Lanzado como plataforma propia de pagos, el BRICS Pay intenta operar como un PIX internacional al permitir transferencias directas en monedas locales, integradas a sistemas nacionales y liquidadas con menos intermediación, en una estrategia que busca reducir costos cambiarios, acelerar operaciones y disminuir la dependencia del dólar en el comercio del bloque.
El PIX internacional propuesto por el BRICS entró en una nueva fase con el lanzamiento del BRICS Pay, sistema creado para facilitar transferencias entre integrantes del bloque y socios del llamado BRICS+. La plataforma fue diseñada para operar con una lógica similar a la de pagos instantáneos, pero aplicada al ambiente transfronterizo, con uso de monedas locales y menos dependencia del dólar como puente obligatoria.
En la práctica, la iniciativa intenta responder a un problema antiguo de las operaciones internacionales: el exceso de etapas entre quien paga y quien recibe. Al prometer transacciones más directas, liquidación más ágil y menor costo cambiario, el BRICS Pay se presenta como una herramienta financiera con un objetivo técnico claro y también con un peso geopolítico creciente.
Cómo el BRICS Pay pretende funcionar en la práctica

El punto central del proyecto es simple de entender. El BRICS Pay fue concebido para permitir transferencias internacionales entre países del bloque sin exigir conversión intermedia para el dólar.
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Esto significa que una operación puede hacerse en monedas locales, con menos dependencia de rutas tradicionales del sistema financiero global y con la intención de acortar el camino entre origen y destino del pago.
Esta estructura aproxima el sistema de la idea de PIX internacional, expresión que ganó fuerza precisamente por resumir la ambición del proyecto. La propuesta no es copiar mecánicamente el modelo brasileño, sino reproducir la lógica de rapidez, integración y simplicidad en un ambiente multinacional.
La diferencia aquí está en el alcance entre países, y no solo en la instantaneidad dentro de una economía doméstica.
Otro punto importante es que la plataforma ya fue disponible para descargar en tiendas de aplicaciones, señal de que el proyecto quiere salir del discurso institucional y entrar en el uso concreto.
Esto no significa adopción masiva inmediata, pero muestra que el sistema ya busca construir presencia práctica, familiaridad y adhesión progresiva en el ambiente digital.
El diseño inicial también indica que el BRICS Pay intenta operar como infraestructura complementaria, y no como pieza aislada.
Para funcionar, depende de la conexión con mecanismos nacionales de pago ya existentes. Es este puente entre redes domésticas y una capa internacional la que sostiene la promesa de interoperabilidad.
Dónde entra la blockchain y por qué fue elegida
La base tecnológica del BRICS Pay es la blockchain. En el proyecto, esta infraestructura fue elegida para organizar registros, conectar operaciones y permitir integración entre diferentes sistemas de pago de los países involucrados.
La lógica es crear una capa común de funcionamiento sin obligar a todos los participantes a abandonar sus estructuras nacionales ya establecidas.
Este punto es decisivo porque el proyecto no intenta borrar los sistemas domésticos, sino conectarlos. En lugar de sustituir inmediatamente lo que ya existe, el BRICS Pay busca operar sobre estas redes, ampliando la comunicación entre ellas.
La blockchain, en este contexto, aparece menos como símbolo y más como herramienta de compatibilización operacional.
La promesa técnica asociada a esto implica menos etapas intermedias, procesamiento más directo y transacciones internacionales potencialmente más rápidas.
Para empresas y consumidores, la apuesta es que el sistema reduzca los fricciones que hoy encarecen o ralentizan pagos entre países, especialmente cuando hay múltiples conversiones cambiarias o dependencia de estructuras financieras externas al bloque.
También hay un elemento de estandarización. Cuando un sistema intenta unir países con monedas, reglas y rutinas bancarias diferentes, la tecnología deja de ser un detalle y se convierte en una arquitectura central.
Sin una base común de confianza y registro, la idea de un PIX internacional entre economías distintas pierde fuerza desde el principio.
Por qué el BRICS quiere depender menos del dólar
La motivación del proyecto no es solo operativa. El BRICS Pay nace con la intención explícita de ampliar el uso de monedas locales en las relaciones comerciales del bloque.
Al hacer esto, el grupo intenta reducir la dependencia del dólar en las transacciones internacionales y abrir espacio para una dinámica más autónoma entre economías emergentes.
Este objetivo tiene peso estratégico porque altera el centro de las finanzas globales. Durante décadas, el dólar funcionó como referencia dominante en los intercambios internacionales, incluso entre países que no tenían a los Estados Unidos como parte directa de la operación.
Cuando el BRICS lanza un sistema propio enfocado en monedas locales, el mensaje va más allá de la tecnología y alcanza el campo del poder monetario.
