Tras un récord validado de 623 km/h en 2024, la CASIC llevó su tren bala magnético a 650 km/h en siete segundos en un tubo de baja presión de 1 km. La meta es 800 km/h en 2025, antes de ampliar la pista a 60 km y buscar 1.000 km/h en la primera fase.
En 2008, en los Juegos Olímpicos de Pekín, China tenía apenas 120 kilómetros de alta velocidad entre Pekín y Tianjin, pero, diecisiete años después, en 2025, ya opera más kilómetros que cualquier otro país y ahora acelera un tren bala magnético en tubo de vacío con una meta declarada de 4.000 km/h.
El proyecto T-Flight fue anunciado en agosto de 2017 por la CASIC y, tras un récord validado de 623 km/h en 2024, el prototipo llegó a 650 km/h en siete segundos, en un ambiente controlado de baja presión, en una pista de apenas 1 km, exponiendo el principal obstáculo: mantener cientos de kilómetros de tubos sellados sin fallas de descompresión.
De la alta velocidad tradicional al salto tecnológico
La trayectoria china en el tren rápido se describe como un cambio de escala. En 2008, había 120 km de líneas de alta velocidad entre Pekín y Tianjin.
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Diecisiete años después, la red ha crecido hasta superar cualquier otra en el mundo, y la estrategia ya no es solo conectar el territorio, sino probar tecnologías que reduzcan la necesidad de avión.
Este objetivo aparece en la apuesta por soluciones que van más allá del estándar de alta velocidad.
Mientras que 250 km/h se cita como un umbral establecido, China quiere empujar el límite con el tren bala magnético y sistemas que minimicen dos barreras clásicas: fricción y resistencia del aire.
Qué es el Maglev y por qué cambia el juego
El Maglev es el tren de levitación magnética: en lugar de apoyarse en las vías, “flota” con potentes imanes y un campo electromagnético.
Sin contacto directo rueda-vía, la fricción física cae drásticamente, lo que abre espacio para velocidades muy por encima del estándar.
La base apunta que China ya opera el Maglev más rápido del mundo, alcanzando 431 km/h y conectando Pekín con Shanghái.
En paralelo, Japón prueba un modelo que superaría los 600 km/h. Aún así, estas marcas se consideran lentas en comparación con la ambición del T-Flight, un tren bala magnético pensado para entrar en territorio supersónico.
Maglev + tubo de vacío al estilo Hyperloop
El diferencial del T-Flight es combinar levitación magnética con un tubo de vacío, “al estilo Hyperloop”.
La lógica es directa: colocar el tren dentro de un ambiente de baja presión para reducir al mínimo la resistencia aerodinámica, uno de los factores que más “retenen” vehículos a velocidades extremas.
El tubo tendría un sistema para remover el aire y mantener un vacío parcial. Al mismo tiempo, la levitación magnética elimina la fricción de contacto.
Esta suma, según la base, es lo que permitiría velocidades sin precedentes para un tren bala magnético.
El papel de los superconductores y el aumento de estabilidad
Además del tubo, el plan incluye reforzar la levitación con superconductores. La propuesta es elevar el tren hasta 100 mm sobre la vía, mientras que los Maglev convencionales se elevan alrededor de 10 mm.
La justificación es estabilidad: cuanto mayor el espacio, mayor la estabilidad a velocidades extremas, reduciendo la sensibilidad del sistema a microvariaciones e irregularidades que, a alta velocidad, se convierten en problemas grandes.
Resultados de pruebas y por qué 1 km ya dice mucho
La CASIC habría alcanzado en 2024 una primera prueba validada como récord mundial al alcanzar 623 km/h.
Luego, a mediados de 2025, en un ambiente controlado de baja presión, el tren llegó a 650 km/h en siete segundos.
La prueba fue atípica por su longitud: la pista tenía solo 1 km, mucho menos de lo habitual en ensayos ferroviarios.
Aún así, el experimento es revelador porque muestra la intensidad de la dinámica: en solo siete segundos y en solo 1 km, el prototipo aceleró a 650 km/h y logró detenerse, sugiriendo aceleración y frenado extremadamente agresivos.
El equipo declara como meta alcanzar 800 km/h aún en 2025. A partir de ahí, el plan entra en fases.
Las fases del T-Flight: 1.000, 2.000 y 4.000 km/h
El proyecto se describe en tres etapas de ambición creciente.
En la Fase 1, el objetivo es llegar a 1.000 km/h. Para validar esa velocidad en condiciones más cercanas a la realidad, el equipo quiere extender la pista de pruebas a 60 km, permitiendo tramos más largos de aceleración, estabilización y frenado.
Desde la creación del proyecto, las fases siguientes apuntan a 2.000 km/h y 4.000 km/h.
Estas serían velocidades supersónicas, compitiendo con los aviones más rápidos del mundo, con una promesa operacional fuerte: conectar grandes centros urbanos chinos en pocos minutos, reduciendo la lógica de vuelos domésticos cortos.
La base también destaca un argumento de comparación práctica: en rutas cortas, la suma de espera en el aeropuerto, embarque y desplazamientos puede debilitar el sentido del avión en comparación con la practicidad de acceso al tren, un escenario ya observado en Europa.
El desafío casi imposible: mantener el tubo sellado por cientos de kilómetros
Si bien la levitación magnética se presenta como una tecnología comprobada, el problema central radica en el tubo.
Mantener un vacío parcial a lo largo de cientos de kilómetros se describe como un enorme desafío técnico porque las juntas deben estar perfectamente selladas.
Las temperaturas que oscilan entre frío y calor dilatan los componentes y pueden generar fugas.
La estimación citada es crítica: un tubo de 600 km requeriría una junta de dilatación cada 100 metros. Cada junta se convierte en un punto potencial de falla.
A escala, esto significa miles de oportunidades para que el sistema pierda presión, y la consecuencia sería grave.
Por qué una descompresión sería catastrófica
El texto base es directo: cualquier descompresión sería catastrófica. En un tubo de baja presión, una falla que permita la entrada súbita de aire no es un “escape común”, sino una ruptura de las condiciones operacionales que sustentan el rendimiento y la seguridad del tren bala magnético.
Este riesgo técnico se suma a un riesgo institucional: según la base, no hay un estándar de certificación ni protocolos de seguridad establecidos para un vehículo de este tipo, lo que aumenta la complejidad de transformar pruebas en operación comercial.
Qué está en juego para China
A pesar de las barreras, el proyecto se describe como avanzando a buen ritmo. Al mismo tiempo, la evaluación final es cautelosa: parece difícil ver este tren funcionando a corto plazo, precisamente por el problema de mantener tubos sellados en distancias continentales y por la ausencia de estándares y certificaciones.
Aún así, la base concluye con una apuesta: si hay un país capaz de lograrlo, ese país sería China, que ya transformó una red de 120 km en 2008 en la mayor malla de alta velocidad del mundo en 2025 y ahora intenta llevar el tren bala magnético a un nivel que rivalice con la aviación.
Pregunta rápida: ¿crees que China puede hacer seguro un tren a 4.000 km/h sin estándares de certificación consolidados, o el tubo de vacío es una ambición demasiado grande para convertirse en un transporte real?


Eu não verei. Mas quem viver verá.
A ciência e tecnologia sempre consegue pela dedicação e perseverança dos cientistas.