Descubrimiento Arqueológico Revela Nuevos Detalles Sobre Tutmés II, Mostrando Un Gobernante Egipcio Con Poderes e Influencia Más Allá De Lo Que Se Conocía
Las Montañas Tebanas, silenciosas desde hace miles de años, acaban de revelar un secreto guardado durante 3.500 años. Entre las sombras de los templos monumentales de Luxor, arqueólogos encontraron una tumba sellada durante milenios. ¿Su ocupante? Tutmés II, un faraón cuyo reinado discreto parecía destinado al olvido.
Ninguna gran construcción celebrando sus conquistas, ningún registro grandioso. Hasta ahora, todo indicaba que había sido borrado de la historia. Pero un descubrimiento reciente puede cambiar esta percepción.
El Rey Que La Historia Intentó Borrar
Tutmés II gobernó Egipto entre 1493 y 1479 a.C. Era hijo de Tutmés I con la reina secundaria Mutnofret y ascendió al trono al casarse con su media hermana Hatshepsut. Su reinado siempre se consideró débil y sin relevancia.
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Pocos monumentos llevan su nombre. En Karnak, Elefantina y en Nubia, supervisó construcciones modestas. Sin embargo, la mayoría de sus logros fueron eclipsados por su esposa y su hijo, Tutmés III.
En el campo militar, se le atribuye reprimir revueltas en Nubia y en el Levante. Sin embargo, las evidencias indican que sus generales lideraron estas campañas.
Su estado de salud deteriorado, confirmado por el análisis de su momia —extrema delgadez y piel marcada por lesiones— refuerza las hipótesis de un gobernante influenciado por su esposa. Hatshepsut pudo haber ejercido el verdadero poder durante el reinado de su marido.
Sin embargo, la tumba recién descubierta arroja nuevas luces sobre esta narrativa. Fragmentos de alabastro traen el cartucho real “Aakheperenre”, lo que confirma que Tutmés II fue faraón por mérito propio.
En las paredes, pasajes del Libro de Amduat indican que recibió ritos fúnebres reservados a los reyes del Nuevo Reino. El techo pintado de azul estrellado, similar a las tumbas de figuras importantes como Tutmés III y Ramsés VI, refuerza su importancia.
A pesar de esto, tras su muerte, su legado fue casi completamente borrado. Hatshepsut, que se autoproclamó faraón, sustituyó el nombre de Tutmés II por el suyo en diversas ocasiones.
Tutmés III, por su parte, continuó el trabajo de borrado en busca de legitimidad. Este esfuerzo deliberado puede explicar por qué la tumba permaneció oculta durante tanto tiempo.
Misterio En La Tumba Vacía
Al ingresar a la tumba, los arqueólogos se encontraron con un enigma. La cámara funeraria estaba completamente vacía. Ningún sarcófago, tesoro o mobiliario. Pero el lugar no fue saqueado —fue vaciado intencionadamente.
Análisis preliminares sugieren que ocurrió una inundación catastrófica poco después del entierro. La tumba, ubicada bajo una antigua cascada, se llenó de barro y escombros.
Esto obligó a los sacerdotes a mover el cuerpo y los objetos funerarios a otro lugar. Fragmentos de vasos funerarios con el nombre de Tutmés II, rotos durante el proceso, refuerzan esta teoría.
El arqueólogo británico Piers Litherland comentó: «Fue solamente gradualmente, a medida que cribábamos todo el material —toneladas y toneladas de caliza rota— que descubrimos estos pequeños fragmentos de alabastro, que dieron el nombre a Tutmés II«.
Pero, al final, ¿dónde está realmente el faraón? Su momia, encontrada en 1881 en el escondite de Deir el-Bahari, puede no ser la de él. Hay declaraciones de que el cuerpo fue movido una segunda vez.
Si existe una segunda tumba intacta, podría contener objetos importantes y revolucionarios en la comprensión sobre los ritos funerarios del Nuevo Imperio.
Mohsen Kamel, vice-director de las excavaciones, destacó: «La posible existencia de un segundo entierro, aún intacto, es una perspectiva fascinante. Podríamos descubrir objetos de valor incalculable y obtener pistas sobre cómo fue percibido Tutmés II después de su muerte«.
Una Pieza Clave En La Historia De Los Tutmósidas
La dinastía de los Tutmósidas fue una de las más poderosas del Antiguo Egipto. Tutmés II, antes visto como figura secundaria, ahora asume un papel central en un momento de transición.
Su hijo, Tutmés III, llegaría a ser uno de los mayores conquistadores de la historia egipcia. Sin embargo, su ascenso estuvo marcado por disputas internacionales.
Las relaciones entre Tutmés II, Hatshepsut y Tutmés III eran complejas. Tutmés III, aunque heredero legítimo, era un niño cuando murió su padre.
Hatshepsut, entonces, tomó el poder como soberana, alejando al joven príncipe y gobernando durante más de veinte años. Construyó templos grandiosos y expediciones comerciales.
El redescubrimiento de la tumba de Tutmés II plantea nuevas preguntas. ¿Habría sido él demasiado débil para gobernar solo? ¿Hatshepsut planeó asumir el poder aún en vida de su marido? Los vestigios encontrados pueden ayudar a esclarecer estas dudas.
Con información de Science & Vie.

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