Tras casi desaparecer completamente del planeta, la onza-pintada pasó a tener células clonadas en laboratorio, embriones formados fuera del útero y se convirtió en una apuesta científica para evitar una extinción silenciosa
Imagina acompañar una cacería que no termina con la muerte del animal, sino con el intento de salvarlo de la desaparición definitiva. Fue exactamente ese escenario que se desarrolló en la Fazenda Bodoquena, en Miranda, en Mato Grosso do Sul, donde científicos pasaron días tratando de capturar una onza-pintada para recolectar algo más valioso que sangre o semen: células capaces de mantener viva la genética de la especie.
La información fue divulgada en un reportaje firmado por Xavier Bartaburu, con datos obtenidos directamente en el campo junto a investigadores brasileños especializados en reproducción asistida de animales silvestres. Conforme al material recopilado, la ciencia comenzó a apostar en una frontera sensible entre ética, tecnología y supervivencia de la biodiversidad.
La captura que cambió el rumbo de la investigación con onzas-pintadas
Primero, el equipo llegó a la Fazenda Bodoquena al atardecer, tras la identificación de una carcaña de bovino. Como las onzas suelen regresar al lugar por algunos días, la estrategia parecía segura. Sin embargo, la captura no sería simple. En dos intentos consecutivos, el animal logró desarmar el lazo y escapar.
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Solo en el tercer día, a las 21h10, un macho adulto fue registrado por la cámara y terminó atrapado. A continuación, se inició una operación de tres horas. El animal recibió anestesia, fue pesado — 113 kilos — y pasó por una serie de recolectas biológicas. Entre ellas estaban sangre, pelos, garrapatas, semen y un pequeño fragmento de la oreja.
Ese detalle, aparentemente simple, se convirtió en el punto central de la investigación. Aunque el semen recolectado estaba inviable, posiblemente debido a las bajas temperaturas de la noche, el tejido de la oreja guardaba una alternativa inesperada: células somáticas capaces de generar embriones por clonación.
El animal, nombrado Leonço, tenía alrededor de ocho años. En la naturaleza, los machos suelen vivir hasta 13 años, muchas veces con marcas de peleas territoriales. Después del procedimiento, despertó de la anestesia y regresó a la mata, mientras su material genético iba a un laboratorio.
Del Pantanal al laboratorio: cómo funciona la clonación de la onza-pintada

Al día siguiente, los investigadores regresaron a Campo Grande, donde funciona el laboratorio del Reprocon, grupo de investigación vinculado al biotério central de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS). Allí comenzó una nueva etapa: el cultivo de las células extraídas de la oreja.
Estas muestras liberan fibroblastos, células somáticas de la misma familia que las células madre. En solo un mes, dos centímetros de tejido pueden generar entre 20 y 30 millones de células, cada una con potencial para originar un embrión clonado.
El proceso implica la eliminación del material genético de un óvulo — llamado oócito — y la inserción del fibroblasto. A continuación, se lleva a cabo una electrofusión, que activa el desarrollo embrionario. Posteriormente, el embrión debe ser transferido a una hembra para completar la gestación.
En 2023, el grupo logró avanzar hasta la etapa de mórula, tres días después de la fecundación. Para 2025, la expectativa es iniciar los primeros intentos de transferencia embrionaria.
Este avance solo fue posible porque el Reprocon mantiene el mayor biobanco de onzas-pintadas del mundo, con:
- sangre de alrededor de 160 individuos;
- tecido de 60 onzas;
- sêmen de 30 machos.
Todo el material permanece almacenado en botijones de nitrógeno líquido, garantizando preservación genética a largo plazo.
La realidad de la onza-pintada en Brasil y el riesgo de extinción silenciosa
La onza-pintada es el mayor felino de las Américas y ocupa casi todos los biomas brasileños, con la excepción de los Pampas. Sin embargo, la situación varía drásticamente según la región.
Estudios recientes indican:
- entre 10 y 21 mil individuos en la Amazonía;
- hasta 5 mil en el Pantanal;
- alrededor de mil en el Cerrado;
- menos de 250 adultos en la Mata Atlántica y en la Caatinga, donde la especie está críticamente amenazada.
Además, la fragmentación de hábitat ha reducido la dispersión natural de los machos, que normalmente recorren grandes áreas. Dependiendo de la oferta de presas, el territorio de una onza puede variar de 5 a 400 km². En el Pantanal, algunos individuos superan 130 kg, mientras que en la Caatinga pueden pesar solo 50 kg.
Sin embargo, las carreteras, la expansión agropecuaria y los conflictos con humanos han intensificado las muertes por retaliación y atropellamiento. Entre 2016 y 2023, por ejemplo, 19 onzas murieron solo en la BR-262, entre Miranda y Corumbá.
En este contexto, la clonación no surge como solución única, sino como una herramienta complementaria. Permite preservar material genético de poblaciones aisladas, reducir la consanguinidad y mantener opciones futuras de reintroducción.
Por qué la clonación no sustituye la conservación tradicional
A pesar del impacto científico, los propios investigadores alertan: la clonación no salva especies por sí sola. Antes que nada, es esencial preservar áreas naturales, crear corredores ecológicos y reducir conflictos con comunidades locales.
Aun así, en biomas fragmentados como la Mata Atlántica, donde conectar áreas se ha vuelto inviable, la reproducción asistida surge como una alternativa estratégica. Técnicas como inseminación artificial, fertilización in vitro y clonación permiten llevar genética de una región a otra sin desplazar animales adultos.
Además, nuevas tecnologías amplían las posibilidades. Dispositivos microfluídicos desarrollados en Brasil, que cuestan alrededor de 15 dólares, sustituyen equipos costosos de laboratorio y pueden usarse directamente en el campo. Cada unidad puede reutilizarse hasta nueve veces, facilitando la recolección y selección de células viables.
Por lo tanto, la clonación de la onza-pintada no representa un experimento aislado, sino parte de un esfuerzo mayor para evitar que la especie desaparezca sin que el mundo lo perciba.
El futuro de la especie entre ciencia, ética y supervivencia
A medida que la tecnología avanza, también surgen dudas éticas y científicas. Aún no se sabe si un animal clonado vivirá menos, si podrá reproducirse o si estará apto para regresar a la naturaleza. Por eso, cada etapa exige un seguimiento riguroso.
Aun así, los investigadores defienden que dejar de actuar sería más arriesgado. En un escenario de cambios acelerados, almacenar genética hoy puede ser la única oportunidad de recuperación mañana.
Al final, la historia de la onza-pintada revela más que un avance científico. Expone el límite entre pérdida y esperanza, mostrando que, cuando la naturaleza ya no puede salvarse sola, la ciencia puede — y quizás deba — intentar ayudar.
¿Hasta dónde debe llegar la ciencia para evitar la extinción de una especie que ya ha perdido casi todo su espacio en la naturaleza?

Tem quer muito alienado pra achar que Onça Pintada quase extinguiu… Isso só prova que não se conhece o Brasil….