Aun Con Potencial Energético Limpio y Abundancia de Materia Prima, Brasil Sigue Dependiendo de China en la Producción de Paneles Solares y Silicio
Brasil vive un paradoja energética. Aun siendo un referente en energías renovables, continúa importando de China la mayor parte de los paneles solares utilizados en el país. Esto genera no solo un impacto ambiental, sino también una pérdida económica, según un estudio del Instituto E+ Transición Energética.
El informe revela que las importaciones brasileñas de silicio, materia prima de los paneles solares, resultaron en la emisión de 4 millones de toneladas de CO₂ en 2024. Este volumen equivale a las emisiones anuales de casi 880 mil autos en Brasil, representando el 0,4% de las emisiones nacionales totales.
La razón está en la matriz energética china. La producción de silicio en China es altamente contaminante, siendo 17 veces más sucia que la matriz eléctrica brasileña. Y aun con toda esta diferencia, Brasil sigue exportando silicio bruto, de bajo valor, e importando paneles listos, más caros.
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Recursos Existen, Pero Quedan Mal Aprovechados
Brasil posee grandes reservas de cuarzo, la materia prima para producir silicio. Ya tiene producción local de silicio metálico y cuenta con una matriz eléctrica limpia, ideal para procesos industriales de alta demanda energética. Aun así, sigue siendo un exportador de insumos simples, sin agregar valor internamente.
Para Edlayan Passos, especialista en Energía del Instituto E+, es posible cambiar este escenario. Según él, parte de la cadena de valor puede ser nacionalizada, lo que disminuiría la dependencia externa y traería beneficios económicos y ambientales. La propuesta implica un enfoque llamado “micro-targeting industrial”.
Esta estrategia, desarrollada con la Universidad Johns Hopkins, identifica el eslabón más prometedor de la cadena de producción para ser incorporado en Brasil. Se analizan factores como el volumen de comercio internacional, competitividad y sensibilidad a costos logísticos y energéticos.
Tecnología y Control en Manos Brasileñas
Edlayan defiende que acuerdos comerciales pueden incluir cláusulas de transferencia tecnológica. Esto garantizaría no solo la inversión en fábricas, sino también capacitación técnica y dominio sobre tecnologías estratégicas.
La energía solar ya representa más del 15% de la matriz eléctrica nacional. La tendencia es de crecimiento, lo que solo refuerza la importancia de reducir la dependencia internacional, conforme alertó el instituto.
Tarifas de EE. UU. Abren y Cierran Puertas
El estudio también destaca un efecto colateral inesperado de la política comercial de Estados Unidos. Las tarifas impuestas por Donald Trump a China causaron un exceso de producción en el país asiático.
Sin poder vender a los estadounidenses, los fabricantes chinos buscan nuevos mercados – y Brasil es uno de los principales objetivos.
Para Edlayan, esto representa un riesgo. El país puede convertirse en destino de excedentes baratos y acabar sofocando cualquier iniciativa local. Este fenómeno, conocido como «overcapacity», transforma a Brasil en un mercado receptor y vulnerable.
Pero el especialista también ve una ventana estratégica. Con EE. UU. cerrando las puertas a China, hay espacio para nuevos proveedores. Y Brasil puede posicionarse como una alternativa limpia, estable y cercana a los grandes mercados.
Diferencia de Precios Aún es una Barrera
El gran desafío sigue siendo los costos. El silicio brasileño usado en paneles solares cuesta alrededor de US$ 15 por kilo, más del doble que el chino, que sale por US$ 6. Esta diferencia ha dificultado la viabilidad de la producción local.
Sin embargo, este escenario puede cambiar con el mercado de carbono europeo. Hoy, el CO₂ se negocia por cerca de US$ 90 la tonelada. Si el valor sube a US$ 120, como algunos especialistas prevén, el silicio brasileño se volvería más competitivo que el chino en Europa.
Hora de Actuar: Mercado Interno es Suficiente
Brasil tiene una demanda interna estimada en 34,5 mil toneladas de silicio solar por año en la próxima década. Esto es suficiente para sostener una industria nacional. Además, el país podría exportar a regiones interesadas en productos con menor huella de carbono.
Los beneficios serían expresivos: menos emisiones, más empleos calificados, fortalecimiento de la balanza comercial y creación de una cadena productiva robusta.
Pero, para que eso ocurra, el país necesita actuar. El instituto alerta que la oportunidad existe, pero depende de políticas públicas coordinadas. Y otros países con matrices energéticas limpias ya están en movimiento.
Con información de Exame.

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