por la naturaleza y convivencia con animales silvestres revelan un modo de vida cada vez más raro en el interior brasileño
En medio de las carreteras de tierra de Fortaleza de Minas, casi en la frontera con São Sebastião do Paraíso, Pratápolis y cerca del Río Santana, vive Lázaro, agricultor de 60 años que decidió reiniciar prácticamente desde cero. Él vive en una finca de 15 alqueires, donde mantiene aproximadamente 60% del área como reserva ambiental, decisión que define su relación con la tierra.
La información fue divulgada a través de un registro audiovisual realizado en el lugar, como muestran las imágenes y los relatos grabados durante la visita a la finca. A lo largo de la conversación, Lázaro presenta su cotidianidad, sus elecciones y los desafíos de quienes deciden permanecer en la roza incluso ante las dificultades financieras y estructurales.
Actualmente, él vive en la parte más organizada de la propiedad, donde hay energía eléctrica. Otra casa, ubicada más arriba, pertenecía a su hermana, que falleció. Aunque la construcción está en buenas condiciones, aún no tiene energía, lo que impide la morada definitiva. Por eso, Lázaro concentra su rutina en el punto más estructurado de la finca y avanza en las mejoras poco a poco.
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Plantar para el consumo y preservar para el futuro
Reiniciar en la roza exige paciencia. Lázaro explica que el inicio siempre trae más gastos que retorno. Para mantenerse, él aún realiza diarias de servicio fuera de la finca, mientras estructura la producción propia. Aun así, el objetivo no cambia: plantar para el consumo y garantizar autonomía alimentaria.
En los últimos meses, decidió rehacer cercas que estaban desarmadas desde hace aproximadamente cuatro años. La prioridad ahora es plantar maíz, principalmente para consumo propio. Si sobra alguna producción, vende el excedente en la región, lo que ayuda a cubrir parte de los gastos de la finca.
El cuidado ambiental orienta todas las decisiones. Lázaro no desmata. Él utiliza solo madera de árboles secos, encontrados en el propio terreno, para construir corrales y cercas. Ningún árbol vivo es talado. Especies nativas, como jacarandá, permanecen intocadas.
Además, evita intervenir en áreas de pendiente o riesgo de erosión. En esas partes del terreno, la vegetación permanece intacta. Según Lázaro, la tierra necesita de límites. Para él, la roza es sinónimo de abundancia, pero también de responsabilidad.
Convivencia con cascabel y animales silvestres

Uno de los aspectos más sorprendentes de la rutina de Lázaro es la convivencia directa con animales silvestres. En el patio de la casa vive una cascabel de edad estimada entre 18 y 20 años. El animal apareció aún pequeño y terminó quedándose en la propiedad.
A pesar del temor natural, Lázaro afirma que nunca ha sufrido un ataque. En algunos momentos, incluso llegó a pisar la serpiente en la oscuridad, sin reacción agresiva. Según él, el animal actúa solo por instinto de defensa. Además, la cascabel ayuda en el control de ratas y otros animales indeseados.
Curiosamente, la mayor preocupación no es la serpiente, sino una árbol seco de pino, apoyado al lado de la casa. Si cae, puede causar daños a la estructura. Lázaro ya intentó apoyar el tronco y evalúa alternativas para minimizar el impacto cuando la caída ocurra.
Además de la cascabel, la finca recibe monitos silvestres todos los días, generalmente por la mañana y al final de la tarde. Lázaro alimenta a los animales con frutas, como plátano, y pequeñas porciones de dulce de limón casero, hecho en el fogón a leña, con poca azúcar.
Según él, la convivencia ya involucra cuatro generaciones de monos. A medida que algunos mueren, otros ocupan el espacio. Algunos llegan con crías en la espalda, otros llevan marcas de la vida en el monte, como colas parcialmente amputadas. Aún así, los animales demuestran un comportamiento dócil y reconocen la rutina.
Lázaro explica que siempre considera una pérdida natural de alrededor de 5% de la cosecha, destinada a los animales. Para él, la naturaleza también necesita su parte.
Vida simple, improvisación e invenciones de la roza
La cotidianidad en la finca refleja una vida simple y funcional. Aunque existe máquina de lavar, Lázaro prefiere lavar ropa en el arroyo, sobre piedras. El tendedero es la misma cerca de alambre. Todo sigue la lógica de la practicidad.
Entre los destacados está una ventiladora de frijoles manual, inventada por el tío de Lázaro hace aproximadamente 60 años. La máquina funciona con una manivela que genera viento, separando la paja de los granos. Los habitantes de la región utilizan el equipo para limpiar cinco sacos o más de frijoles en poco tiempo.
Para evitar la pérdida de los granos, Lázaro adaptó la máquina con cámara de aire, solución improvisada que resolvió el problema. Además, la finca alberga perros rescatados, muchos abandonados durante la pandemia, y colmenas de abejas sin aguijón, mantenidas más por placer que por producción de miel.
En los planes futuros, pretende ampliar el pomar, con la plantación de ciruela, jabuticaba y otras frutas. El objetivo no es solo el consumo humano, sino también garantizar alimento para la fauna local.
Un modo de vida que insiste en existir
A los 60 años, Lázaro podría buscar caminos más fáciles. Sin embargo, eligió permanecer en la roza, preservar la tierra y convivir en equilibrio con la naturaleza. Entre cercas rehechas, maíz plantado, monitos en el patio y una cascabel silenciosa, construye diariamente un modo de vida que resiste al tiempo.
Más que una historia curiosa, su rutina muestra que aún es posible vivir con menos prisa, más conciencia y profundo respeto por los ciclos naturales — algo cada vez más raro en el interior brasileño.
¿Podrías vivir así, en contacto directo con la naturaleza, renunciando al confort para mantener este tipo de equilibrio con la tierra?
Fuente: Es de Campo y Eduardo Pádua


Igual a esse senhor, meu esposo e eu estamos vivendo no sítio e também começamos do zero, depois de ele ter um AVC que quase matou ele, depois de um longo prazo de recuperação que deixou ele com sequelas, um lado do corpo sem nenhuma sencibilidade,na cidade tava já entrevando, andando de bengala e não conseguindo fazer nada com a mão esquerda.
Aí trocamos nosso caminhão por um sítio de cinco alqueires e estamos vivendo uma outra vida.
Agora ele já consegue fazer muita coisa no sítio.
Contamos com nossa aposentadoria e nosso esforço diário.
É difícil mais a terra devolveu a vontade de viver ao meu esposo.
Moramos em São Jerônimo da serra PR
Parabéns a vcs pela escolha e determinação. Também estou na busca pela natureza e vida mais simples. Muita saúde e vida longa.
Eu acho que o mais dificil é cara não ter uma parceria,e tbm tem que ter um certo conforto,como energia elétrica!
Assim… como uma pessoa comeca do ZERO com um sitio de 15 alqueires????
Tbm gostaria muito de começar desse zero ai… trabalho a 15 anos e nem um terreno eu consegui comprar
Sai daí invejoso e por isso que tu não tem e nem teve nada até hoje.
Rapaz, o cara querer ter um terreno não é inveja. Pelo contrário ele tá valorizando a ideia do amigo que já tem um terreno. Inveja é achar que a conquista do outro era pra ser sua.