La presencia naval ampliada en el Atlántico Sur combina tecnología francesa, larga autonomía y enfoque en la fiscalización pesquera en una de las áreas marítimas más disputadas del hemisferio, con operaciones continuas de vigilancia, búsqueda y salvamento y protección de recursos estratégicos.
Argentina ha consolidado en el Atlántico Sur una flota de cuatro patrulleros oceánicos de origen francés para ampliar la vigilancia de la Zona Económica Exclusiva, reforzar la presencia naval y sostener misiones permanentes de fiscalización, búsqueda y salvamento y protección de recursos naturales en un área superior a 1,159 millones de km².
Las embarcaciones integran el proyecto de recomposición de la capacidad de patrullaje marítimo de la Armada y comenzaron a operar como una de las principales herramientas del país en el control del espacio marítimo de interés nacional.
Flota de patrulleros franceses refuerza vigilancia marítima
El núcleo de este dispositivo está formado por el ARA Bouchard, ARA Piedrabuena, ARA Storni y ARA Contraalmirante Cordero, barcos incorporados en etapas sucesivas para recomponer una capacidad considerada estratégica por la Armada argentina.
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El programa se completó con la entrega del cuarto patrullero en abril de 2022, cerrando un ciclo de incorporaciones que cumplió con el cronograma establecido entre la empresa y Buenos Aires.
Hay una distinción importante dentro de la serie.
El Bouchard no nació originalmente bajo bandera argentina, porque era el L’Adroit, empleado antes por la Marina Francesa y luego modernizado para su transferencia.
En cambio, Piedrabuena, Storni y Contraalmirante Cordero fueron construidos en Concarneau para completar el pedido destinado a la Armada.
Esta combinación permitió acelerar la entrada en servicio del primer casco y, al mismo tiempo, viabilizar la entrega de las demás unidades en una secuencia relativamente corta.

Las misiones incluyen combate a la pesca ilegal y salvamento marítimo
En la formulación oficial argentina, el empleo de estos patrulleros va más allá de la simple presencia naval.
La función atribuida a las unidades incluye vigilancia y control de los espacios marítimos, interdicción en el mar, protección del comercio marítimo y fluvial y ejecución de operaciones de búsqueda y salvamento.
También hay apoyo directo al monitoreo pesquero en coordinación con la estructura estatal encargada del control en el Atlántico Sur.
Este papel gana mayor dimensión cuando se observa el ambiente en el que Argentina actúa.
Documentos públicos del gobierno describen el área adyacente a la ZEE como una de las regiones pesqueras más relevantes del país, destacando la merluza, el langostino y el calamar.
Registros oficiales indican que embarcaciones extrarregionales suelen concentrarse cerca de la llamada milla 200.
La documentación también reconoce que, en algunas ocasiones, se detectan barcos capturando especies dentro de la zona económica argentina de forma ilegal.
Por eso, la presencia de medios navales de larga permanencia ha pasado a ser tratada como un componente regular de la acción del Estado en el mar.
La coordinación se realiza bajo el Comando Conjunto Marítimo, estructura destinada al monitoreo y la respuesta en un espacio amplio y sensible.
Especificaciones técnicas favorecen operaciones prolongadas
Las especificaciones de la clase ayudan a explicar la elección de este modelo de patrullero.
En el caso del ARA Bouchard, la Armada informa 87 metros de longitud, 1,650 toneladas de desplazamiento, autonomía de 7,500 millas náuticas a 12 nudos y velocidad máxima de 21 nudos.
Los números son compatibles con el perfil de una plataforma diseñada para misiones prolongadas de patrullaje y presencia oceánica.
El Naval Group añade que los OPVs argentinos pueden permanecer por más de tres semanas en el mar.
Las embarcaciones operan con una tripulación reducida de alrededor de 40 militares y pueden acomodar personal adicional.
También tienen capacidad para recibir un helicóptero a bordo.
Otro aspecto destacado es la visibilidad de 360 grados desde el puente y la cobertura panorámica de radar.
Estos recursos favorecen la vigilancia continua y la identificación de comportamientos sospechosos en áreas extensas.
Armamento y sistemas amplían capacidad de respuesta
Este paquete no se limitó a la configuración estándar del casco.
La serie recibió adaptaciones para atender a las necesidades argentinas, incluyendo sistemas orientados al comando y a la conciencia situacional.
En el Storni, se destacó la integración del POLARIS y del enlace táctico NiDL, desarrollados para misiones estatales en el mar.
En el plano del armamento, el Bouchard recibió un cañón Marlin WS de 30 milímetros. El sistema fue instalado en Mar del Plata con apoyo técnico internacional.
La incorporación fue presentada como parte del ajuste a las exigencias operativas locales. El armamento está orientado principalmente a misiones de fiscalización, advertencia y respuesta gradual.
Además, los barcos pueden lanzar embarcaciones de intervención por rampa de popa. Este recurso permite abordajes rápidos y eficientes durante operaciones en el mar.
El entrenamiento en Francia aceleró la entrada en operación
La incorporación de los patrulleros no se limitó a la entrega física de los barcos. Parte central del programa involucró la capacitación de las tripulaciones en Francia.
En el caso del Piedrabuena, hubo entrenamiento para una tripulación de 44 personas. La preparación fue conducida por equipos especializados en operación y mantenimiento.
Con el Storni, la formación siguió una línea similar. Los 42 marineros permanecieron por casi cuatro meses en Concarneau.
Las actividades incluyeron entrenamiento teórico y práctico, tanto en puerto como en navegación. Esta etapa buscó reducir la curva de adaptación y acelerar la entrada en servicio.
El área de actuación incluye una de las mayores zonas SAR del mundo
La relevancia de estos medios crece cuando se considera la extensión de las responsabilidades argentinas en el mar.
El país responde por un área de búsqueda y salvamento de alrededor de 16 millones de km². Este escenario amplía la necesidad de barcos capaces de operar por largos períodos lejos de la costa.
Dentro de este contexto, los patrulleros franceses representan una capacidad permanente de vigilancia, fiscalización y respuesta.
La actuación ocurre en un ambiente donde la actividad pesquera, las rutas comerciales, la soberanía y la protección de recursos se superponen diariamente.
En este escenario operativo, la clase Bouchard se ha consolidado como una de las principales herramientas de la presencia naval argentina en el Atlántico Sur.

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