La seguridad máxima en laboratorios biológicos avanza en Brasil mientras un episodio en la Unicamp expone protocolos, lagunas de supervisión y la importancia estratégica de estas estructuras para enfrentar epidemias y futuras pandemias con control riguroso, tecnología avanzada y acceso restringido.
El robo de muestras biológicas en la Universidad Estatal de Campinas, en un laboratorio de nivel de bioseguridad 3, puso en el centro del debate la protección de instalaciones que manipulan agentes infecciosos de mayor riesgo en el país.
Aunque el caso ha ampliado la atención pública, expertos y centros de investigación sostienen que estas estructuras siguen capas sucesivas de contención, con acceso controlado, monitoreo y rutinas diseñadas para evitar la exposición de trabajadores, de la población y del medio ambiente.
En Brasil, el NB-3 es hoy el nivel más alto en operación regular para investigación con patógenos humanos, mientras que el primer complejo NB-4 de América Latina está en construcción en el Centro Nacional de Investigación en Energía y Materiales, en Campinas.
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La propuesta del Orion reúne laboratorios de máxima contención biológica ligados al acelerador Sirius, con inversión pública anunciada de R$ 1 mil millones y carácter inédito en la región.
Cómo funcionan los laboratorios NB-3 en Brasil
Laboratorios clasificados como NB-3 están destinados al trabajo con microorganismos capaces de causar enfermedades graves y que exigen barreras adicionales de contención, especialmente cuando hay riesgo de transmisión por aerosoles.
Manuales internacionales tratan este nivel como un ambiente de control reforzado, con procedimientos definidos a partir de la evaluación de riesgo, uso de cabinas de seguridad biológica, equipos de protección individual y flujo de aire dirigido.
En la práctica, esto significa operar con puertas de acceso restringido, capacitación específica, esterilización en autoclaves y desecho controlado de residuos.
También es común el almacenamiento de muestras en ultracongeladores a temperaturas muy bajas, frecuentemente en el rango de -80 °C, además del uso de recipientes diseñados para evitar fugas.
Otro punto central es el sistema de ventilación con presión negativa, que impide la salida de aire contaminado del ambiente interno a áreas externas.
Estos requisitos ayudan a explicar por qué el episodio de la Unicamp produjo repercusión inmediata.
La universidad informó que, tan pronto como identificó la ocurrencia, activó a las autoridades e inició una investigación interna, clasificando el caso como aislado y vinculado a circunstancias atípicas.
El episodio también expuso un punto sensible.
Protocolos rígidos no eliminan totalmente el riesgo cuando la sospecha involucra a alguien autorizado a acceder a la estructura.
En este escenario, cobran importancia mecanismos como biometría, trazabilidad de muestras, registros de acceso y auditorías internas, que amplían el control sobre flujos dentro del laboratorio.
Falta de coordinación nacional dificulta control
Brasil no cuenta con un sistema único de acreditación para todos los laboratorios de alta contención biológica.
La supervisión varía según la finalidad de la instalación, con competencias distribuidas entre diferentes áreas de la administración pública.
Esta fragmentación dificulta la construcción de un retrato nacional consolidado sobre cuántas unidades NB-3 están en funcionamiento.
Por eso, la estimación de que el país posee decenas de estas instalaciones no se basa en un levantamiento oficial unificado.
A escala global, estudios indican miles de laboratorios NB-3 distribuidos en diferentes países, con mayor concentración en naciones de altos ingresos.
En cambio, los laboratorios NB-4, de seguridad máxima, permanecen raros y concentrados en pocos territorios.
NB-4: el salto al nivel máximo de bioseguridad
El paso del NB-3 al NB-4 representa un aumento significativo en los requisitos estructurales y operacionales.
Estas instalaciones lidian con agentes de altísimo riesgo, muchas veces sin tratamiento o vacuna disponible.
Por eso, exigen sellado total, filtración avanzada del aire, tratamiento riguroso de residuos y control absoluto de acceso.
En muchos casos, los investigadores utilizan trajes presurizados con suministro propio de oxígeno o trabajan en sistemas completamente aislados.
El complejo Orion, en desarrollo en el interior de São Paulo, surge como pieza estratégica en este contexto.
El proyecto prevé integración con tecnología de luz sincrotrón, ampliando la capacidad de análisis de estructuras biológicas con precisión avanzada.
La ausencia de una estructura NB-4 en el país limita el estudio de patógenos de riesgo máximo identificados en el territorio nacional.
Un ejemplo es el virus Sabiá, asociado a la fiebre hemorrágica brasileña, cuya análisis depende de ambientes de contención máxima.
Registros recientes indican casos raros de la enfermedad en São Paulo, reforzando la necesidad de infraestructura adecuada para investigación científica.
Al mismo tiempo, los expertos destacan que los laboratorios de alta contención no sirven solo para respuesta a crisis ya instaladas.
Estas unidades también sustentan actividades como vigilancia epidemiológica, desarrollo de vacunas y preparación para nuevas amenazas sanitarias.
Durante la pandemia de Covid-19, las estructuras NB-3 fueron esenciales para estudios sobre el virus, incluyendo análisis de transmisión, genoma y estrategias de control.
En este escenario, la expansión de la capacidad laboratorial de alta seguridad es vista como componente relevante para políticas públicas de salud, ciencia y tecnología.

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