Después de aprender a leer solo con una carta de ABC, agricultor de una isla distante vuelve a la escuela pública, termina la Educación Media y se prepara para disputar una vacante en Derecho
A los 72 años, el agricultor de una isla distante que pasó toda su vida en el campo decidió hacer algo que muchos consideran improbable a esta edad: volver al aula, terminar la Educación Media y prepararse para disputar una vacante en Derecho. Después de décadas dedicadas al trabajo en el campo y a criar a sus cuatro hijos, finalmente logró transformar en plan aquello que siempre había sido un sueño guardado en silencio.
Durante años, la escuela pareció un lugar inaccesible. El trabajo comenzó temprano, la responsabilidad con la familia llegó antes de los cuadernos, y el estudio fue siendo postergado.
Aun así, el agricultor de una isla distante nunca se conformó con la idea de terminar la vida sin entender las letras, las leyes y el mundo más allá de las cercas de la propiedad.
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Ahora, ya jubilado, usa el uniforme de la escuela pública, copia contenidos de la pizarra y repite, con calma, que va a llegar a la facultad de Derecho.
De la azada a la carta de ABC
La historia comienza en la infancia, cuando el trabajo en el campo surgió antes de cualquier cuaderno. Desde los siete años, el futuro agricultor de una isla distante ya ayudaba en el trabajo de la tierra, despertándose temprano para asegurar el sustento de la familia.
La escuela, en aquel entonces, era un lujo distante. No había profesor cerca, ni transporte, ni tiempo.
La curiosidad, sin embargo, hablaba más alto. A los 12 años, consiguió una antigua “carta de ABC”, un pequeño libro didáctico utilizado para alfabetizar a niños. Sin profesor, decidió aprender por su cuenta.
Salía por los caminos de tierra buscando a alguien que supiera leer, pedía que le explicaran la lección, memorizaba, regresaba a casa y estudiaba solo. Cada palabra descubierta era una victoria.
Aquella carta de ABC se convirtió en el primer “curso intensivo” de lectura de un niño que aún no sabía que un día soñaría con ser licenciado en Derecho.
Cuando el sueño tuvo que esperar

Aún con ganas de estudiar, la vida exigía otras prioridades. El agricultor de una isla distante solía pensar que, si iba a la escuela como deseaba, no tendría cómo alimentar a sus hijos.
Era necesario elegir entre el cuaderno y el plato en la mesa, y la elección, en aquel momento, era obvia.
La familia creció, el trabajo se acumuló y los años pasaron. “En aquel tiempo, todo era difícil, especialmente para quien vivía lejos y tenía poco dinero”, suele recordar.
La voluntad de estudiar nunca desapareció, pero quedó guardada. Se repetía a sí mismo que un día, cuando los hijos estuvieran criados, llegaría la oportunidad de volver a los estudios.
Ese día tardó en llegar, pero llegó. Después de jubilarse, decidió que ya no podía postergar más el sueño.
Vuelta a la escuela y rutina de Educación Media
La reanudación de los estudios llegó en 2012, cuando el agricultor de una isla distante finalmente entró en una aula de forma regular. Desde entonces, su rutina cambió completamente.
Hoy, es alumno de la 2ª serie de la Educación Media en una escuela pública a tiempo completo, ubicada a varios kilómetros de la comunidad donde vive.
La distancia no es excusa. Cuando el transporte escolar falla por algún motivo, toma la bicicleta y recorre la distancia, pedaleando kilómetros hasta la escuela.
En la fila del refrigerio o del almuerzo, se asegura de quedar con los demás estudiantes, sin pedir prioridad por ser mayor, porque quiere ser tratado como cualquier alumno.
Con cuaderno en mano, escucha las explicaciones con atención, hace preguntas, anota todo lo que considera importante y trata de transformar cada contenido en un peldaño hacia la facultad.
Abuelo y nieto en la misma aula

Además de alumno aplicado, el agricultor de una isla distante es también abuelo. Entre sus nietos, uno de 20 años comparte el mismo aula. Antes de la suspensión de las clases presenciales durante la pandemia, abuelo y nieto copiaban el mismo contenido y hacían trabajos en grupo uno al lado del otro.
El nieto dice sentirse privilegiado por vivir esta experiencia. Para él, el abuelo es un ejemplo de coraje y superación, respetado por toda la clase.
Cuando el profesor anuncia actividad en grupo, el abuelo es uno de los primeros en mirar al nieto y llamarlo para trabajar juntos, como si quisiera mostrar, en la práctica, que el estudio también es una forma de acercar generaciones.
Lo que podría generar vergüenza para algunos, para ellos se convirtió en motivo de orgullo.
Un alumno que inspira a profesores y compañeros
En la escuela, la presencia del agricultor de una isla distante conmueve a toda la comunidad. La dirección y los profesores describen al estudiante como alguien que se toma en serio cada compromiso: casi no falta, solo en situaciones extremas, entrega las actividades, participa de las clases y mantiene una curiosidad constante sobre los temas.
Los educadores reconocen que, muchas veces, aprenden más de él que él de la escuela. La forma en que enfrenta la distancia, la edad y las dificultades para seguir estudiando inspira a los compañeros más jóvenes, que comienzan a ver la educación media con otros ojos.
En la práctica, se ha convertido en un recordatorio diario de que la educación no tiene fecha de caducidad y de que la disposición para aprender puede cruzar décadas.
Derecho, Vade Mecum y el sueño que no envejece
La afinidad con el Derecho no surgió ahora. Hace mucho tiempo, el agricultor de una isla distante imaginaba cómo sería estudiar leyes, interpretar códigos y actuar en el área jurídica. En 2019, la escuela le dio un regalo simbólico: un Vade Mecum, libro de referencia en el área, que deseaba desde hacía años.
Recibir ese volumen pesado de páginas llenas de artículos y incisos fue, para él, más que un gesto de cariño.
Fue una señal de que el sueño estaba tomando forma. Le gusta decir que, si hubiera estudiado desde niño, ya habría disputado muchos cargos, tal vez incluso el de juez de Derecho.
Hoy, incluso sin querer adelantar el futuro, se prepara para terminar la Educación Media y intentar una vacante en un curso de Derecho, ya sea presencial o a distancia, en una institución que lo acepte con la misma apertura que la escuela ha demostrado.
Rompecabezas, disciplina y mensaje a los más jóvenes
En las clases, el agricultor de una isla distante suele decir que le gustan todas las materias. Algunas, para él, son verdaderos “rompecabezas”, no tan simples de comprender a la primera explicación. En lugar de desanimarse, ve esto como un desafío.
Cuanto más difíciles sean los ejercicios, más se siente impulsado a aprender.
Y es precisamente para los jóvenes que dirige su mensaje más firme. En su visión, si los jóvenes pensaran un poco, no desistirían tan fácilmente de la escuela.
Para él, el estudio es lo que “impulsa a la persona hacia adelante”, abre puertas de trabajo, permite convertirse en autoridad en alguna área y construir una vida diferente. “Nadie consigue nada sin esfuerzo”, suele repetir. Si no fue posible realizar este sueño en la juventud, asegura que lo logrará en la tercera edad.
Frente a una historia como la del agricultor de una isla distante, que aprende a leer solo, vuelve a la escuela a los 72 años y aún quiere disputar una vacante en Derecho, ¿crees que la edad puede ser aún una excusa para abandonar los estudios o conoces a alguien que también retomó la escuela después de adulto?

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