Las notas del real traen la frase “Dios Sea Alabado” desde la década de 1980 por decisión presidencial, y no por exigencia de ley, manteniendo una tradición cultural que atravesó diferentes monedas y gobiernos, sin carácter obligatorio.
La inscripción “Dios Sea Alabado” está presente en las notas del real por fuerza de una decisión administrativa tomada aún durante el gobierno de José Sarney, en los años 80, y no está prevista en ninguna legislación brasileña. El Banco Central y la Casa de la Moneda solo mantienen la práctica como continuidad de una tradición que surgió con el cruzado, la moneda anterior al real.
Aunque el tema parezca simple, la presencia de la frase genera debates sobre laicidad, simbolismo religioso e identidad nacional, con opiniones divididas entre quienes defienden la tradición y quienes consideran la mención incompatible con el Estado laico garantizado por la Constitución.
Cómo surgió la frase en las notas del real

La origen de la frase remonta a 1986, cuando el entonces presidente José Sarney determinó la inclusión de “Dios Sea Alabado” en los billetes del cruzado.
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La medida fue inspirada en la expresión norteamericana “In God We Trust”, presente en los billetes de dólar, y reflejaba la intención simbólica de destacar la religiosidad del pueblo brasileño.
Cuando el real fue lanzado en 1994, durante el gobierno de Itamar Franco, los primeros billetes circularon sin la frase, pero la inscripción fue reintroducida meses después y se mantuvo en las emisiones subsiguientes.
Desde entonces, las notas del real llevan la expresión como elemento gráfico estable, sin previsión legal ni obligación formal de permanencia.
La decisión de incluir o retirar la frase depende exclusivamente del Ejecutivo y del Banco Central, no habiendo norma que exija o prohíba su presencia.
Se trata de una elección administrativa y cultural, no jurídica.
El papel del Banco Central y de la Casa de la Moneda
En la práctica, la manutención de la frase en las notas del real es una decisión técnica y administrativa.
El Banco Central define las especificaciones de cada billete — como diseño, color, elementos de seguridad e inscripciones — y envía estas directrices a la Casa de la Moneda, responsable de la producción.
Así, la presencia de la frase no resulta de un decreto específico, sino de la continuidad de una política informal adoptada desde la década de 1980.
El Banco Central ya ha confirmado en diferentes ocasiones que la expresión no tiene fuerza normativa, pero forma parte de la composición visual tradicional del dinero brasileño.
Para los defensores de la permanencia, la frase no infringe el principio del Estado laico porque representa solo un rasgo histórico y cultural, sin asociación directa a una religión específica.
Ya críticos argumentan que la presencia de cualquier expresión religiosa en símbolos oficiales del Estado contradice la neutralidad exigida por la Constitución.
Debates y cuestionamientos sobre laicidad
Brasil es un Estado laico desde la Constitución de 1891, lo que significa que el gobierno no puede adoptar o promover creencias religiosas.
Por eso, la presencia de la frase “Dios Sea Alabado” en un medio de circulación oficial — el dinero — es frecuentemente cuestionada en tribunales y en el debate público.
En 2010, el Ministerio Público Federal pidió la retirada de la expresión de los billetes, alegando que violaba el principio de laicidad.
No obstante, la Justicia Federal rechazó la petición, entendiendo que la frase tiene carácter cultural e histórico, y que no hay obligatoriedad de remoción, ya que su inclusión es decisión administrativa del Ejecutivo.
Proyectos de ley posteriores intentaron transformar la frase en exigencia legal, pero todos fueron archivados o rechazados, reforzando que la permanencia de la inscripción depende exclusivamente de la voluntad política y no de una imposición jurídica.
El significado simbólico y el debate social
Para parte de la sociedad, la presencia de la frase refleja una herencia cultural y espiritual que no debe ser borrada.
Ya para otros, representa una contradicción a la neutralidad religiosa que el Estado debe preservar.
La discusión se ha convertido en un espejo de la diversidad brasileña, donde fe, cultura y política se entrelazan en símbolos de la cotidianidad.
Las notas del real, por lo tanto, son más que un medio de pago: llevan un valor simbólico sobre la forma en que el país equilibra tradición y laicidad.
El hecho de que la frase no sea obligatoria muestra que el Estado reconoce la libertad religiosa y cultural, pero también preserva la autonomía administrativa para mantener elementos históricos de representación nacional.

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