Pareja de jubilados vende casa, embarca en barcos y vive viajando por el mundo desde hace años; ya han visitado 75 países y dicen gastar menos de lo que vivían en tierra firme.
Lo que para muchos parece un sueño lejano se ha convertido en la rutina de una pareja de jubilados que decidió transformar el océano en una dirección fija. El estadounidense Richard Burk y su esposa Angelyn Burk, ambos del estado de Washington, vendieron su casa, se deshicieron de sus bienes y cambiaron la vida cotidiana terrestre por la vida permanente en cruceros. Desde mayo de 2021, viven embarcados, pasando de un barco a otro, y ya han visitado más de 75 países, explorando destinos en todos los continentes: desde Alaska hasta Australia, desde el Mediterráneo hasta el Caribe.
La decisión fue motivada por una cuenta sencilla: vivir en el mar cuesta menos que mantener una casa en Estados Unidos. Según la pareja, la suma de impuestos, mantenimiento, energía, alimentación y transporte superaba el valor que gastan actualmente en pasajes de crucero. Hoy, la pareja vive con un presupuesto promedio de US$ 100 por día, lo que equivale a cerca de R$ 15 mil por mes, incluyendo alojamiento, alimentación completa, limpieza, entretenimiento y hasta atención médica básica a bordo.
“Hicimos las cuentas y nos dimos cuenta de que podríamos vivir viajando, con todo incluido, por menos de lo que gastaríamos viviendo en tierra”, explicó Angelyn al portal Toronto Life, que documentó el caso. Para la pareja, el estilo de vida marítimo trajo libertad y seguridad: “Tenemos una rutina tranquila, conocemos nuevas personas y despertamos en un destino diferente cada semana.”
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El cálculo que cambió la vida de la pareja
Richard y Angelyn trabajaron durante décadas: él como ingeniero y ella como contadora. Al jubilarse, comenzaron a viajar con frecuencia, y la idea de vivir embarcados surgió naturalmente tras años de vacaciones pasadas en barcos.
En lugar de comprar una casa más pequeña o mudarse a un complejo de jubilados, la pareja decidió vender todos sus bienes, incluidos el coche y la propiedad, y usar el dinero para financiar viajes continuos.
Descubrieron que, al reservar cruceros con antelación, aprovechar promociones y optar por rutas consecutivas, el costo diario se mantenía por debajo de US$ 100, un valor considerado bajo en comparación con los gastos promedio de jubilados estadounidenses.
El paquete incluye comidas completas, espectáculos, gimnasio, atención médica básica y limpieza diaria de la cabina, gastos que, en una vida en tierra firme, estarían distribuidos en cuentas mensuales separadas.
“Vivimos sin preocupaciones. No tenemos hipoteca, no tenemos cuentas de luz, agua o internet. Todo está incluido. Y cuando el barco llega a un nuevo puerto, simplemente bajamos y exploramos el destino”, contó Richard.
Rutina en alta mar
La vida a bordo sigue una rutina diferente a la convencional. La pareja pasa dos a tres semanas en cada barco, alternando entre compañías como Royal Caribbean, Holland America y Carnival Cruises. Cuando hay un intervalo entre viajes, pasan breves períodos en tierra, generalmente hospedados en hoteles cercanos a los puertos de embarque.
Según ellos, la rutina está organizada de forma que optimiza costos y tiempo de desplazamiento. Los viajes se planean en función de la disponibilidad de cabinas económicas y los itinerarios más largos, lo que reduce el costo por día.
“Hay cruceros de reposicionamiento, cuando el barco cambia de región, que cuestan menos y nos permiten cruzar océanos gastando poco”, explica Richard.
La pareja afirma que no extraña la vida tradicional, ni el apego a bienes materiales.
“Nuestros amigos nos preguntan si no nos cansamos, pero siempre respondemos que no. Cada mañana, despertamos en un país diferente. La vista cambia, la gente cambia, y eso es lo que nos mantiene jóvenes”, dice Angelyn.
Vivir en el mar: tendencia en crecimiento
El fenómeno de transformar barcos en residencias permanentes está en aumento. Compañías como Storylines y Villa Vie Residences ya venden apartamentos marítimos con planes vitalicios, dirigidos a personas que desean vivir permanentemente en el mar. Los precios varían de US$ 300 mil a US$ 1,5 millones, con itinerarios que dan la vuelta al mundo cada tres años.
Según la Cruise Lines International Association (CLIA), el número de pasajeros de larga permanencia aumentó en 18% entre 2019 y 2024, impulsado por jubilados que buscan practicidad y estabilidad financiera en un entorno seguro.
Con la popularización de los cruceros todo incluido y el aumento del costo de vida en las grandes ciudades, vivir a bordo se ha vuelto financieramente más viable para parte de la población.
El caso de Richard y Angelyn ha ganado notoriedad precisamente por ilustrar esta nueva lógica económica: mientras los precios de la vivienda se dispararon en Estados Unidos, la pareja encontró en alta mar una forma sostenible de vivir la jubilación con comodidad y previsibilidad de gastos.
Impacto psicológico y estilo de vida
A pesar de que la vida en el mar parece idílica, la pareja admite que la adaptación requirió planificación y desapego. Los primeros meses fueron marcados por incertidumbre y añoranza de amigos, pero con el tiempo la rutina a bordo se volvió natural.
Hoy, Richard y Angelyn tienen una red de conocidos entre tripulantes y pasajeros frecuentes, lo que transforma cada viaje en un reencuentro. “Ya sabemos el nombre de muchos empleados, y ellos recuerdan lo que nos gusta comer. Es como vivir en un vecindario flotante”, bromea Angelyn.
La elección también ha traído beneficios para la salud. Ambos caminan en las cubiertas a diario, participan en clases de danza y evitan largos períodos de sedentarismo. “Nunca nos hemos sentido tan activos”, dice Richard. “Siempre hay algo que hacer, y la alimentación es equilibrada.”
El futuro a bordo
La pareja no tiene planes de regresar a la vida en tierra firme. En los próximos años, pretenden seguir viajando y, posiblemente, adquirir un plan de residencia marítima permanente en barcos residenciales, que están convirtiéndose en populares en el mercado internacional.
“Mientras tengamos salud, el mar será nuestro hogar”, afirma Angelyn.
Sueñan con alcanzar la marca de 100 países visitados para 2026, lo que podría consolidarlos como una de las parejas con mayor tiempo continuado de vida en cruceros en el mundo.
La historia de Richard y Angelyn Burk refleja una tendencia global: la búsqueda de libertad y nuevas formas de vivir la jubilación sin el peso de la rutina y de los gastos fijos. En lugar de paredes, tienen horizontes. En lugar de dirección, coordenadas.
Lo que comenzó como una aventura se convirtió en un nuevo estilo de vida: un recordatorio de que, para quienes planifican y se adaptan, el mar puede ser más que una travesía: puede ser, literalmente, un hogar.


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