Experiencia documentada en Porto Alegre llevó a personas en situación de calle a inmuebles privados, con ayuda para vivienda y acompañamiento de salud y asistencia social, en un modelo basado en el Housing First y citado en publicaciones oficiales sobre vivienda.
La Municipalidad de Porto Alegre desarrolló, dentro del programa Vivienda Primero, una experiencia de alquiler solidario para llevar a personas en situación de calle directamente a inmuebles privados, con ayuda para vivienda y acompañamiento periódico de equipos de salud y asistencia social.
Según publicación del Ministerio de Derechos Humanos y Ciudadanía, la iniciativa había registrado 10.801 días fuera de las calles hasta octubre de 2019, considerando 70 personas domiciliadas en el período analizado.
La propuesta sigue la metodología internacional conocida como Housing First, o Vivienda Primero, que trata el acceso inmediato a una vivienda segura, individual, dispersa en el territorio e integrada a la comunidad como punto de partida del cuidado.
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Con este diseño, el acceso a la casa no aparece como recompensa al final de una secuencia de exigencias, sino como base para reorganizar documentación, cuidados de salud, vínculos sociales y rutina cotidiana con apoyo de la red pública.
Vivienda Primero cambia la lógica de la acogida
En Porto Alegre, el modelo fue asociado al Plan Municipal de Superación de la Situación de Calle, presentado por la municipalidad en mayo de 2018 para articular políticas de vivienda, salud, asistencia social y acompañamiento territorial.
La estrategia buscaba atender a personas en situación de vulnerabilidad extrema sin concentrarlas solo en grandes equipamientos públicos, acercando el cuidado a los barrios y a los servicios disponibles en diferentes regiones de la capital gaucha.
En lugar de reunir beneficiarios en dormitorios colectivos, el programa pasó a usar inmuebles esparcidos por la ciudad, como casas, apartamentos y posadas, con la intención de crear una rutina más cercana a la vida comunitaria.
Esta lógica reduce la dependencia de acogidas temporales y crea condiciones para que el residente construya una trayectoria fuera de las calles, en un ambiente más estable, con dirección definida y soporte continuo de la red pública.
El balance citado por el gobierno federal informa que, hasta octubre de 2019, la experiencia acumulaba 10.801 días fuera de la calle, número calculado a partir de las 70 personas domiciliadas en el programa.
En la misma publicación, la permanencia en vivienda aparece asociada a la reducción de internaciones, al mayor acompañamiento de las situaciones de salud clínica y mental y a la vinculación con servicios de la red local.
Alquiler Solidario aproxima política pública e inmuebles privados
Integrada al Moradia Primeiro, la acción conocida como Alquiler Solidario involucró a propietarios privados interesados en disponibilizar casas o apartamentos para el programa, creando un puente entre política pública y mercado local de alquiler.
De acuerdo con la Municipalidad de Porto Alegre, la iniciativa buscaba ofrecer oportunidades de superación de la situación de calle a personas ya acompañadas por equipos de abordaje, asistencia social o salud.
El funcionamiento preveía el registro y la evaluación de viviendas por equipos de la municipalidad, que realizaban una inspección antes de habilitar el inmueble para recibir beneficiarios acompañados por el programa municipal.
A diferencia de políticas basadas solo en cama, alimentación y pernocte, este arreglo transforma la atención en una estrategia de permanencia habitacional, con vivienda y acompañamiento técnico después del cambio.
Al ingresar en una casa, posada o apartamento, el beneficiario deja de depender exclusivamente de la circulación entre aceras, plazas, marquesinas, refugios y equipos colectivos, pasando a ocupar una dirección reconocida.
Los inmuebles usados en la experiencia deberían ofrecer condiciones mínimas de vivienda, como cuarto individual, salvo en casos de parejas, además de acceso a baño, cocina, agua corriente, energía eléctrica y ventilación.
Incluso cuando hay áreas compartidas, la propuesta preserva la idea de vivienda insertada en la ciudad, evitando la concentración de personas atendidas en grandes centros de acogida y favoreciendo vínculos con el territorio.
Acompañamiento sigue después de la entrada en el inmueble
La entrada en el Moradia Primeiro ocurre por indicación de equipos que ya acompañan a personas en situación de calle, lo que permite seleccionar beneficiarios a partir de vínculos previamente construidos por la red pública.
Durante el encaminamiento, los profesionales realizan evaluación técnica, análisis de documentación, firma del término de concesión del beneficio y construcción de un plan de acompañamiento pactado con la persona atendida.
Después del cambio, la atención no se cierra con la entrega de la vivienda, pues los equipos siguen presentes para observar la adaptación al inmueble e identificar demandas que puedan comprometer la permanencia.
En las visitas regulares, los profesionales acompañan dificultades cotidianas, orientan sobre servicios públicos, encaminan demandas de salud y actúan para evitar que problemas acumulados lleven a una nueva situación de calle.
Dentro de la metodología Housing First, este soporte funciona como una pieza central, porque la vivienda crea estabilidad, pero la permanencia depende de acompañamiento continuado y articulación con diferentes políticas públicas.
