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China está erigiendo en el Tíbet una megaobra de 167 mil millones de dólares y 60 GW que puede convertirse en la mayor fuente individual de energía del mundo y, al mismo tiempo, en una de las mayores bombas geopolíticas de Asia.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 06/04/2026 a las 23:39
Actualizado el 06/04/2026 a las 23:41
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Megaobra en el Tíbet combina escala inédita, alto inversión e impacto regional en una área estratégica de Asia, reuniendo energía renovable, ingeniería extrema, sensibilidad geopolítica y preocupaciones ambientales en torno a uno de los proyectos hidroeléctricos más seguidos del mundo.

China ha llevado a cabo, en el Tíbet, un emprendimiento hidroeléctrico que puede convertirse en el mayor del planeta en capacidad instalada, con 60 gigavatios (GW) y generación estimada en 300 mil millones de kilovatios-hora por año.

El proyecto se encuentra en el curso inferior del río Yarlung Tsangpo, en la región conocida como Gran Curva, y fue aprobado oficialmente a finales de diciembre de 2024.

En julio de 2025, el gobierno chino anunció el inicio de la construcción.

La inversión divulgada por fuentes oficiales chinas y por medios internacionales gira en torno a 1,2 billones de yuanes, equivalente a alrededor de US$ 167 mil millones a US$ 170 mil millones.

La escala ayuda a explicar la repercusión internacional de la obra.

La potencia prevista supera la de la planta de Tres Gargantas, hoy la principal referencia mundial en hidroeléctricas de gran porte.

Para Pekín, el proyecto integra la estrategia de ampliar la oferta de energía renovable, reforzar la seguridad energética y apoyar la meta de neutralidad de carbono hasta 2060.

En paralelo, la iniciativa ha ampliado preocupaciones sobre impactos ambientales, riesgos geológicos y posibles efectos sobre países que dependen de las aguas del mismo sistema fluvial.

Planta en el Tíbet puede superar Tres Gargantas en generación de energía

La estimación de generación anual de 300 mil millones de kWh colocaría el proyecto tibetano en un nivel inédito en el sector hidroeléctrico.

Autoridades y analistas suelen comparar este volumen a alrededor de tres veces la producción anual de Tres Gargantas, aunque la relación varía según el año y las condiciones hidrológicas.

Aun así, el dato indica una escala superior a la de las mayores represas en operación en el mundo.

El plan no se limita a una estructura aislada.

Reportajes recientes e información asociada al proyecto apuntan a la previsión de cinco plantas en cascada, lo que amplía la intervención en el valle del río y el potencial de generación.

En este contexto, la obra ha pasado a ser tratada por el gobierno chino como parte de un paquete más amplio de infraestructura energética y desarrollo regional.

Según la agencia estatal Xinhua, el emprendimiento también fue presentado como instrumento para impulsar la economía local y fortalecer la integración del Tíbet a la estrategia nacional de transición energética.

Fuera de China, sin embargo, observadores asocian la represa no solo a la producción de electricidad, sino también al peso estratégico del control de una cuenca transfronteriza.

Ingeniería en la Gran Curva del Yarlung Tsangpo amplía desafío técnico

El tramo elegido está entre los más extremos del mundo para exploración hidroeléctrica.

En la Gran Curva del Yarlung Tsangpo, el río desciende cerca de 2.000 metros en solo 50 kilómetros, según información publicada recientemente por agencias internacionales.

Este desnivel es señalado como uno de los factores centrales para el potencial energético del área.

Para aprovechar esta caída de agua, el proyecto prevé obras subterráneas de gran envergadura.

Estudios y análisis sobre la iniciativa indican un sistema de desvío de agua por túneles y estructuras excavadas en la montaña, alternativa que reduciría la dependencia de un reservorio convencional del tamaño de Tres Gargantas.

Aun así, especialistas destacan que las dificultades técnicas siguen siendo elevadas.

El cañón del Yarlung Tsangpo reúne relieve accidentado, clima severo, geología compleja y acceso logístico limitado.

En la práctica, esto exige estabilización de laderas, excavaciones profundas y operación continua en un área sujeta a actividad tectónica relevante.

Debido a este conjunto de factores, el proyecto ha pasado a ser observado con atención por investigadores y por autoridades de países vecinos.

La preocupación aumentó después del terremoto de magnitud 6,8 que afectó al Tíbet en enero de 2025 y causó daños a reservorios en la región, según Reuters.

