A los 94 años, Doña Edelzuíta volvió a estudiar tras haber sido prohibida en la infancia. Un caso real expone la exclusión histórica y reaviva el debate sobre la educación en Brasil.
Publicado primero en 6 de septiembre de 2023, por el portal Terra, el caso de Doña Edelzuíta rompe una lógica que atravesó generaciones en Brasil: la idea de que estudiar tiene una edad correcta y que, para algunas personas, este derecho simplemente nunca existió. A los 94 años, volvió al aula, convirtiéndose oficialmente en una de las estudiantes más ancianas del país en actividad regular y reavivó un debate profundo sobre educación, género, exclusión histórica y tiempo perdido.
La historia cobra aún más peso cuando se conoce el punto de partida. En la infancia, Doña Edelzuíta fue prohibida de estudiar por su propio padre, quien creía que la escuela haría que aprendiera “a escribir para novios”. La decisión interrumpió su alfabetización y pospuso por casi un siglo un deseo simple: aprender.
La infancia marcada por la prohibición de estudiar
Doña Edelzuíta nació en un Brasil rural y profundamente conservador, donde la educación femenina era vista con desconfianza. Para muchas familias, la escuela no era un lugar para las niñas. Era considerada una amenaza a las costumbres, a la autoridad paterna y al papel tradicional de la mujer.
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En su caso, la prohibición llegó temprano y fue definitiva. El padre decidió que estudiar no era necesario — y que podría incluso ser peligroso. La frase citada por el portal Terra, “aprender a escribir para novios”, resume una mentalidad que condenó a miles de mujeres al analfabetismo funcional a lo largo del siglo XX.
Sin escuela, Edelzuíta creció, trabajó, formó una familia y envejeció cargando una ausencia silenciosa: la de nunca haber tenido acceso al conocimiento formal.
Décadas alejados del aula, pero no del deseo de aprender
A pesar de estar apartada de la escuela, el deseo de aprender nunca desapareció. A lo largo de su vida adulta, Doña Edelzuíta convivió con limitaciones prácticas impuestas por la falta de alfabetización plena: dificultad con documentos, lectura restringida y dependencia constante de terceros para tareas simples.
Aun así, según relatos, siempre repetía que “quería estudiar”. Un deseo que, por mucho tiempo, parecía imposible — ya sea por la edad, ya sea por la idea socialmente difundida de que “ya pasó la hora”.
Este es un punto central de la historia: el abandono educativo no fue una elección, fue una imposición. Y el regreso, casi cien años después, es un acto de reparación personal.
El regreso a los estudios a los 94 años
Ya en la casa de los 90 años, Doña Edelzuíta tomó una decisión que sorprendió a familiares, educadores y compañeros: volvió a estudiar oficialmente a través de la educación de jóvenes y adultos. No como símbolo, no como visitante, sino como alumna regular, con cuaderno, tareas y evaluaciones.
Dentro del aula, comenzó a convivir con estudiantes de diferentes edades, muchos con menos de un tercio de su edad. Aun así, los relatos indican que rápidamente se destacó por su disciplina, atención y respeto al ambiente escolar.
La presencia de una alumna de 94 años alteró la dinámica de la clase. Los profesores comenzaron a utilizar su trayectoria como referencia viva del valor de la educación. Los alumnos más jóvenes comenzaron a tomar el estudio con más seriedad.
Cuando estudiar se convierte en un acto de resistencia histórica
El caso de Doña Edelzuíta no es solo una historia inspiradora. Expone un problema estructural en Brasil: millones de ancianos fueron privados de educación por razones culturales, económicas y de género.
Durante décadas, especialmente en el medio rural, las niñas eran sacadas de la escuela para trabajar, cuidar del hogar o simplemente porque “no necesitaban estudiar”. El regreso tardío de estas personas a la educación revela una deuda histórica que el país aún intenta saldar.
Al sentarse nuevamente en un banco escolar, Edelzuíta no solo está aprendiendo. Está rompiendo un ciclo de exclusión que ha atravesado generaciones.
El plan de ir más allá: el sueño de la universidad
Uno de los aspectos que más llama la atención en el caso es que el regreso no fue visto como un punto final. Doña Edelzuíta manifestó su deseo de seguir estudiando y, si fuera posible, ingresar a la educación superior.
Aunque el plan parezca improbable bajo una lógica puramente estadística, lleva un peso simbólico enorme. Representa la idea de que el aprendizaje no termina por la edad, sino solo cuando el individuo deja de desear aprender.
Educadores involucrados relatan que su entusiasmo contrasta con la deserción temprana de muchos jóvenes, mostrando cómo el valor de la educación cambia cuando se le ha negado durante toda una vida.
El impacto social de una historia real
Historias como la de Doña Edelzuíta ganan repercusión porque tocan algo colectivo. No hablan solo de superación individual, sino de injusticias estructurales, de oportunidades negadas y de elecciones que nunca se tomaron.
Al mismo tiempo, el caso plantea una reflexión incómoda: ¿cuántas personas nunca tuvieron la oportunidad de volver? ¿Cuántas murieron sin aprender a leer porque escucharon, demasiado pronto, que estudiar “no era para ellas”?
Doña Edelzuíta se convirtió en noticia porque volvió. Pero millones se quedaron en el camino.
Un mensaje directo para Brasil
A los 94 años, al volver a la escuela, Doña Edelzuíta envía un mensaje poderoso para un país que aún convive con la deserción escolar, el analfabetismo funcional y la desvalorización de la enseñanza.
Muestra que aprender no tiene edad — pero también evidencia que nadie debería tener que esperar casi un siglo para ejercer este derecho.
Más que una historia inspiradora, su caso es un espejo de todo lo que Brasil necesita corregir cuando se trata de educación, igualdad y acceso al conocimiento.



Valeu Edelzuita, mostra para todos e todas que dizem: sou muito velho ou velha para fazer qualquer coisa porque passou da idade, inclusive estudar. Parabéns
Essa história é inspiradora? Sim. Exemplo para muitas pessoas? Sim. E é lógico que a dona Edelzuita está animada para, se possível, (conforme a reportagem apontou) encarar uma faculdade. No entanto, sabemos que a régua sobe um pouco, e as cobranças de trabalhos e TCC exigem não apenas intelecto, exige bastante agilidade. Impossível não é, mas tem que ter um grande propósito.
Ela já é vitoriosa, mesmo sem faculdade ou TCC. Parabéns D. Edelzuita.
Planeja faculdade?