En Santa Catarina, un inventor mantiene viva una tradición rara: construyó un carro movido a leña capaz de recorrer 80 km con 20 kg de madera, que aún se enciende con un simple fósforo.
Mientras el mundo acelera en dirección a los vehículos eléctricos, en Benedito Novo, Santa Catarina, un brasileño mantiene viva una invención familiar que ha atravesado generaciones. Su nombre es Elemer Schmidt, y su carro, construido por su padre en 1977, sigue circulando con un combustible que muchos considerarían improbable: un carro movido a leña.
La curiosa limusina ganó destaque en un reportaje de Domingo Espetacular, de Record. A primera vista, parece un vehículo de colección, pero la sorpresa está en la parte trasera — ahí, una caldera de hierro revela su secreto: se trata del único automóvil en funcionamiento en Brasil movido a leña.

Aunque el reportaje no menciona el modelo, el vehículo es un Chevrolet Styleline Deluxe 2-Door Sedan de 1952, fabricado en Estados Unidos y reconocido por su diseño robusto y elegante.
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Adaptado para transformarse en un carro movido a leña por los Schmidt, mantuvo su estructura original y ganó un sistema de propulsión completamente artesanal, fruto de ingenio y paciencia.
Combustible que viene del bosque
El combustible utilizado por Elemer se guarda en un compartimento especial con capacidad para 20 kilos de madera, lo suficiente para recorrer hasta 80 kilómetros. Cuando el stock se aproxima del fin, prefiere reabastecerse antes de llegar a los 70 kilómetros recorridos.
En situaciones de emergencia, cuenta con un tanque auxiliar de 10 litros de gasolina, que garantiza seguridad en viajes largos.

Para arrancar, nada de llave o botón de encendido: un pedazo de periódico y un fósforo son suficientes. Elemer enciende el fuego, acciona un ventilador para jalar aire y espera alrededor de un minuto hasta que el motor empiece a funcionar por succión. Es un ritual que mezcla técnica y tradición.
Dentro del carro, otras ingeniosidades sorprenden. Hay dos aceleradores — uno controla el gas producido por la quema de la leña y el otro es convencional, conectado al tanque de gasolina.

El sistema que regula la mezcla de oxígeno también se opera manualmente, exigiendo sensibilidad y práctica.
En un viaje, cuando el combustible se acabó en medio de la carretera, Elemer improvisó: recogió taquaras al borde del camino y las usó como leña de emergencia. La experiencia demostró que, con creatividad, el carro siempre encuentra una forma de seguir adelante.

