Con casi 1 millón de bovinos vivos embarcados entre enero y noviembre de 2025, Brasil se consolida como líder mundial, mientras propuestas de imposición en el Congreso, denuncias de maltrato y presión internacional apuntan a exportaciones concentradas en Pará, en Río Grande del Sur y en nuevos puertos brasileños en este año crítico.
Las propuestas de imposición sobre la exportación de ganado vivo llegaron al centro del debate en 2025, precisamente en el año en que Brasil debe superar por primera vez la marca de 1 millón de bovinos vivos embarcados, sumando 964,2 mil cabezas entre enero y noviembre y dirigiéndose hacia un récord histórico hasta diciembre de 2025.
Al mismo tiempo, las audiencias públicas realizadas en la Cámara de Diputados en 2025, denuncias de ONGs de protección animal y casos recientes de barcos retenidos por problemas sanitarios transformaron un dato económico positivo en tema explosivo en el Congreso, en la agenda ambiental y en la propia imagen internacional de la ganadería brasileña.
Año histórico para la exportación de ganado vivo
Datos compilados por Agrifatto indican que, de enero a noviembre de 2025, Brasil exportó 964,2 mil bovinos vivos, número 11,9% superior al registrado en el mismo período de 2024.
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Manteniendo el ritmo, el país debe superar la marca simbólica de 1 millón de cabezas exportadas hasta finales de diciembre de 2025, consolidando un nuevo nivel para el llamado “ganado en pie”.
El movimiento no es puntual. Resulta de varios factores combinados: la demanda sostenida de países del Medio Oriente y del Norte de África, la estructura logística construida en la Región Norte en los últimos años y la capacidad de Brasil de cumplir con los protocolos sanitarios exigidos por los importadores. Todo esto colocó al país en la condición de mayor proveedor global de ganado vivo.
Pará y Río Grande del Sur lideran el avance
El protagonismo de la exportación está concentrado en pocos estados. Pará responde por el 54,72% de todo el volumen exportado en 2025, beneficiado por la proximidad a puertos adaptados, por la oferta de animales jóvenes y estandarizados y por costos logísticos más competitivos en relación a otras regiones.
En segunda posición aparece Río Grande del Sur, con el 21,19% de las exportaciones, reforzando la participación de la Región Sur en el mercado de ganado en pie.
Otros estados aún tienen cuotas menores, pero están ampliando gradualmente su presencia, a medida que nuevos terminales se adaptan y operadores logísticos adquieren experiencia en este tipo de operación.
Quién compra el ganado brasileño y cuánto entra en ingresos
Del lado de la demanda, el mercado sigue concentrado. Turquía, Egipto, Marruecos e Irak absorbieron el 82,9% de los embarques brasileños de ganado vivo en 2025, consolidando estos destinos como pilares del negocio.
Son países que prefieren recibir al animal vivo por razones culturales, religiosas, logísticas o por capacidad limitada de sacrificio industrial local.
En noviembre de 2025, mes decisivo para el récord, los embarques sumaron 113,03 mil cabezas, un salto de casi 90% en relación a octubre, generando US$ 115,58 millones en ingresos.
El precio medio fue de US$ 82,29 por arroba, consolidando el ganado vivo como una frente importante de generación de divisas, sobre todo para productores de la Región Norte.
Cómo funciona la exportación de ganado vivo en Brasil
A pesar del ritmo acelerado, el sector opera bajo un conjunto de normas sanitarias y logísticas estrictas. Las empresas deben cumplir con las exigencias del Ministerio de Agricultura y de los países compradores.
Entre los principales puntos se encuentran:
- Cuarentena previa al embarque, en instalaciones acreditadas por el poder público
- Identificación individual de los animales, con aretes o chips electrónicos
- Inspecciones sanitarias y documentación específica, conforme al destino
- Protocolos de bienestar durante el transporte, definidos en normas y contratos
En la práctica, sin embargo, fallas en la fiscalización y en la ejecución de estos protocolos aún ocurren.
Uno de los casos más emblemáticos citados por entidades fue el del barco Spiridon II, que enfrentó rechazos de desembarque por problemas de identificación de los animales y cuestiones sanitarias, quedándose semanas a la deriva antes de conseguir autorización para atracar, lo que encendió una alerta sobre control y trazabilidad.
Denuncias de maltrato y riesgos ambientales
El avance del comercio de ganado vivo también ha traído críticas severas de organizaciones de protección animal.