El apoyo se vuelve aún más relevante cuando la persona atendida tiene un historial prolongado de calle, sufrimiento psíquico, vínculos familiares rotos o uso problemático de sustancias acompañado por equipos especializados.
En la práctica, la visita técnica permite que la red pública actúe antes de que los problemas cotidianos se agraven, fortaleciendo una lógica preventiva en lugar de restringir la atención solo a situaciones de emergencia.
Cuestiones como el acceso a documentos, medicación, consultas, convivencia con vecinos, organización de la casa y relación con el arrendador pasan a formar parte del seguimiento territorial realizado después de la entrada en el inmueble.
La salud mental aparece entre los resultados documentados
La publicación del Ministerio de Derechos Humanos y Ciudadanía informa que, entre las 70 personas domiciliadas hasta octubre de 2019, solo 17 tuvieron internaciones en salud mental.
Dentro de este grupo, 12 no volvieron a internarse, tres redujeron las internaciones y dos mantuvieron el mismo patrón de reinternación después de la entrada en el programa, según los datos divulgados.
El mismo documento también presenta información sobre el uso de sustancias psicoactivas, con diferentes situaciones registradas entre los participantes, incluyendo personas que interrumpieron el uso, pasaron a hacer uso no problemático o estaban en tratamiento.
Estos indicadores ayudan a explicar por qué la experiencia comenzó a ser citada en debates sobre alternativas al modelo tradicional de acogida, aunque los datos disponibles se refieren al ciclo documentado hasta 2019.
La política no elimina la necesidad de refugios, especialmente en situaciones de emergencia, pero propone otro camino para personas que permanecen por largos períodos en el ciclo entre calle, atención puntual y retorno a la calle.
Para este público, la dirección fija funciona como una base de cuidado, permitiendo que salud, asistencia social, documentación y vínculos comunitarios sean trabajados en condiciones menos inestables.
La dirección fija reorganiza la vida cotidiana
Al ocupar una vivienda, la persona atendida pasa a tener espacio para guardar documentos, ropa, medicamentos y pertenencias personales, algo que la vida en las calles suele tornar inestable o inviable.
También surgen condiciones más previsibles para descansar, cocinar, recibir visitas técnicas y organizar desplazamientos para consultas, servicios públicos u oportunidades de trabajo, sin depender exclusivamente de la rutina de equipos colectivos.
Aunque parezca simple, el cambio altera puntos básicos de la vida cotidiana, porque sustituye la disputa por espacio en áreas públicas por una experiencia de vivienda con autonomía y responsabilidades propias.
En lugar de depender del horario de apertura de servicios o de la disponibilidad de plazas en acogidas, el residente pasa a administrar una dirección y a reconstruir vínculos con la ciudad.
Esta transición requiere seguimiento porque salir de las calles no se resume al cambio físico de lugar, sobre todo cuando la persona ha vivido años bajo inestabilidad, exposición a la violencia y ruptura de vínculos.
Para muchos beneficiarios, la vivienda llega después de largos períodos de pérdida de documentos, dificultad de acceso regular a la red pública y alejamiento de referencias familiares, comunitarias o profesionales.
Por eso, el Moradia Primeiro combina alquiler, apoyo social, atención en salud y articulación comunitaria, partiendo de la idea de que la estabilidad habitacional mejora las condiciones para la adhesión a tratamientos.
La política también busca favorecer la retomada de vínculos y la reorganización de proyectos de vida, sin tratar la vivienda como etapa final de un proceso rígido de atención.
La experiencia no sustituye una política habitacional amplia
El caso de Porto Alegre no resuelve por sí solo el déficit habitacional ni sustituye programas de vivienda a gran escala, pero actúa sobre un recorte específico de la población en situación de calle.
La iniciativa prioriza a personas en mayor vulnerabilidad y con trayectoria prolongada en las calles, ofreciendo una alternativa para situaciones en las que la acogida temporal no logra producir estabilidad duradera.
Aunque con alcance delimitado, el programa muestra una posibilidad concreta para ciudades que enfrentan el aumento de la población sin vivienda y buscan respuestas más allá de la ampliación de dormitorios colectivos.
Al usar inmuebles ya existentes y contratos en el mercado privado, la alcaldía evita depender exclusivamente de la construcción de nuevos equipamientos públicos y distribuye las viviendas por diferentes puntos del territorio urbano.
La experiencia también desplaza el foco de la política pública, porque sustituye la pregunta sobre quién está listo para recibir una casa por la comprensión de la vivienda como condición inicial de cuidado.
En Porto Alegre, el Moradia Primeiro se ha convertido en una de las experiencias brasileñas más mencionadas en la discusión sobre Housing First y políticas públicas dirigidas a la población en situación de calle.
Su principal diferencial está en invertir el orden tradicional de la atención: primero la dirección, luego el acompañamiento necesario para que la permanencia fuera de las calles deje de ser excepción y se convierta en una posibilidad real.

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