De La Dolor Silenciosa Al Primer Paso: Cómo El Luto, La Pérdida Y El Vació De La Ausencia Dieron Origen A Una Jornada De Movimiento, Disciplina Y Superación A Los 77 Años
A los 77 años, el jubilado y abuelo Everton Vanderley muestra, todos los días, que la edad no limita sueños y que el dolor puede transformarse en fuerza. Tras perder a su esposa, con quien estuvo casado durante 25 años, enfrentó el mayor obstáculo de su vida: el silencio de la ausencia. Sin embargo, en lugar de entregarse al vacío, encontró en la carrera un nuevo sentido para continuar viviendo.
La información fue divulgada en un reportaje especial que retrata la trayectoria de superación de Everton, mostrando cómo el deporte se convirtió en un instrumento de reconstrucción emocional, física y espiritual. Según el contenido, el cambio comenzó tras el fallecimiento de su esposa, que ocurrió en agosto del año pasado, cuando el hijo decidió no dejarlo solo.
Inicialmente, Everton vivía en Três Corações, en Minas Gerais. Preocupado por el aislamiento de su padre, el hijo lo invitó a mudarse y, en una conversación simple, lanzó la idea que cambiaría todo: asistir al gimnasio del condominio. La sugerencia parecía modesta, pero fue suficiente para encender una llama que estaba dormida.
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Fue en ese momento que se dio el primer paso. Aún sin grandes pretensiones, decidió experimentar. Sin embargo, como en todo lo que toma en serio, rápidamente estableció un objetivo audaz: participar en la tradicional carrera de São Silvestre. La meta era clara y tenía fecha marcada.
Disciplina, Método Y Superación: Cómo Nacieron Los Kilómetros Y Las Medallas

Con un enfoque definido, Everton comenzó la preparación. El 5 de enero, él y su hijo participaron en la primera carrera de calle, una prueba de 5 km realizada en el Parque Tietê, en São Paulo. A pesar de la corta distancia oficial, el desafío fue inmenso. Para prepararse, llegó a hacer entrenamientos de hasta 15 km en la cinta, precisamente para asegurarse de que podría completar los 5 km en la calle.
El inicio fue duro. Pasos cortos, casi tímidos, marcaban no solo el esfuerzo físico, sino también el peso emocional del luto. Aún así, con el paso de las semanas, esos pasos se transformaron en kilómetros. Los kilómetros, a su vez, se convirtieron en pruebas. Y las pruebas se transformaron en medallas.
La disciplina se convirtió en la base de todo. Everton estableció una rutina de entrenamientos tres veces por semana, siempre respetando la progresión gradual. Comenzó corriendo solo 3 km, alternando carrera y caminata. Cada semana, aumentaba exactamente 25 pasos por entrenamiento, sumando 75 pasos más por semana. Según él, este método evitaba la comodidad y forzaba al cuerpo — y a la mente — a superarse constantemente.
Además, Everton destaca que no tenía sentido permanecer siempre en la misma distancia. Para él, el progreso era fundamental. A cada etapa vencida, surgía un nuevo desafío, siempre con responsabilidad y conciencia de los propios límites.
El resultado de este compromiso impresiona. En menos de un año, Everton ya ha corrido más de 2.000 km. Para dimensionar esta conquista, la distancia equivale, aproximadamente, a salir de la ciudad de São Paulo y llegar a Belém do Pará, atravesando buena parte de Brasil con solo fuerza de voluntad, disciplina y fe en la vida.
Inspiración Que Contagia: Deporte, Fe Y Propósito En La Tercera Edad
Hoy, Everton no corre solo por salud. Corre por superación, memoria y propósito. En cada prueba, busca posicionarse bien, no como una broma, sino con seriedad y orgullo. Él mismo afirma que le gusta “hacerlo bien” y no toma este compromiso a la ligera.
Residente en un condominio en la zona norte de São Paulo, Everton se ha convertido en una verdadera inspiración para vecinos y amigos. Su rutina se convirtió en ejemplo, su entrenamiento en invitación y su historia ha comenzado a motivar a otras personas a salir del sedentarismo. Algunos residentes relatan que, tras pocos meses de convivencia, ya estaban corriendo distancias significativas, motivados directamente por su actitud y disciplina.
Otro punto que marca profundamente su trayectoria es la fe. A pesar de no tener patrocinio, Everton asume todos los costos de las pruebas, que no son bajos. Según él, hoy en día una carrera raramente cuesta menos de R$ 200, mientras que eventos más grandes, como la São Silvestre, llegan a R$ 999, sin contar equipos y gastos adicionales. Aun así, sigue firme.
En una ocasión memorable, aunque no logró inscripción oficial en una maratón, Everton reprodujo toda la kilometría en la cinta del gimnasio. Al finalizar, no celebró con aplausos o fotos. Simplemente se arrodilló y alabó a Dios. Para quienes presenciaron, este gesto tuvo más valor que cualquier medalla.
Cada conquista representa una victoria sobre el dolor, el miedo y la idea de que “ya es demasiado tarde”. Más que devolver salud al cuerpo, el deporte devolvió esperanza al corazón. Para Everton, cuidar de la vida es una misión: levantarse del sofá, caminar, correr y servir de ejemplo para que otras personas también crean que es posible comenzar de nuevo.
Esta no es solo la historia de un corredor. Es la historia de un hombre que transforma vidas, que prueba que la tercera edad puede ser el momento más fuerte de una jornada y que nunca es tarde para dar el primer paso. Everton solo se detiene durante la entrevista. Fuera de ella, sigue corriendo, conversando, incentivando y acumulando medallas — porque, como él mismo dice, aún cabe mucho más en el pecho.
¿Y tú, seguirás esperando “el momento adecuado” o darás hoy el primer paso que puede transformar tu vida, así como Everton lo hizo a los 77 años?


Muito orgulho do Sr Everton. Que se supera a cada dia, dando exemplo a tanta gente. Siga sempre em frente e que venham mais medalhas. Um forte abraço.
Tenho 72 anos e participo constantemente de corrida de rua. Exceto este ano por falecimento da minha cunhada, não fiz os 15 km na esteira (São Silvestre), no dia 30 de dezembro.
Minha foto de perfil do Facebook é a foto de 1/2 maratona que fiz aos 68 anos
Tenho 74 anos corro meia maratona e outras corridas 5, 10. 15 KM.
E vibro em todas as corridas que faço não só aqui no RJ como em outros estados: São Silvestre, Pampulha, Garoto.