Incluso récord de recaudación y carga tributaria en la cima histórica, Brasil debe cerrar 2025 con déficit en las cuentas públicas, en medio del aumento de los gastos, avance de la deuda y presiones sobre el presupuesto federal.
Brasil debe cerrar 2025 con déficit en las cuentas públicas, a pesar del aumento en la recaudación y de la carga tributaria en la cima histórica.
Según el portal Poder 360, economistas especializados afirman que, incluso con el aumento de los ingresos de la Unión, Estados y municipios, los gastos obligatorios y los altos intereses siguen presionando el resultado fiscal y ampliando la deuda pública.
El equipo económico fijó una meta de saldo primario cero para 2025, pero el marco fiscal admite una tolerancia de 0,25 punto porcentual del PIB hacia arriba o hacia abajo.
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Meta fiscal y alta recaudación
La recaudación ha crecido de forma continua desde el año pasado, sustentada por el rendimiento de sectores específicos, por la recuperación de bases tributarias y por medidas de “recomposición” de ingresos.
Aun así, la proyección oficial es de rombo de R$ 30,2 bilhões en 2025, cifra alineada al límite negativo permitido por la meta.
Técnicos del Ministerio de Hacienda argumentan que la obtención del primario cero depende del mantenimiento del ritmo de ingresos y del control de gastos obligatorios, lo que incluye restricciones en los gastos sujetos al límite y revisión de beneficios tributarios.
En el debate público, hay resistencia.
El economista Ecio Costa, profesor de la UFPE, criticó la norma vigente al afirmar que el marco fiscal “es una mera pieza ilusoria, llena de agujeros que son utilizados para generar un déficit de R$ 300 mil millones adicionales en este gobierno”.
Según él, el diseño actual no ha sido suficiente para anclar expectativas ni impedir la deterioración del cuadro fiscal cuando el gasto avanza por encima del crecimiento de los ingresos.
Deuda pública en aumento y trayectoria preocupante
La deuda bruta del gobierno general ronda el 77,5% del PIB, lo que corresponde aproximadamente a R$ 9,6 trilhões.
A lo largo del actual mandato presidencial, este indicador ha avanzado algunos puntos porcentuales, reflejando tanto la dinámica de los intereses como la necesidad de financiamiento de gastos corrientes y de programas sociales.
Para Felippe Serigati, investigador del FGV Agro, la relación deuda/PIB describe una trayectoria preocupante y puede llevar al país a una “crisis fiscal muy incómoda” si no hay una reversión consistente del resultado primario.
Los datos más recientes muestran que el resultado nominal — que incluye el pago de intereses — permanece en el campo deficitario.
El costo de los intereses sigue elevado, lo que impide una mejora más rápida del indicador y hace más difícil estabilizar la deuda a corto plazo.
En comparación con 2023, cuando el resultado nominal se volvió peor como proporción del PIB debido al nivel de intereses y a gastos extraordinarios, hubo alguna oscilación a lo largo de 2024, pero insuficiente para alterar el cuadro de fondo.
Comparativo internacional de la carga tributaria
Aunque no integra la OCDE, Brasil suele ser comparado con los países del bloque.
En 2023, la media de la carga tributaria entre los miembros fue de 33,9% del PIB.
Francia lideró el ranking ese año, con 43,8%.
En el caso brasileño, estimaciones ampliamente citadas indican que la carga tributaria total superó la marca de 34% del PIB en 2024, un nivel récord en las series monitoreadas por centros de investigación y por la prensa especializada.
Sin embargo, hay diferencias metodológicas entre los cálculos del Tesoro, la Receita, el IBGE e institutos independientes, lo que produce números ligeramente distintos para un mismo período.
Gastos en aumento y impacto del salario mínimo
La evolución de los gastos públicos explica por qué la recaudación récord no ha cerrado la cuenta.
Analistas apuntan al avance de los gastos obligatorios, especialmente Previdência, BPC y transferencias de renta, todos influenciados por la indexación al salario mínimo.
El economista José Ronaldo de Souza, de Leme Consultores, evalúa que la política de ganancia real del mínimo presionó al presupuesto: programas como abono salarial y seguro de desempleo también están atados al mínimo, lo que multiplica el efecto de cada ajuste.
Además, la rigidez de los gastos de personal y de beneficios previdenciarios en Estados y municipios es mayor que en el gobierno central, lo que estrecha el margen para políticas de inversión y mantenimiento.
La interpretación de los economistas es que, sin cambios estructurales en la dinámica de los gastos, la tendencia es de compresión de los gastos discrecionales, con reflejos en el funcionamiento cotidiano de la máquina pública y en la inversión.
Presión por nuevos ingresos y papel del Congreso
Con el gasto creciendo por encima de la capacidad de recaudación espontánea, la solución más inmediata ha sido presión por nuevos ingresos.
El gobierno envía al Congreso medidas de recomposición de bases tributarias, revisa incentivos y busca cerrar brechas que reducen la recaudación.
Del otro lado, parte del sector productivo y parlamentarios conservadores en materia fiscal abogan por reducir gastos y hacer reformas para contener la trayectoria de la deuda, argumentando que el aumento de la carga tributaria ya alcansa el límite de lo aceptable.
Mientras tanto, los ingresos extraordinarios — como ganancias por decisiones judiciales favorables o programas temporales de regularización — ayudan a transitar el año, pero no sustituyen la consolidación estructural necesaria para estabilizar la deuda.
Los economistas recuerdan que la mejora del primario debe ser recorrente para invertir la tendencia de la deuda/PIB en un ambiente de altos intereses.
Unión, Estados y municipios: responsabilidades compartidas
Aunque el gobierno federal concentra la mayor parte de la recaudación y es el principal responsable de la conducción de la política fiscal, Estados y municipios también han registrado déficits, aunque menores.
En las esferas subnacionales, la rigidez presupuestaria se acentúa por el peso de nóminas y previdencia local, lo que reduce el espacio para inversiones y eleva la dependencia de transferencias constitucionales.
Especialistas destacan que la expansión de gastos que presiona la carga tributaria no es exclusiva de Brasília, aunque la Unión tiene mayor capacidad de financiamiento e instrumentos para ajustes.
El desafío fiscal de 2025
Para cumplir la meta de primario cero, la Hacienda apuesta en una ejecución presupuestaria rígida y en la efectivación de medidas de ingreso ya aprobadas, además de proyectos adicionales aún en tramitación.
Aun así, la combinación de gastos obligatorios indexados, altos intereses y crecimiento económico moderado mantiene la tarea compleja.
Si la recaudación desacelera o las medidas no avanzan, el intervalo de tolerancia del marco fiscal debe ser activado, preservando formalmente la meta, pero dilando la reversión más firme de la trayectoria de la deuda.
En síntesis, el país recauda más, pero gasta aún más — y carga una deuda que encarece el propio ajuste.
Sin cambios persistentes del lado del gasto y sin una base de ingresos menos volátil, el esfuerzo por equilibrar las cuentas continuará dependiendo de medidas puntuales y de un crecimiento superior al verificado recientemente.
Frente a este escenario, ¿cuál debería ser la prioridad del ajuste: desbloquear reformas que afecten la rigidez del gasto o renunciar a ingresos y aceptar metas más graduales?

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