Pareja transforma un sueño antiguo en realidad en el interior de Minas Gerais, construye cabañas ecológicas sin energía de la concesionaria, preserva la fauna silvestre y vive en contacto directo con la naturaleza, apostando por la sostenibilidad y la simplicidad
A los 60 años, cuando muchos piensan en desacelerar, una pareja decidió cambiar completamente de rumbo. Dejarón la ciudad, empezaron de cero y transformaron un terreno en el interior de Minas Gerais en un sitio sostenible, marcado por la preservación ambiental, autonomía energética y convivencia diaria con la fauna silvestre.
El proyecto se encuentra en São João Batista do Glória y nació de un sueño antiguo: vivir cerca de la naturaleza, lejos del ritmo urbano y con el menor impacto ambiental posible. Poco antes de la pandemia, la pareja inició la construcción del espacio y asumió prácticamente todas las etapas del trabajo, desde la planificación hasta la ejecución.
Cuando comenzó la pandemia, el aislamiento no interrumpió los planes. Al contrario. Mientras muchas personas enfrentaban restricciones severas en las ciudades, ellos pasaron meses construyendo el sitio, organizando el terreno y estructurando un nuevo modo de vida, sin sentir los efectos del confinamiento urbano.
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La información fue divulgada por contenido audiovisual independiente, con registros detallados de la construcción, de las soluciones sostenibles adoptadas y de la rutina en el lugar, conforme a entrevistas e imágenes grabadas directamente en la propiedad.
Preservación ambiental orienta todas las decisiones del proyecto
Desde el inicio, la pareja definió una regla clara: preservar la mayor parte posible de la vegetación original. Del total del área, cerca de 60% permanece como reserva ambiental, garantizando abrigo para animales silvestres y equilibrio del ecosistema local.
No derribaron árboles de gran porte. Al contrario, adaptaron construcciones, senderos y áreas de convivencia al relieve y a la vegetación existentes. Como resultado, monos, coatíes, aves silvestres y aulladores comenzaron a integrar la rutina del sitio.
Con el tiempo, los animales se acercaron naturalmente. Sagüis circulan por los alrededores de las cabañas, bandadas de coatíes cruzan el terreno y los aulladores anuncian presencia con sus sonidos característicos, principalmente al amanecer y al final del día.
Esta convivencia reforzó aún más el compromiso con la preservación. Según los propietarios, el objetivo nunca fue solo vivir en el campo, sino crear un espacio donde el ser humano respeta y convive con la naturaleza.
La energía solar garantiza autonomía total sin concesionaria
La ausencia de energía eléctrica de la concesionaria representó uno de los mayores desafíos del proyecto. Desde hace más de tres años, la pareja espera la conexión de la red convencional. Aun así, decidieron no depender de ella.
Para resolver el problema, implantaron un sistema de energía solar off-grid, totalmente independiente. Cada cabaña posee paneles fotovoltaicos que captan energía desde las 6h30 de la mañana, almacenando electricidad en baterías estacionarias, con cuatro unidades de 220 amperes cada una.
Este sistema garantiza autonomía durante toda la noche, alimentando refrigeradores, iluminación y tomacorrientes básicos. Para reducir el consumo, la pareja sustituyó equipos de alto gasto energético por soluciones simples y eficientes.
En lugar del calentador eléctrico, por ejemplo, instalaron un sistema de termociclón, que calienta el agua mediante placas solares, sin uso de electricidad. La circulación ocurre de forma natural, manteniendo el agua caliente durante el día.
Además, el sitio cuenta con un lago artificial construido manualmente. El espacio alberga peces ornamentales, incluyendo carpas, y ayuda a regular el microclima, haciendo el ambiente más fresco en períodos de calor.
Cabañas ecológicas unen reaprovechamiento y turismo consciente
Con el avance de las obras, la pareja decidió transformar parte del espacio en una experiencia para visitantes. Así, construyeron dos cabañas ecológicas, totalmente integradas al paisaje y levantadas, en gran parte, con materiales reutilizados.
Puertas, ventanas, escaleras, muebles y objetos decorativos vinieron de diferentes ciudades, buscados a lo largo del tiempo. Palets se transformaron en sofás, troncos se convirtieron en lámparas y antiguas bancas escolares pasaron a funcionar como mesas rústicas.
Cada cabaña funciona de forma independiente, tanto en energía como en las áreas de esparcimiento. Los huéspedes cuentan con espacios exclusivos para fogatas, hamacas, picnics y contemplación del paisaje.
Para preservar el ambiente, la pareja estableció reglas claras, como la prohibición de música alta. Según ellos, el objetivo no es el volumen de huéspedes, sino la calidad de la experiencia.
Vida simple redefine confort y bienestar
A lo largo de los años, el sitio dejó de ser solo un proyecto y pasó a representar un nuevo modo de vivir. La pareja produce alimentos a pequeña escala, con maíz para consumo propio, además de hortalizas, hierbas y frutas como limón, naranja, banana y mora.
El agua utilizada proviene de un manantial ubicado a unos 800 metros sobre el terreno, abasteciendo toda la propiedad por gravedad. El sistema permite uso responsable y reutilización para riego.
Más que un cambio de dirección, la decisión de comenzar de nuevo a los 60 años trajo un cambio profundo de mentalidad. La pareja afirma que aprendió, en la práctica, que el confort no depende de exceso, sino de autonomía, silencio y tiempo.
Hoy, rodeados de bosque preservado, animales silvestres y un proyecto construido con sus propias manos, muestran que nunca es tarde para cambiar completamente de vida cuando hay propósito.
Fuente: É DU CAMPO


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