Después de una conversación considerada ‘productiva’ en Florida, EE.UU. y Ucrania admiten que un acuerdo de paz con Rusia exigirá nuevas concesiones, resisten ceder territorio, mantienen la defensa de la soberanía ucraniana y apuestan por negociaciones en Moscú con un emisario estadounidense aún esta semana bajo fuerte presión militar y política rusa
Las negociaciones entre EE.UU. y Ucrania en Florida mostraron un raro punto de convergencia en medio de más de tres años de guerra: la percepción de que cualquier paz duradera con Rusia requerirá concesiones dolorosas de todas las partes. Al mismo tiempo, Washington y Kyiv repiten públicamente que no están dispuestos a renunciar a territorio ucraniano, lo que mantiene el estancamiento en el centro de la mesa.
En este contexto, EE.UU. y Ucrania decidieron apostar por una nueva ronda de conversaciones en Moscú, liderada por un emisario estadounidense que intentará acercar posiciones con el Kremlin. La misión ocurre en paralelo a la presión del presidente Donald Trump, que prometió terminar la guerra rápidamente, pero ahora admite en privado la complejidad de construir un acuerdo aceptable para todos.
Conversaciones en Florida acercan a EE.UU. y Ucrania, pero no resuelven impases centrales
Las delegaciones de EE.UU. y Ucrania se reunieron en un club privado cerca de Miami, en Florida, para discutir los próximos pasos del plan de paz propuesto por Washington.
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Según ambas partes, las conversaciones fueron calificadas como productivas, con avances en la definición de principios generales para un eventual acuerdo con Rusia.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, salió de la reunión intentando equilibrar realismo y optimismo.
Él afirmó que el objetivo de EE.UU. es garantizar que Ucrania siga siendo soberana, independiente y con condiciones para reconstruir un futuro más próspero después del conflicto.
Al mismo tiempo, reconoció que la distancia entre las posiciones actuales de Kyiv y Moscú todavía es grande, especialmente en temas como fronteras, seguridad y garantías internacionales.
Del lado ucraniano, el nuevo negociador en jefe, Rustem Umerov, destacó la importancia del apoyo de Washington.
Él dijo que EE.UU. sigue escuchando las preocupaciones ucranianas y se muestra dispuesto a ajustar el plan de paz para contemplar las líneas rojas de Kyiv. En la práctica, esto significa evitar cualquier fórmula que parezca premiar la ofensiva rusa o legitimar anexiones forzadas.
EE.UU. y Ucrania resisten ceder territorio, incluso bajo presión
Uno de los puntos más sensibles de las discusiones es la presión, sobre todo del equipo de Trump, para que EE.UU. y Ucrania consideren concesiones territoriales como parte del paquete de paz.
Críticos del plan original afirman que la propuesta estadounidense parecía favorecer a Rusia al sugerir, entre líneas, que Kyiv podría renunciar a áreas hoy ocupadas por fuerzas rusas.
El equipo ucraniano reaccionó. Kyiv insiste en que no aceptará un acuerdo que congele la línea de frente actual y transforme la ocupación militar en un hecho consumado.
Esta posición es reforzada por el propio presidente Volodymyr Zelensky, que, incluso enfrentando una crisis política interna alimentada por denuncias de corrupción y cansancio de guerra, repite que no firmará un mal acuerdo solo para poner fin a los combates de cualquier manera.
Del lado estadounidense, Rubio intenta modular el mensaje. Él admite que hay presiones políticas internas en EE.UU. por resultados rápidos, especialmente después de que Trump prometió, durante la campaña, acabar con la guerra en un día.
Pero, en los pasillos, asistentes reconocen que eso era más un eslogan electoral que un cronograma realista y que cualquier paz está condicionada a concesiones recíprocas, no a una victoria instantánea en la mesa de negociaciones.
Emisario estadounidense va a Moscú a intentar desbloquear negociaciones con Rusia
Mientras EE.UU. y Ucrania ajustan posiciones, el emisario especial Steve Witkoff prepara un viaje a Moscú para reunirse con autoridades rusas aún esta semana.
La misión tendrá como objetivo probar hasta dónde el Kremlin está dispuesto a ir en términos de concesiones y qué garantías exigirá a cambio de un cese al fuego o de un acuerdo más amplio.
La presencia de Witkoff y del yerno de Trump, Jared Kushner, en el proceso añade un componente político significativo.
Trump busca mostrar a la opinión pública estadounidense que está personalmente involucrado en la construcción de una salida negociada, al mismo tiempo que intenta evitar la imagen de debilidad ante Vladimir Putin. Este equilibrio es delicado e influye directamente en el tono de las conversaciones en Moscú.
Para Kyiv, el viaje del emisario estadounidense es una oportunidad y un riesgo. Por un lado, puede abrir una ventana real de diálogo con Rusia, que hasta ahora se ha mostrado resistente a concesiones sustanciales.
Por otro lado, aumenta el temor de que decisiones importantes sean acordadas lejos de la mesa ucraniana, empujando a EE.UU. y Ucrania a aceptar términos que hoy son considerados inaceptables en Kyiv.
Crisis interna y presión militar aumentan costo político de la paz
Mientras diplomáticos circulan entre Florida, Ginebra y Moscú, EE.UU. y Ucrania lidian con dinámicas internas que hacen que cualquier gesto de concesión sea aún más costoso políticamente.
En el caso ucraniano, la renuncia de Andriy Yermak, exjefe de gabinete de Zelensky, tras un escándalo de corrupción, sacudió la confianza de parte de la población en las élites políticas en medio de la guerra.
Al mismo tiempo, Rusia intensificó ataques a la infraestructura energética, provocando apagones generalizados y poniendo a prueba la resiliencia de la sociedad ucraniana en pleno invierno.
Zelensky reconoció públicamente que el país atraviesa el momento más difícil desde el inicio de la invasión, pero reafirmó que no aceptará un acuerdo que comprometa el futuro de Ucrania solo para aliviar la presión inmediata.
En EE.UU., Trump enfrenta críticas de sectores que lo acusan de ser complaciente con Moscú y, al mismo tiempo, de fallar en entregar la paz rápida que prometió. Esta combinación de presión interna y desgaste externo ayuda a explicar por qué EE.UU. y Ucrania hablan de concesiones, pero evitan detallar públicamente hasta dónde están dispuestos a llegar para terminar el conflicto.
Próximos pasos y escenario probable para las negociaciones de paz
El camino por delante implica una secuencia de rondas diplomáticas, en las que EE.UU. y Ucrania intentarán consolidar puntos mínimos de consenso con Rusia.
Entre ellos están el fin de los ataques contra civiles e infraestructura, algún tipo de garantía de seguridad para Kyiv y mecanismos internacionales de monitoreo de un eventual cese al fuego.
Diplomáticos involucrados en el proceso reconocen que es improbable llegar a un tratado completo de paz a corto plazo.
El escenario más realista, según estos interlocutores, es la construcción gradual de acuerdos parciales, que reduzcan la intensidad de los combates y abran espacio para negociaciones más profundas en el futuro.
Mientras tanto, la guerra sigue definiendo el ritmo de la política y la economía en toda la región, con impactos globales sobre energía, seguridad alimentaria y alianzas militares.
En cada nueva ronda de diálogo, la pregunta central permanece la misma: ¿cuánto está realmente dispuesto a ceder cada lado para transformar disparos en texto diplomático firmado.
En su lugar, ¿considera que EE.UU. y Ucrania deberían aceptar alguna concesión territorial para acelerar la paz con Rusia o es mejor mantener la posición actual incluso con el costo humano prolongado de la guerra?

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