La trayectoria sorprendente de una agricultora que encontró en la pintura su nuevo oficio después de los 70 años y llevó escenas rurales a galerías de Nueva York, convirtiéndose en uno de los nombres más emblemáticos del arte americano moderno.
La historia de una agricultora jubilada, Anna Mary Robertson Moses, recorre un camino que desafía expectativas y altera la percepción sobre quién puede ocupar un lugar relevante en el arte.
A los 70 años, cuando la artritis interrumpió su hábito de bordar, encontró en la pintura una forma de seguir creando. Este gesto simple de la agricultora jubilada, iniciado en una mesa de granja, acabó conduciendo a uno de los segundos actos más notables de las artes en Estados Unidos.
Sus escenas de la vida rural, producidas inicialmente sin pretensión, pasaron a ocupar espacio en galerías de Nueva York. En 1940, el New York Herald Tribune mencionó el apodo por el cual ella estaba siendo llamada en su comunidad, Abuela Moses, nombre que permanecería asociado a la artista hasta hoy.
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Una retrospectiva que reposiciona a la artista
La nueva exposición del Smithsonian American Art Museum presenta a Moses de manera amplia, destacando su papel no como una figura pintoresca, sino como un personaje esencial en la historia del arte. Titulada “Abuela Moses: Un Buen Día de Trabajo”, en cartel desde el 25 de noviembre hasta el 12 de julio de 2026, la muestra reúne casi 90 obras.
El conjunto evidencia cómo la artista desarrolló una mirada para composiciones amplias y cinematográficas, en las que pequeños acontecimientos se despliegan simultáneamente y cada personaje ocupa un papel definido dentro de la cotidianidad representada.
La trayectoria de la agricultora jubilada
La trayectoria personal de Moses lleva marcas profundas de una vida rural extensa y marcada por un trabajo intenso. Nació en 1860, un año antes del inicio de la presidencia de Abraham Lincoln, y vivió hasta 1961, atravesando períodos históricos que van de la Guerra Civil al inicio de la era Kennedy.
En su infancia, creció en una pequeña granja en Greenwich, en el estado de Nueva York, como una de las diez niños de la familia. Participaba en las tareas domésticas y asistía a la escuela de manera irregular. Desde pequeña, creaba dibujos con los materiales disponibles: pintura vieja guardada en la casa, tiza de carpintero y hasta jugo de frutas.
A los 12 años, comenzó a trabajar como asistente en granjas cercanas, actividad que mantuvo durante un largo período. En 1887, a los 27 años, se casó con Thomas Moses, también asistente agrícola. La pareja vivió casi dos décadas como arrendatarios en el Valle de Shenandoah, en Virginia, mientras criaban cinco hijos.
Después de ese período, la familia se estableció en una casa de granja en Eagle Bridge, Nueva York. Allí, el ritmo de vida estaba marcado por las tareas del campo, el cuidado del ganado, la producción de mantequilla y la conservación de frutas para el invierno.
Solo cuando la edad redujo su destreza, Moses comenzó a pintar las estaciones que marcaban su cotidianidad.
La pintura más antigua atribuida a ella, “Sin Título (Panel de la Chimenea)”, fue creada en 1918, cuando ya se acercaba a los 60 años. El trabajo surgió después de que ella se quedó sin papel tapiz y decidió decorar el panel de la chimenea con un paisaje de pinceladas sueltas. La paleta oscura utilizada en esa fase sería abandonada más tarde. La dedicación frecuente a la pintura solo ganó fuerza cuando estaba cerca de los 80 años.
El descubrimiento de su talento
Antes de ser reconocida como pintora, Moses ganaba premios por sus conservas y vendía mermeladas y frutas en ferias rurales. En medio de estos productos, colgaba discretamente algunas de sus pinturas, que permanecían casi invisibles al público.
El escenario cambió en 1938, cuando el ingeniero y coleccionista de arte Louis Caldor vio algunas obras en el escaparate de una farmacia local y compró todas. Intrigado, visitó su casa y adquirió casi todo lo que encontró.
Caldor llevó las pinturas a Manhattan, pero enfrentó resistencia inicial de los galeristas, que dudaban por la edad avanzada de la artista. En 1940, convenció a Otto Kallir para organizar una exposición individual en la Galerie St. Etienne, titulada
“Lo Que Una Ama de Casa Pintaba”. Kallir se convirtió en un defensor decisivo de la carrera de Moses y, en 1951, creó la Grandma Moses Properties, responsable de expandir su presencia en el imaginario público con contratos de licencia y proyección internacional.
