Ejército, Armada y Fuerza Aérea participan en ejercicio de guerra en la Amazonía con vehículos blindados, cazas, misiles Astros y el barco “Atlântico”, en operación que prueba logística, interoperabilidad y defensa cibernética en un escenario de combate realista.
Brasil inició este jueves (02) uno de los mayores entrenamientos militares de los últimos años en la Amazonía.
La Operación Atlas, que se extenderá hasta el próximo día 11, reúne aproximadamente 10 mil militares de las tres Fuerzas, con el uso de sistemas de misiles Astros, cazas, vehículos blindados y medios navales.
El objetivo es probar, en un entorno realista, la capacidad de defensa de la región y la interoperabilidad entre la Armada, Ejército y Fuerza Aérea.
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La movilización ocurre en los estados de Amapá, Amazonas, Pará y Roraima, áreas sensibles por la presencia de delitos transnacionales y por el interés internacional en la selva.
En el terreno, los comandos planean, desplazan y ejecutan acciones simuladas de combate, como lo harían en un conflicto real.
La programación incluye también ejercicios de seguridad cibernética, al entender que las amenazas digitales conforman el escenario de defensa actual.
Mientras la actividad se concentra en la protección de la sobernía y de activos estratégicos, el historial reciente añade contexto.
Entre finales de 2023 y principios de 2024, la tensión entre Venezuela y Guayana por Essequibo llevó a Brasil a reforzar la presencia militar en el extremo norte, con el envío de 28 vehículos blindados a Roraima.
En 2025, persisten roces diplomáticos entre Estados Unidos y Venezuela, lo que mantiene la región en alerta y refuerza el valor de ejercicios que aceleren la respuesta conjunta.

Amazonía en foco: por qué entrenar ahora
La región amazónica combina geografía hostil, largas distancias y fronteras extensas.
En este entorno, Brasil ha desarrollado experiencia en guerra en la selva, reconocida internacionalmente.
La Operación Atlas trata de preservar este diferencial y validar logística, comando y control, así como la capacidad de despliegue estratégico de tropas y equipos en plazos cortos.
Además del componente militar, la agenda nacional pesa.
El ejercicio ocurre a vísperas de la COP30, prevista para noviembre en Belém, evento que traerá delegaciones de decenas de países.
La presencia coordinada de las Fuerzas en la región amazónica tiene el efecto de demostrar preparación y disuasión, sin alterar el carácter rutinario de adiestramiento.
El diseño de la operación: de vehículos blindados a misiles
En el segmento terrestre, el Ejército emplea más de 40 vehículos blindados, 434 vehículos, nueve helicópteros y 3,6 mil militares.
Parte de este material recorrió, desde el Río Grande do Sul hasta Roraima, una distancia comparable a la de Lisboa a Moscú, destacando el esfuerzo logístico.
El transporte fue coordinado por el Coter (Comando de Operaciones Terrestres) y por el Colog (Comando Logístico).
Entre los vectores de mayor impacto está el sistema de cohetes Astros, pieza clave de artillería de saturación de fabricación nacional, capaz de emplear diferentes municiones según el objetivo y el alcance.
También se prevén vehículos blindados como los VTE Leopard, adecuados para acciones de choque y apoyo a tropas en terreno adverso.

En el aire: ataque, vigilancia y apoyo
La Fuerza Aérea Brasileña participa con aeronaves de ataque AMX A-1M y A-29 Super Tucano, que combinan capacidad de apoyo aéreo cercano y uso de armamentos de precisión.
Estas plataformas operan en estrecha coordinación con las fuerzas en tierra, realizando misiones de escolta, reconocimiento y simulación de compromisos.
En bases de la región, escuadrones desplegados ajustan perfiles de vuelo al entorno amazónico, caracterizado por clima inestable, baja previsibilidad y largos corredores de infiltración.
En el mar: el “Atlântico” como plataforma conjunta
La Armada de Brasil compone el ejercicio con el Buque de Asalto Multipropósito (NAM) “Atlântico”, el mayor barco de guerra en actividad en América Latina.
Con 208 metros de largo y cerca de 20 mil toneladas, el barco partió de Río de Janeiro el 13 de septiembre, transportando 1.044 militares, dos perros y 700 toneladas de equipos de las tres Fuerzas.
A bordo se embarcaron vehículos blindados, helicópteros, armamento y misiles.
En total, el “Atlântico” llevó 80 vehículos, distribuidos entre Ejército (49), Armada (20) y Fuerza Aérea (11).
Además de funcionar como barco-cuartel y centro de comando, el “Atlântico” ofrece plataforma de despegue y hangar para helicópteros, permitiendo operaciones de asalto aeromóvil, evacuación aeromédica y apoyo logístico.
En escenarios como el amazónico, esta plataforma amplía el radio de acción de las fuerzas en tierra y aire, facilitando el rápido desplazamiento de personal y medios.
Coordinación e interoperabilidad
El Ministerio de Defensa estructuró la Operación Atlas para probar la sinergia entre la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea.
La planificación prevé fases de simulación constructiva, con uso de escenarios y wargames, y etapas de campo, en las que las tropas ejecutan misiones en área, bajo reglas y plazos definidos.
La interoperabilidad se evalúa en rutinas como comando y control unificado, comunicaciones seguras, logística integrada y uso coordinado de fuegos.
En paralelo, se realizan ejercicios cibernéticos que simulan intentos de intrusión, denegación de servicio y desinformación, hoy tratadas como vectores de conflicto híbrido.
La protección de redes críticas y la respuesta a incidentes se convierten, por lo tanto, en parte indisoluble del adiestramiento.
Ambiente de riesgo: crimen transnacional e inteligencia
La Amazonía es ruta del tráfico de drogas, tiene un historial de extracción ilegal y contrabando, y figura en informes internacionales como área de interés de redes de espionaje y grupos criminales.
En este contexto, la presencia militar busca disuadir y desorganizar actividades ilícitas, apoyar a las agencias de seguridad y garantizar la libertad de acción del Estado.
En caso de crisis regional, el adiestramiento permite escalar la respuesta sin improvisaciones, integrando vigilancia de fronteras, patrullas fluviales y acciones en pistas no preparadas.
Logística en la selva: la prueba de fuego
Operar en la Amazonía implica vencer largas distancias, baja densidad de infraestructura y clima extremo.
Por ello, la operación prioriza cadenas de suministro de combustible, municiones, alimentos y mantenimiento, con énfasis en transporte multimodal.
La experiencia brasileña en guerra en la selva depende de entrenamiento constante para mantener preparación y preservar el conocimiento táctico acumulado durante décadas en centros especializados en la región.

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