Imágenes grabadas en una copa de plata de 4.000 años encontrada en las colinas de Judea pueden revelar una narrativa de creación cósmica distinta, contrariando la interpretación tradicional que relacionaba la pieza al mito babilónico del Enuma Elish
Las imágenes de una copa con aproximadamente 4.000 años pueden retratar una narrativa de creación cósmica.
Esta posibilidad surge a partir de un nuevo estudio que revisita la interpretación tradicional de la copa de ˁAin Samiya, una pieza de plata de 8 centímetros de altura producida en la Edad del Bronce Intermedia, entre 2650 y 1950 a.C.
Durante décadas, estudiosos atribuyeron a la copa una relación con el mito babilónico de la creación conocido como Enuma Elish, pero esta conexión nunca reunió consenso definitivo.
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Ahora, un nuevo análisis propone que el objeto presenta otra visión sobre el origen y organización del cosmos.
Un descubrimiento singular en las colinas de Judea
La copa surgió hace cerca de 55 años, cuando arqueólogos la encontraron en una antigua tumba en las colinas de Judea. Desde el principio, investigadores reconocieron su carácter singular.
El objeto es considerado la única obra de arte genuina conocida de este período en el Levante, lo que amplía su valor histórico y arqueológico.
La pieza presenta escenas distribuidas a lo largo de su superficie externa, pero daños estructurales y un fragmento perdido dificultan la comprensión completa de la narrativa.
Los elementos visibles llaman la atención. Una figura híbrida, parte humana y parte animal, aparece sosteniendo trozos de plantas.
Justo debajo, surge una pequeña roseta de apariencia celestial. Las piernas de esta criatura parecen pertenecer a dos toros distintos, que se unen en la parte superior del cuerpo.
Una serpiente de gran porte se erige al lado de la figura, componiendo una escena marcada por elementos híbridos y simbólicos.
La secuencia siguiente muestra dos figuras humanas sosteniendo los extremos de un creciente.
Dentro de él, reposa un sol con rostro evidente, conocido como escena en cara. En ese momento, la serpiente aparece acostada bajo el creciente, en posición de menor destaque, como si estuviera subyugada.
La antigua asociación con el Enuma Elish
Durante las primeras décadas tras el descubrimiento, estudiosos como Yigael Yadin sugirieron que esta iconografía representaba una forma inicial del mito Enuma Elish. En la narrativa babilónica, el dios Marduk derrota a la diosa del mar Tiamat y usa su cuerpo para formar los cielos, la Tierra y la humanidad. Esta hipótesis ganó espacio, aunque no fue unánime.
Algunos investigadores observaron que la copa no presenta escenas de combate o violencia, elementos centrales en el mito babilónico. Además, el Enuma Elish surgió cerca de mil años después de la fabricación de la copa, lo que plantea dudas sobre la posibilidad de una relación directa entre ambos.
Una interpretación enfocada en el orden cósmico
El nuevo estudio publicado en la revista Ex Oriente Lux propone otra comprensión. Los autores defienden que la copa puede retratar el proceso gradual de ordenación del cosmos, y no un mito específico. Para ellos, la primera escena muestra un estado inicial de caos, mientras que la segunda representa la estructura organizada del universo.
La roseta, interpretada como la divinidad solar, proporciona la pista central. En la primera escena, el sol aparece pequeño, como si acabara de nacer.
En la escena siguiente, ya crece en tamaño y adopta representación frontal. Los investigadores afirman que este cambio muestra el paso del tiempo de manera intencionada. El artista habría utilizado estrategias simples para sugerir evolución y maduración.
Las divinidades retratadas mantienen la misma fisonomía en las dos escenas. Esta característica refuerza la idea de inmortalidad, ya que los seres divinos no pasan por cambios corporales intensos. Sin embargo, surgen detalles que indican transformación.
La figura que antes parecía desnuda pasa a vestir una túnica refinada. El adorno de cabeza gana complejidad y pendientes surgen en las orejas.
Arrugas discretas en el cuello sugieren envejecimiento simbólico. La serpiente también envejece, adquiriendo una postura más curva a medida que el caos es sustituido por orden.
Este proceso indica que el artista intentó representar una narrativa cíclica. El ascenso del sol con rasgos frontales y expresión de fuerza refuerza el dominio de las divinidades organizadoras del cosmos. La serpiente, antes imponente, se convierte en símbolo del caos derrotado.
Puntos de contacto con otras tradiciones antiguas
El estudio menciona paralelos entre la copa y otras representaciones de mitos de creación en el Oriente Próximo. En diferentes culturas de la región, la forma de barco creciente aparece como vehículo para objetos celestes, especialmente el sol. Esta simbología integra el contexto cultural y religioso de la Edad del Bronce.
Híbridos de toro y humano también surgen en diversas manifestaciones artísticas. Dos ejemplos destacados por los investigadores son la escena final del sarcófago de Seti I, datado en 1279 a.C., y el relieve de los hombres toro en el santuario hitita de Yazılıkaya, datado aproximadamente en 1230 a.C. Estos paralelos sugieren que elementos iconográficos de la copa pueden tener raíces en tradiciones mesopotámicas muy antiguas.
Con base en estas indicios, los autores creen que el artista responsable por la copa probablemente era oriundo del sur de Mesopotamia.
La producción de la pieza, sin embargo, pudo haber ocurrido en el norte de Mesopotamia o en el norte de Siria, regiones conocidas por la disponibilidad de plata.
La permanencia de la incertidumbre
Aunque el nuevo estudio presenta argumentos detallados, algunas dudas persisten. El estado original de la copa cuando fue descubierta no fue registrado de forma completa, creando lagunas que dificultan interpretaciones absolutas. Los análisis dependen exclusivamente de la comparación de imágenes, ya que no existen textos asociados al objeto.
Algunos especialistas permanecen escépticos. Mark Smith, estudioso bíblico del Seminario Teológico de Princeton, afirmó a la revista Smithsonian que la copa podría retratar otros mitos, como el ciclo de Baal.
Él coincide en que la asociación con el Enuma Elish carece de fundamento sólido, pero cuestiona la idea de que el objeto represente un mito de creación. En su visión, la interpretación aún no es concluyente.
La copa de ˁAin Samiya sigue siendo una pieza enigmática. Sus imágenes provocan debates que se extienden por décadas y probablemente continuarán por mucho tiempo.
La nueva propuesta amplía el repertorio de interpretaciones posibles y refuerza la complejidad simbólica presente en el arte de la Edad del Bronce, revelando cómo antiguas sociedades buscaban representar el cosmos mediante formas y narrativas visuales.

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