Kangbashi, construida para albergar 1 millón de habitantes en China, consumió miles de millones, pero sigue casi desierta y se convirtió en un ejemplo mundial de las ciudades fantasma chinas.
En los inicios de los años 2000, China vivía un boom inmobiliario sin precedentes. Impulsado por el crecimiento económico acelerado, el gobierno central alentaba a provincias y municipios a construir nuevas ciudades planificadas, con infraestructura moderna y espacio para albergar a millones de habitantes.
Fue en este contexto que surgió Kangbashi, distrito de la ciudad de Ordos, en Mongolia Interior. El ambicioso proyecto prometía albergar 1 millón de habitantes, con amplias avenidas, edificios residenciales de alto estándar, museos, escuelas, estadios, teatros e incluso una biblioteca monumental.
La inversión fue multimillonaria, proveniente principalmente de la riqueza del carbón, abundante en la región. La promesa era transformar Ordos en un nuevo polo urbano y económico, símbolo de la prosperidad china.
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Técnicas simples de mojar el ladrillo antes de colocar previenen grietas, mejoran la fijación del mortero, reducen fisuras y garantizan paredes más resistentes y obras más duraderas.
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La ciudad lista, pero sin habitantes
La construcción avanzó rápidamente. En pocos años, aparecieron rascacielos, centros comerciales, complejos culturales y avenidas lo suficientemente anchas para recibir un tráfico intenso. Pero cuando el núcleo urbano estuvo listo, sucedió algo extraño: los habitantes no llegaron.
Relatos de 2010 a 2015 mostraban calles prácticamente desiertas, edificios enteros sin iluminación por la noche y un escenario que parecía sacado de una película post-apocalíptica.
Se estima que, en el auge de la “era fantasma”, apenas 20 mil a 30 mil personas vivían en Kangbashi, una cifra muy por debajo de la meta de 1 millón de habitantes.
Por qué Kangbashi se convirtió en una ciudad fantasma
Varios factores explican el fracaso poblacional de la ciudad:
- Precio de los inmuebles: las unidades construidas eran demasiado caras para los trabajadores comunes de la región, volviéndose inaccesibles para la mayoría.
- Ubicación remota: Kangbashi está situada en un área árida de Mongolia Interior, sin tradición urbana consolidada y con poca atracción económica para nuevos habitantes.
- Economía especulativa: muchos apartamentos fueron comprados por inversores como activos financieros, pero nunca ocupados.
- Falta de empleos locales: la promesa de desarrollo económico no acompañó el ritmo de las construcciones, y la ciudad no pudo generar suficientes puestos de trabajo.
El resultado fue un escenario de avenidas anchas y vacías, edificios modernos sin habitantes y una infraestructura subutilizada.
La fama mundial de ciudad fantasma
Kangbashi ganó notoriedad internacional tras reportajes de medios como la BBC y Time, que mostraron imágenes impresionantes de la metrópoli vacía.
La ciudad pasó a ser denominada “el Dubái chino que nunca fue” o simplemente “la mayor ciudad fantasma del mundo”. Se convirtió en símbolo de los riesgos del modelo chino de crecimiento basado en grandes obras y en el crédito inmobiliario fácil.
Intentos de revitalización
En los últimos años, el gobierno chino ha intentado revertir la imagen de Kangbashi. Las autoridades locales han alentado a organismos públicos a trasladar sus sedes a la ciudad, ofrecieron incentivos fiscales y hasta programas de subsidios para atraer habitantes.
Con esto, la población aumentó —hoy estimada en alrededor de 150 mil a 200 mil habitantes—, pero aún muy distante de la meta inicial de 1 millón.
A pesar de este crecimiento, muchas áreas de la ciudad siguen subutilizadas. Hay barrios enteros con edificios terminados, pero sin ocupación, recordando constantemente el pasado de “ciudad fantasma”.
El costo de la grandiosidad
El proyecto de Kangbashi muestra cómo el exceso de optimismo económico puede generar un desperdicio multimillonario.
- Se estima que la inversión inicial superó los US$ 150 mil millones en infraestructura, financiada en gran parte por deuda local.
- El gobierno municipal de Ordos llegó a acumular deudas superiores a US$ 1.6 mil millones en el auge de la construcción, poniendo en riesgo las finanzas públicas.
El paradoja es evidente: mientras millones de chinos luchan por viviendas asequibles en grandes centros como Pekín y Shanghái, Kangbashi exhibe rascacielos modernos con apartamentos vacíos.
Lecciones para China y el mundo
La historia de Kangbashi se ha convertido en una alarma global sobre los riesgos de megaprojects urbanos sin una planificación poblacional adecuada.
En China, casos similares se repiten a menor escala en otras ciudades planificadas, reforzando la idea de que el país construyó no solo viviendas para su crecimiento, sino también burbujas inmobiliarias.
Para los urbanistas, Kangbashi representa un laboratorio de errores: planificación urbana grandiosa sin una base demográfica real, exceso de confianza en inversiones inmobiliarias y la creencia de que “si construyes, ellos vendrán”.
Kangbashi, un monumento al exceso
Hoy, Kangbashi es una mezcla de ciudad futurista y ruina moderna. Sus amplias avenidas, edificios monumentales y museos impresionantes contrastan con el silencio de muchos barrios.
Aunque el gobierno intenta revitalizar la región, la etiqueta de ciudad fantasma sigue asociada al distrito de Ordos. Y a pesar de los avances poblacionales recientes, es improbable que la metrópoli alcance la meta de 1 millón de habitantes a corto plazo.
Así, Kangbashi permanece como un símbolo de la paradoja china: un país capaz de construir megaciudades en tiempo récord, pero que aún lucha por dar vida a esos gigantescos espacios.



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