Herencia de la Segunda Guerra
El principio detrás del vehículo es el gasógeno, tecnología que surgió durante la Segunda Guerra Mundial como alternativa a la escasez de gasolina. El sistema convierte la quema de madera en un gas inflamable capaz de alimentar motores de combustión.
Durante las décadas de 1940 y 1950, el gasógeno fue común en zonas rurales de Brasil. Era una solución ingeniosa, que reemplazaba el petróleo por un recurso local y renovable.
El funcionamiento se basa en un proceso llamado gaseificación: la madera se calienta en un ambiente con poco oxígeno, pasando por cuatro fases — secado, pirólisis, oxidación y reducción. Primero, el material pierde la humedad; luego, el calor descompone su estructura y libera gases. Parte del carbono reacciona con el oxígeno y genera calor; a continuación, el dióxido de carbono resultante reacciona con el carbono restante, formando monóxido de carbono (CO), el principal gas combustible.
El resultado es el llamado “gas pobre”, una mezcla de monóxido de carbono, hidrógeno, metano y nitrógeno. Aunque tiene un bajo poder calorífico, es suficiente para mover el motor. Antes de llegar al carburador, el gas pasa por filtros y refrigeradores, que eliminan impurezas y reducen la temperatura.
Los carros movidos a gasógeno poseen cuatro partes principales: el reactor, el lavador de gas, el refrigerador y el mezclador. El conjunto es voluminoso, lo que explica por qué muchos vehículos necesitaban compartimentos externos. A pesar de ser pesado y requerir espacio, el sistema ofrecía una ventaja inestimable: independencia del petróleo.
El inicio de un legado
La limusina de Elemer empezó a tomar forma a finales de la década de 1970. Su padre, Arnoldo Schmidt, ideó el proyecto y lo construyó con su hijo a lo largo de seis meses, siempre por la noche o los fines de semana.
El trabajo resultó en un vehículo único, finalizado el 16 de octubre de 1977. Cinco años después, la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) homologó oficialmente la adaptación, emitiendo un certificado reconocido por el Detran. El documento permite que el carro circule legalmente en todo el país — un logro que da tranquilidad a la familia durante inspecciones.
Con el tiempo, el carro se transformó en parte de la historia local. Elemer recuerda con orgullo los viajes a Curitiba, Lages y Florianópolis, conduciendo el automóvil de dos toneladas que, en más de setenta años de existencia, solo tuvo un accidente leve.
Reliquia de amor y memoria
Elemer recibió numerosas propuestas de compra, algunas involucrando intercambios por carros modernos, pero nunca aceptó. “No está a la venta”, afirma con convicción.
La relación con el vehículo va mucho más allá del valor material. Arnoldo Schmidt, el creador de la limusina, falleció en 2021, víctima de Covid-19.
Su esposa, dona Helga, participó desde el inicio de la construcción y recuerda los viajes en familia, cuando el maletero y el asiento trasero estaban llenos de troncos de leña — combustible y recuerdo de una época en que la creatividad y la necesidad iban de la mano.
En un cuarto de la casa, la familia mantiene un verdadero “stock de futuro”: suspensión, capó, techo y otras piezas guardadas durante más de 40 años, compradas en desguaces. El objetivo es garantizar que, incluso si las fábricas dejan de producir componentes, la limusina nunca deje de rodar.
La ingeniería del gasógeno
El sistema creado por Arnoldo y mantenido por Elemer demuestra el funcionamiento clásico del gasógeno. Durante la operación, la madera se quema en un reactor, liberando gases inflamables que se filtran, enfrían y se envían al motor.
El proceso exige un mantenimiento constante: los filtros deben limpiarse con frecuencia, y la leña debe estar seca y cortada de manera uniforme para garantizar una buena combustión.
Además, la potencia del motor se reduce entre 30% y 40%, lo que hace que la aceleración sea más lenta y el tiempo de arranque mayor — ya que el sistema debe calentarse antes de producir gas suficiente.
A pesar de estas limitaciones, la eficiencia y la simplicidad del sistema encantan a quienes lo conocen. El motor ruge de manera diferente, y el olor del humo entrega su origen. Para Elemer, sin embargo, el ritual de encender el fuego y escuchar al carro cobrar vida es más que rutina — es reverencia a la memoria de su padre.
Tradición y símbolo de ingeniosidad
Hoy, la limusina de 1952 representa mucho más que una invención curiosa. Es un símbolo de ingeniosidad, afecto y resistencia.
La nuera de Arnoldo lo describe como un hombre sabio — alguien que, con herramientas simples y ideas prácticas, logró crear algo extraordinario. Elemer, ahora responsable de mantener el legado, promete preservar el carro y dejarlo como herencia a su hijo, manteniendo viva la llama que comenzó hace casi medio siglo.
Mientras el mundo busca energía limpia y automóviles silenciosos, la limusina movida a leña continúa su camino por las calles de Benedito Novo.
El ruido del motor y el olor a humo marcan el paso de una historia que desafía el tiempo y recuerda que, a veces, el futuro puede nacer de las brasas del pasado.


involução
Carro movido a Gasogenio não é novidade. Isso dá época da segunda guerra.
Tinha que ser um brasileiro mesmo para fazer isso.