Expertos evalúan que la captura de Maduro tras el ataque de los Estados Unidos abrió una fase explosiva en Venezuela, en la que la disputa por el control del país dejó de ser solo política y pasó a involucrar directamente a la cúpula militar. La operación de la madrugada, que removió al dictador del Palacio de Miraflores, no cerró la crisis, solo cambió el tipo de conflicto.
Por la Constitución, la vicepresidente Delcy Rodríguez sería la primera en la fila para asumir, seguida por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Pero, como explica el investigador Vitélio Brustolin, ese diseño fue pensado para situaciones internas, no para un escenario en el que una fuerza extranjera derriba y promueve la captura de Maduro. En la práctica, la sucesión se volvió un ajedrez en el que cada pieza mide fuerza con las Fuerzas Armadas para ver quién puede gobernar de hecho.
¿Qué cambia en Venezuela después de la captura de Maduro?
La captura de Maduro rompió lo poco de previsibilidad que aún existía en la política venezolana. Hasta el ataque estadounidense, el régimen se sostenía en tres pilares principales: control institucional, apoyo militar y represión sistemática a la oposición. Con el líder fuera de escena, el país entra en una fase de transición sin guion claro.
Brustolin recuerda que, técnicamente, Delcy Rodríguez ya se ha presentado como sucesora, llegó a pedir pruebas de vida de Maduro y trata de ocupar el espacio de comando. El problema es que la legitimidad de esta sucesión está siendo cuestionada dentro y fuera de Venezuela, lo que agrava la incertidumbre. La duda no es solo quién asume en el papel, sino quién controla, en la práctica, ministerios, empresas estatales, empresas estratégicas y, principalmente, los cuarteles.
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Línea sucesoria en choque con la intervención externa
La Constitución de Venezuela prevé que la vicepresidente asuma en caso de ausencia del presidente, para luego, si es necesario, pasar la banda al presidente de la Asamblea Nacional.
En teoría, sería un proceso lineal, con Delcy Rodríguez al frente y Jorge Rodríguez justo detrás.
Solo que la captura de Maduro a manos de los Estados Unidos creó una situación de excepción. Brustolin destaca que la lógica constitucional fue elaborada para crisis internas, no para una deposición promovida por un ataque extranjero.
Parte de la élite política y militar puede considerar que este tipo de alejamiento rompe el sentido original de la sucesión y abre espacio para interpretaciones diferentes de la misma regla.
Es ahí donde surgen riesgos concretos: grupos cercanos a la vicepresidencia, a la Asamblea Nacional y a otras figuras del régimen pueden intentar reivindicar el control al mismo tiempo, cada uno usando la Constitución a su favor.
Sin un consenso mínimo, el país puede ver nacer gobiernos paralelos y lealtades divididas, con impacto directo en la calle, en las instituciones y en la economía.
Fuerzas Armadas: de sustentación del régimen a árbitro del post-Maduro
Si la política entró en cortocircuito, los focos se vuelven hacia el único actor capaz de decidir, en la práctica, quién gobierna: las Fuerzas Armadas.
Según Brustolin, Venezuela tiene más de 2.000 generales para un efectivo de alrededor de 340.000 miembros, incluidas fuerzas paramilitares, un número muy superior al de países como Brasil, que tiene aproximadamente 300 generales para un contingente similar.
Este inflamiento no es casual. A lo largo de los años, Maduro ha distribuido puestos y privilegios, colocando militares al mando de áreas estratégicas, como emisoras de televisión estatales, sectores de minería y órganos de control económico.
Hay informes que ligan parte de estos oficiales a actividades ilícitas, como tráfico de drogas y cambio paralelo, lo que convierte la permanencia en el poder en una cuestión de supervivencia personal para muchos de ellos.
En un escenario de captura de Maduro, la pregunta central es: ¿qué fracción de las Fuerzas Armadas aceptará negociar una transición y cuál preferirá resistir para preservar privilegios y evitar responsabilidades?
La respuesta a esta pregunta define si el país avanza hacia una salida pactada o hacia un enfrentamiento interno.
Amnistía, guerra civil y presión sobre los militares
Una de las propuestas que se pusieron sobre la mesa incluso antes de la captura de Maduro venía del candidato Edmundo Gonzalez en las elecciones de 2024: ofrecer algún tipo de amnistía a los militares para facilitar una transición sin derramamiento de sangre.
La idea es crear un incentivo para que los generales abandonen el núcleo duro del régimen sin temer automáticamente prisiones y juicios.
Brustolin destaca que Gonzalez ve la amnistía como una posible barrera contra una guerra civil. Si la caída de Maduro es seguida de promesas de castigo inmediato e irrestricto, la tendencia es que sectores armados luchen hasta el final para no perderlo todo.
Por otro lado, una amnistía demasiado amplia puede ser vista como impunidad ante acusaciones de persecución, torturas y asesinatos documentados en informes de la ONU.
Este dilema coloca a Venezuela en una encrucijada: ¿cómo equilibrar justicia mínima para las víctimas, estabilidad política y desmovilización de militares involucrados con el régimen?
Sin un acuerdo razonable, la combinación de armas, miedo y deseo de venganza puede empujar al país a un conflicto interno de grandes proporciones.
La población civil en medio del fuego cruzado
Mientras las élites políticas y militares calculan movimientos, la población venezolana sigue siendo la parte más vulnerable del tablero. Según Brustolin, la sociedad sufre desde hace más de 25 años bajo un régimen autoritario, con crisis económicas sucesivas, migración masiva y deterioro de los servicios básicos.
En un escenario de tensión tras la captura de Maduro, los civiles no tienen medios para enfrentar a fuerzas armadas bien equipadas.
La población, en gran parte desarmada y ya exhausta, corre el riesgo de convertirse en rehén de enfrentamientos entre grupos rivales que disputan ministerios, territorios y fuentes de ingresos.
Cualquier error de cálculo en la transición puede traducirse en represión más dura, desplazamientos forzados y aumento de la violencia en grandes ciudades y fronteras.
Lo que está en juego el día siguiente a la captura de Maduro
La captura de Maduro no resolvió la crisis venezolana, solo inauguró una fase nueva y más inestable. Lo que está en juego ahora es si Venezuela será capaz de usar esta ruptura como punto de partida para reconstruir instituciones y negociar una salida menos traumática, o si el país va a deslizarse hacia una espiral de radicalización, con las Fuerzas Armadas divididas y la amenaza real de guerra civil.
Para ello, será decisivo observar tres movimientos:
1. Cómo Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez se posicionarán en la disputa por la sucesión política.
2. Qué tipo de garantía o amnistía se ofrecerá a militares y civiles ligados al núcleo duro del régimen.
3. Cuál será el papel de la comunidad internacional, que puede tanto mediar como amplificar tensiones, dependiendo de cómo actúe.
Al final, detrás de siglas, cargos y estrategias, está una población cansada, que ve en la caída del dictador la oportunidad de pasar la página, pero que teme tener que pagar de nuevo el precio de decisiones tomadas a puerta cerrada.
Ante este escenario, ¿creen que una transición negociada después de la captura de Maduro es posible o piensan que Venezuela está más cerca de una guerra civil que de un acuerdo político real?

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