En una audiencia pública en Brasilia, representantes de la ONG Mercy For Animals relataron condiciones precarias de transporte marítimo, con saturación, escasez de agua y alimento, acumulación de heces y orina, además de estrés físico y psicológico severo en los animales durante viajes largos.
Según estas entidades, el ambiente artificial de los barcos, sumado a altas temperaturas, deprime el sistema inmunológico de los bovinos y favorece la ocurrencia de enfermedades infecciosas.
También hay preocupación por los impactos ambientales, como la emisión de contaminantes en municipios portuarios y el uso de embarcaciones antiguas, no diseñadas originalmente para transportar animales vivos, lo que aumenta el riesgo de accidentes y fallas estructurales.
Estos efectos ya han producido consecuencias directas en el mapa logístico. Ciudades como Santos, en São Paulo, y Belém, en Pará, decidieron salir del circuito de exportación de ganado vivo, tras años de presión de residentes, ambientalistas y del Ministerio Público sobre los impactos de estas operaciones en los centros urbanos.
Propuestas de imposición y nuevas restricciones en el Congreso
La presión social y ambiental se ha trasladado a la política. Hoy, tramitan en el Congreso Nacional al menos dos proyectos de ley con propuestas de imposición destinadas a desincentivar la exportación de animales vivos.
Una de las iniciativas prevé eliminar las exenciones de ICMS garantizadas por la Ley Kandir, encareciendo directamente el embarque de ganado vivo.
Otro texto trabaja en la creación de un impuesto específico sobre la exportación de bovinos vivos, que tendría una tasa propia y podría hacer que el negocio sea significativamente menos competitivo en comparación con la exportación de carne procesada.
Para los críticos del modelo, las propuestas de imposición serían una forma de forzar la migración del ganado en pie a frigoríficos y plantas industriales en Brasil, agregando valor, empleos y recaudación.
En el Ejecutivo, la Dirección de Protección Animal del Ministerio del Medio Ambiente adopta una postura crítica respecto a la continuidad de la exportación de ganado vivo en los moldes actuales.
Técnicos apuntan al riesgo de retroceso en normas ambientales y penales en propuestas que intentan flexibilizar la legislación de protección de los animales, en sentido opuesto al debate internacional.
Presión global contra el ganado en pie y el impacto en la economía brasileña
El enfrentamiento brasileño no ocurre en aislamiento. Países como India, Nueva Zelanda, Reino Unido, Alemania y Luxemburgo ya han prohibido o limitado fuertemente la exportación marítima de animales vivos.
La Australia, referencia mundial en este mercado, anunció el fin de la práctica para ovinos, mientras Argentina, Ecuador y Uruguay discuten o implementan medidas de restricción.
Estudios citados por ONGs muestran que sustituir la exportación de animales vivos por la venta de carne procesada podría generar hasta R$ 1,9 mil millones en valor agregado, crear más de 7 mil empleos formales a lo largo de la cadena y elevar la recaudación tributaria en hasta R$ 610 millones en Brasil.
Para los defensores de esta agenda, las propuestas de imposición serían un instrumento para acelerar esta transición.
Por el otro lado, productores y embarcadores argumentan que el ganado vivo garantiza liquidez rápida, diversifica mercados y fortalece especialmente a pequeños y medianos ganaderos en regiones donde la estructura frigorífica aún es limitada.
Temen que una imposición pesada, sumada a eventuales prohibiciones, lleve al cierre de negocios y a la reducción de ingresos en el campo.
Entre el récord, la presión social y el futuro del sector
El récord de exportación de ganado vivo en 2025 coloca a Brasil frente a un impasse estratégico. Por un lado, el sector celebra números inéditos, diversificación de mercados y aumento de ingresos en dólares.
Por el otro, crece la presión de ONGs, la visibilidad de casos de maltrato, las propuestas de imposición y la tendencia global de abandono del ganado en pie.
Con el avance de los proyectos de ley, las audiencias públicas previstas para 2026 y la continuidad de campañas internacionales de bienestar animal, el país tendrá que decidir hasta qué punto quiere mantener el modelo actual o rediseñar su estrategia, favoreciendo la industrialización de la carne y reduciendo gradualmente la exportación de bovinos vivos.
¿Y tú, crees que Brasil debería mantener el récord de exportación de ganado en pie o apoyar propuestas de imposición más estrictas para cambiar este modelo en los próximos años?

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