Tras el temblor, especialistas consultados por la agencia reforzaron que represas instaladas en zonas sísmicas exigen estándares aún más rigurosos de monitoreo, ingeniería y seguridad operacional.

India y Bangladesh monitorean impactos del proyecto en el Brahmaputra

El Yarlung Tsangpo nace en el Tíbet, sigue hacia India y pasa a integrar el sistema del Brahmaputra antes de llegar a Bangladesh.

Por eso, la represa es tratada como un tema transfronterizo.

En enero de 2025, el gobierno indio informó haber llevado sus preocupaciones a Pekín.

Más tarde, Nueva Delhi volvió a afirmar que sigue el proyecto y defiende transparencia sobre sus posibles efectos aguas abajo.

El punto más sensible es la gestión del flujo de agua.

La posibilidad de retención o modulación en un tramo estratégico del río alimenta temores relacionados con el abastecimiento, la agricultura, la pesca y las inundaciones estacionales.

China afirma que el proyecto no deberá causar impacto relevante sobre el medio ambiente ni comprometer el suministro hídrico a los países vecinos.

Aun así, autoridades indias mantienen el tema bajo observación.

Parte de esta cautela se explica por el historial de compartición de datos hidrológicos entre China e India.

El gobierno indio registró oficialmente que el memorando referente a los datos del Brahmaputra expiró en junio de 2023 y que el envío de esta información fue interrumpido a partir de ese momento.

En un contexto de baja previsibilidad, el avance de una obra de este porte tiende a ampliar la sensibilidad diplomática en torno al río.

Bangladesh también sigue el caso porque depende del mismo sistema hídrico en su tramo final.

Además del abastecimiento humano, el régimen del Brahmaputra influye en la agricultura, la navegación y la dinámica de las inundaciones en la llanura deltaica.

Por eso, cualquier alteración relevante en el comportamiento del río suele tener repercusión regional.

Sedimentos, seguridad hídrica y cooperación en cuencas compartidas

Lo que está documentado es la existencia de temor, por parte de países aguas abajo y de organizaciones ambientales, en relación a cambios en el régimen hídrico, en los ecosistemas y en la seguridad de la cuenca.

También entran en esta discusión los efectos de grandes represas sobre el transporte natural de sedimentos.

En ríos de alcance internacional, este tema suele ser tratado con cautela porque involucra fertilidad del suelo, erosión, dinámica de inundaciones y mantenimiento de hábitats acuáticos.

En el caso del Yarlung Tsangpo-Brahmaputra, especialistas y gobiernos han defendido más transparencia y cooperación técnica antes de que los impactos puedan ser evaluados con mayor precisión.

Organismos ligados a la gobernanza del agua, como la ONU-Agua, han defendido acuerdos de cooperación en cuencas compartidas precisamente para reducir el riesgo de tensión entre países que dependen del mismo curso fluvial.

En este tipo de escenario, el debate suele ir más allá de la ingeniería y alcanzar temas como seguridad alimentaria, prevención de desastres e intercambio de información hidrológica.

Energía renovable, desarrollo regional y presión diplomática

Dentro de China, el proyecto es presentado como obra de interés nacional, orientada a la generación de electricidad de baja emisión y al estímulo económico.

En el exterior, la iniciativa ha pasado a ser seguida también por su peso estratégico.

En julio de 2025, cuando la construcción fue oficialmente lanzada, los mercados chinos reaccionaron al anuncio como parte de un movimiento más amplio de inversión en infraestructura.

La controversia en torno a la represa, por lo tanto, no se limita al tamaño de la planta.

El debate involucra biodiversidad, actividad sísmica, seguridad de represas, gobernanza de aguas internacionales y relaciones diplomáticas entre países asiáticos.

A medida que el cronograma avanza, aumenta la presión para que China detalle con más claridad los impactos previstos, el diseño técnico de la obra y los mecanismos de cooperación con los vecinos que comparten la cuenca.

En este escenario, la discusión central dejó de ser solo la capacidad de generación de energía.

El foco también recae sobre los efectos regionales de una infraestructura de esta escala y sobre la forma en que serán monitoreados, negociados e informados a los países aguas abajo.

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Ana Alice

Redatora e analista de conteúdo. Escreve para o site Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 e é especialista em criar textos sobre temas diversos como economia, empregos e forças armadas.

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