La propuesta también se conecta al fortalecimiento del llamado comercio Sur-Sur, concepto que reúne intercambios entre economías emergentes y en desarrollo.
Al reducir costos cambiarios y simplificar la liquidación, el BRICS intenta hacer estas relaciones más fluidas, menos expuestas a intermediarios externos y potencialmente más previsibles para quienes exportan, importan o prestan servicios dentro de esta red.
Otro objetivo declarado es crear una alternativa paralela a sistemas tradicionales, como la red SWIFT. Esto no significa que estas estructuras desaparezcan, sino que el bloque quiere construir un camino propio para reducir vulnerabilidades.
En un escenario de sanciones financieras y tensiones geopolíticas, tener una ruta paralela de pagos pasa a ser visto como cuestión de seguridad económica.
Quién debe usar primero y por qué el foco comienza en las empresas
En este primer momento, el BRICS Pay está dirigido principalmente a operaciones C2B, en las que los consumidores realizan pagos a empresas.
Este recorte muestra que el sistema aún entra en campo de forma controlada, probando su uso en un frente específico antes de ampliar su alcance a otras modalidades de transacción digital dentro del bloque.
La elección tiene sentido porque los pagos a empresas concentran un gran volumen operativo, permiten observar el comportamiento real de la plataforma y ayudan a medir eficiencia, integración y aceptación.
Antes de prometer una revolución generalizada, el proyecto parece preferir comenzar por un área en la que el beneficio práctico puede ser percibido con más claridad.
Al mismo tiempo, el diseño ya sugiere una expansión gradual. La expectativa anunciada es que la plataforma evolucione y pase a ofrecer soluciones más amplias para transacciones digitales entre participantes del bloque y socios comerciales.
Este avance, sin embargo, dependerá de la ejecución. Lanzar una aplicación y anunciar una infraestructura es solo la primera etapa.
Lo que definirá el peso real del BRICS Pay será su capacidad de integrarse a los sistemas nacionales, operar con estabilidad y mostrar ventajas concretas frente a los modelos hoy dominantes.
Sin un uso real, cualquier PIX internacional corre el riesgo de convertirse más en un concepto político que en un instrumento financiero efectivo.
Lo que el lanzamiento revela sobre la estrategia del bloque
El surgimiento del BRICS Pay muestra que el bloque quiere transformar el discurso de cooperación financiera en un mecanismo operativo.
En lugar de limitarse a declaraciones sobre desdolarización o autonomía, los países involucrados colocan en el mapa una plataforma que busca resolver una etapa concreta del comercio y de los pagos internacionales.
Esto altera la lectura sobre el movimiento. No se trata solo de un debate abstracto sobre monedas o soberanía monetaria, sino de un intento de reorganizar la infraestructura por donde circula el dinero.
Quien controla la ruta del pago controla una parte relevante del juego económico, y es precisamente en esta capa donde el BRICS intenta abrir espacio.
Hay aún un elemento simbólico importante. Llamar la atención como un posible PIX internacional ayuda a hacer el proyecto más comprensible para el público y, al mismo tiempo, refuerza la idea de velocidad, integración y uso simplificado.
Esto le da al sistema una identidad más tangible que la de una mera plataforma diplomática de compensación financiera.
Al final, el BRICS Pay nace con una doble función. Por un lado, quiere facilitar transacciones directas, reducir costos cambiarios y acelerar la liquidación. Por otro lado, quiere señalar que el bloque busca menos dependencia del dólar y un mayor control sobre sus propios flujos financieros.
La fuerza del proyecto estará precisamente en probar que puede unir estas dos ambiciones sin quedar atrapado solo en el discurso.
El BRICS lanzó un sistema que intenta operar como PIX internacional, usar blockchain, conectar pagos nacionales y permitir transferencias en monedas locales entre integrantes del bloque y socios. Esto ya es suficiente para transformar el tema en una discusión más amplia que la de tecnología financiera.
Lo que está en juego es el intento de crear una infraestructura propia para el comercio, la liquidación y la integración entre economías que quieren reducir su exposición al dólar.
Ahora la cuestión pasa a ser práctica. Si el BRICS Pay logra funcionar con escala, estabilidad y aceptación, puede ganar peso como alternativa real. Si se queda restringido al anuncio y al simbolismo, seguirá siendo solo una promesa ambiciosa.
En tu opinión, ¿este PIX internacional del BRICS tiene oportunidad de convertirse en una herramienta relevante en el comercio global o aún está lejos de competir con los sistemas que dominan las transferencias entre países?

Se for concreta a promessa de reducao de custos, sera com certeza uma ferramenta relevante! Claro que deve se mostrar segura, acessivel, pratica e benefica para os envolvidos!