Corte billonario en los subsidios fósiles marca avance de Brasil hacia una economía más limpia y sostenible.
Brasil vive un hito inédito en su política energética. Por primera vez en ocho años, el país redujo de forma expresa los subsidios fósiles, impulsando la transición energética y equilibrando la balanza entre combustibles contaminantes y fuentes limpias.
Según el Instituto de Estudios Socioeconómicos (Inesc), en 2024 los incentivos al petróleo, gas natural y carbón mineral cayeron 42%, sumando R$ 47 mil millones, el menor volumen desde 2017.
La principal razón para esta caída fue la reoneração de la gasolina y del diésel, con el retorno del cobro de PIS y Cofins.
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Esta medida redujo los subsidios al consumo de R$ 39,8 mil millones a R$ 6,3 mil millones, una disminución del 84%.
El corte representó un ahorro de cerca de R$ 33 mil millones a las arcas públicas, sin provocar un aumento significativo en el precio al consumidor.
Gasolina y diésel suben menos de lo esperado
Aun con la reoneración, el impacto sobre los precios fue moderado. En 2024, el valor de la gasolina subió 10,2%, mientras que el diésel tuvo un aumento de apenas 3,4%.
El etanol, por su parte, avanzó 20,4%, reflejo de la menor producción de caña de azúcar y de la valorización del azúcar en el mercado internacional.
Aun así, el combustible renovable mantuvo su competitividad frente a los fósiles.
Para el asesor político de Inesc, Cássio Cardoso Carvalho, el escenario es alentador.
“Este es un movimiento histórico. Muestra que es posible revisar desgravaciones a los combustibles fósiles de forma planificada, sin grandes impactos sociales”, evaluó.
Incentivos a la producción continúan altos, pero con tendencia a revisión
Mientras los subsidios al consumo cayeron drásticamente, los destinados a la producción de combustibles fósiles tuvieron una reducción más tímida, del 2,8% — pasando de R$ 41,9 mil millones a R$ 40,7 mil millones.
El destaque continúa siendo el Repetro, régimen tributario especial para el sector de petróleo y gas, que representó R$ 13,6 mil millones en 2024.
La reforma tributaria aprobada este año (Ley Complementaria nº 214/2025) puede, sin embargo, cambiar este escenario.
Creó el Impuesto Selectivo, que incidirá sobre productos perjudiciales a la salud y al medio ambiente, y determinó que todos los regímenes especiales sean reevaluados cada cinco años.
“La caída de los subsidios, sumada a estos nuevos mecanismos de evaluación, indica que el país comienza a alinear su política fiscal a la transición energética. Es el tipo de señal que Brasil necesita llevar a la COP30”, destacó Carvalho.
Fuentes renovables ganan impulso, pero enfrentan desafíos técnicos
Mientras los incentivos fósiles disminuyen, los subsidios a las fuentes renovables crecieron 3,2%, alcanzando R$ 18,6 mil millones.
El mayor destaque fue la generación distribuida — modelo en el que los consumidores producen su propia energía, principalmente solar —, que recibió R$ 11,5 mil millones en incentivos, ante R$ 7,1 mil millones el año anterior.
A pesar del avance, el Inesc alerta que el modelo exige planificación. Como la generación distribuida no es controlada directamente por el Operador Nacional del Sistema (ONS), puede causar desequilibrios técnicos y llevar al desconectado temporal de plantas contratadas, fenómeno conocido como curtailment.
“Los subsidios necesitan ser planificados para no distorsionar el mercado ni penalizar a quienes no tienen acceso a estas tecnologías”, puntualizó un investigador del instituto.
Auxilio Gas y la importancia del equilibrio social
Aun con el corte en subsidios fósiles, el Inesc defiende la mantenimiento de programas de carácter social, como el Auxilio Gas, que beneficia a cerca del 23% de las familias brasileñas.
La medida reduce la pobreza energética y mejora la calidad de vida de las poblaciones vulnerables, especialmente aquellas que aún dependen de la leña para cocinar.
Desajuste aún existe, pero el rumbo está trazado
A pesar de la reducción significativa, los incentivos a los combustibles fósiles aún son más del doble de los destinados a las fuentes limpias.
Por cada R$ 1 invertido en energía renovable, R$ 2,52 continúan siendo dirigidos al petróleo, gas y carbón.
En total, los incentivos energéticos — fósiles y renovables — sumaron R$ 65,7 mil millones en 2024, contra R$ 99,8 mil milhões en el año anterior, una caída del 34%.
El Inesc recomienda que el gobierno avance en la transparencia fiscal y cree criterios claros para la concesión de beneficios, priorizando acciones alineadas a la transición energética justa y sostenible.
“Cortar subsidios ineficaces y redirigir recursos hacia fuentes limpias es el camino para una política energética más coherente con las metas climáticas y sociales del país”, concluyó Carvalho.

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