La evolución del lenguaje visual
A lo largo de su vida, Moses creó más de 1.500 obras, con una diversidad mayor de la que generalmente se le atribuye. En “Bringing in the Maple Sugar”, de alrededor de 1940, aparecen composiciones y elecciones de colores influenciadas por ilustraciones de revistas y impresos que ella usaba como referencia.
En 1942, con “Caballos Negros”, su estilo adquiere contornos particulares. Empieza a trabajar en formatos cuadrados y utiliza tonos pastel, distribuyendo atención uniforme a cada parte del paisaje, como si las escenas estuvieran montadas en un patchwork.
En 1955, con “Halloween”, desarrolla una vista aérea que reúne actividades internas y externas en un único cuadro. En esta obra, la mirada de la artista combina movimiento, detalles y la convivencia simultánea de diferentes acciones.
La construcción de un registro de la vida rural
Con pintura, Moses registró un modo de vida que estaba desapareciendo. Comentando sobre su dedicación, afirmó que, si no hubiera comenzado a pintar, habría criado gallinas.
Su obra ganó gran popularidad a lo largo de las décadas, apareciendo en cortinas, juegos de té y tarjetas conmemorativas. Sin embargo, este alcance acabó perjudicando su reputación en entornos especializados.
Según Leslie Umberger, curadora senior del Smithsonian American Art Museum, el estilo accesible y las imágenes narrativas atrajeron a millones de personas, pero hicieron que el mundo del arte la marginara, reforzando prejuicios basados en su edad, su condición de mujer y la falta de una formación artística formal.
En 1952, participó en la primera transmisión en colores del programa “See It Now”, de CBS, siendo entrevistada por Edward R. Murrow en el mismo episodio en que aparecía Louis Armstrong.
Un año después, estamparía la portada de la revista Time, que registró la venta de 48 millones de tarjetas conmemorativas producidas por Hallmark con sus pinturas. En ese momento, su obra ya había sido presentada en más de 160 exposiciones en Estados Unidos y en cinco muestras individuales en el extranjero.
Una artista tradicional en tiempos de ruptura
Mientras nombres ligados al expresionismo abstracto buscaban lo nuevo con lanzamientos de pintura y experimentos radicales, Moses retomaba lo que conocía. Esta oposición revela la fuerza de su tradicionalismo.
En medio del siglo XX, cuando rupturas estéticas parecían inevitables, ella insistió en la continuidad. Su trabajo, basado en una experiencia directa, mostraba rutinas, cosechas, estaciones y festividades. En su autobiografía, publicada en 1952, escribió que pintaba lo que veía y lo que recordaba, evitando retratar sueños.
El curador Randall Griffey observa que tanto Moses como los expresionistas abstractos fueron apoyados por el gobierno de Estados Unidos en exposiciones internacionales durante la Guerra Fría, para representar valores considerados americanos.
La fuerza de la memoria en las imágenes
Los curadores destacan que sus pinturas funcionan como registros de la memoria personal y también de la memoria nacional, en un período de cambios profundos en la demografía americana.
Muchos habitantes habían dejado el campo para vivir en las ciudades, pero aún preservaban recuerdos de la vida rural. El arte de Moses encontró un público que reconocía estas imágenes y les atribuía significado emocional.
Detrás de las escenas tranquilas, hay una atención rigurosa a los detalles, desde viñetas hasta representaciones precisas de las comunidades rurales.
Nieve, agricultores en actividad, niños patinando y cielos vibrantes crean ambientes que parecen movidos. Esta vitalidad ayuda a explicar por qué su obra sigue siendo relevante incluso después de la desaparición casi total del mundo rural que conoció.
El legado consolidado
La exposición del Smithsonian evidencia la dimensión multifacética de la artista, que trajo a la pintura conocimientos adquiridos en una vida dedicada a la agricultura.
Incluso a los 90 años, Moses aún pintaba casi diariamente, reduciendo el ritmo solo en el último año de su vida. En su autobiografía, escribió que veía su trayectoria como un buen día de trabajo concluido, expresión que sintetiza la relación entre su vida y su obra.

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