Patrón geométrico en el semiárido brasileño revela la obra silenciosa de termitas que movieron volúmenes gigantescos de tierra durante miles de años, formando millones de montículos espaciados de forma regular y visibles en imágenes de satélite cuando se elimina la vegetación.
Una extensa red de montículos de tierra esparcida por el noreste brasileño forma un diseño tan regular que puede ser reconocido en imágenes aéreas y en plataformas de satélite.
Lo que, a distancia, parece una especie de malla geométrica en el terreno no fue planeado por máquinas ni por obras humanas: se trata del resultado de miles de años de actividad de termitas que viven bajo el suelo y mueven tierra a una escala monumental, según investigadores que estudiaron el fenómeno en la Caatinga.
Ciudad de termitas visible por satélite en el noreste
Las estimaciones reunidas por científicos apuntan a cerca de 200 millones de montículos distribuidos en una vasta área del semiárido, con estructuras cónicas que, en muchos puntos, llegan a alcanzar aproximadamente 2,5 metros de altura y cerca de 9 metros de ancho.
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En conjunto, el campo de montículos cubre una región comparable en tamaño a Gran Bretaña en reportajes científicos internacionales, y su patrón llama la atención por mantener un espaciamiento relativamente uniforme entre una formación y otra.
A pesar de que el volumen de tierra sugiere “nidos” gigantes, la interpretación presentada por los investigadores es diferente.
Los montículos serían, principalmente, depósitos de suelo retirado durante la excavación lenta y continua de un sistema subterráneo de túneles interconectados.
Cómo las termitas construyen montículos y túneles subterráneos
La lógica, conforme explicaron los científicos involucrados en la investigación, es funcional: las termitas necesitarían desplazarse bajo la protección del suelo para acceder a hojas secas esparcidas en la superficie del bosque estacional, recolectando alimento sin exponerse tanto a depredadores y al calor extremo del ambiente.
La especie asociada a esta ingeniería es el Syntermes dirus, una termita de gran tamaño para los estándares del grupo, que se alimenta de material vegetal muerto y vive en galerías subterráneas.
La construcción, sin embargo, no ocurre como un cantero concentrado en un único punto.
A lo largo del tiempo, la tierra retirada de las excavaciones es empujada hacia afuera y se va acumulando en “montículos de desecho”, que se endurecen bajo el sol y pueden permanecer preservados por largos períodos, especialmente en condiciones ambientales estables y secas.
Caatinga y deforestación exponen el patrón geométrico
Este detalle ayuda a entender por qué la “ciudad de termitas” pasó tanto tiempo fuera del radar del público.
En el paisaje original, los montículos quedan ampliamente escondidos por la vegetación típica de la Caatinga, con arbustos espinosos y árboles que pierden hojas en la estación seca.
El conjunto ganó visibilidad más amplia cuando trechos fueron desforestados para apertura de pastizales y áreas de cultivo, exponiendo el relieve repetitivo y permitiendo que el patrón fuese percibido por quienes sobrevolaban la región o analizaban imágenes desde el aire.
Investigación científica con satélite y datación de montículos

La investigación científica combinó observación por satélite y trabajo de campo.
Muestras de suelo recolectadas en el interior de montículos específicos fueron analizadas para estimar la edad de las formaciones e indicar cuánto tiempo hace que ese material fue depositado.
De acuerdo con datos divulgados en materiales de prensa científica ligados al estudio, la datación de muestras retiradas del centro de 11 montículos indicó que fueron llenados en diferentes momentos, con edades estimadas entre cerca de 690 y 3.820 años.
El resultado reforzó la idea de un proceso acumulativo, donde el paisaje actual es una “fotografía” de un esfuerzo de excavación y deposición que atravesó muchas generaciones de insectos.
Por qué los montículos de termitas están tan espaciados
Además de la edad, otra cuestión intrigaba a los investigadores: ¿por qué los montículos aparecen con un espaciamiento tan regular?
En ecología, patrones geométricos repetitivos pueden surgir por competencia entre individuos o colonias vecinas, que establecen “fronteras” y mantienen distancia.
Para probar si este mecanismo podría explicar la distribución de los montículos, los científicos evaluaron el comportamiento de las termitas y la interacción entre grupos.
Las pruebas descritas por comunicados relacionados al trabajo indicaron poca agresividad entre termitas a escala de montículos cercanos, en contraste con respuestas más agresivas cuando individuos eran recolectados a distancias mayores.
Este tipo de observación fue utilizado para discutir que la regularidad puede tener origen en procesos de organización espacial asociados al uso del ambiente, sin depender necesariamente de enfrentamientos directos entre colonias vecinas.
Volumen de tierra excavada y comparación con pirámides

Los números ayudan a dimensionar lo que eso significa en términos físicos.
Investigadores citados en comunicados científicos relacionados al estudio calcularon que el volumen total de suelo excavado a lo largo del tiempo supera los 10 kilómetros cúbicos.
Para hacer la escala más comprensible, los científicos llegaron a comparar esta cantidad de material con miles de pirámides de Guiza.
Aunque comparaciones de este tipo son aproximaciones pedagógicas, indican por qué el caso comenzó a ser presentado como uno de los mayores ejemplos de bioingeniería atribuida a una sola especie de insecto.
Impacto ecológico de las termitas en el suelo y en el agua
El impacto, sin embargo, no se limita a una curiosidad visual.
Las termitas son conocidas por modificar la estructura del suelo, influir en la infiltración de agua y la distribución de materia orgánica, además de interferir en la dinámica de nutrientes.
En ecosistemas secos, donde pequeñas ganancias de humedad pueden cambiar la supervivencia de plantas y la disponibilidad de alimento para otros organismos, estructuras persistentes y excavaciones subterráneas pueden tener efectos ecológicos relevantes.
En el caso de la Caatinga, la presencia del megacampo de montículos ofrece una oportunidad rara de observar, a escala regional, cómo la actividad continua de un animal pequeño puede dejar marcas en el paisaje por períodos comparables a los de grandes civilizaciones humanas.
Cómo el sensoriamento remoto identifica los montículos

Desde el punto de vista del sensoriamento remoto, el fenómeno también tiene un componente particular: la “firma” solo se vuelve nítida en ciertas condiciones.
Donde la cobertura vegetal está preservada, la capa de arbustos y árboles reduce el contraste.
Ya en áreas abiertas, el conjunto aparece con claridad en imágenes aéreas y puede ser identificado incluso por usuarios comunes que navegan en mapas de satélite.
Para la ciencia, esta combinación de escala gigantesca y visibilidad facilita levantamientos y mapeos, pero también plantea debates sobre preservación, ya que parte de lo que hizo evidente el patrón fue justamente la conversión de áreas naturales.
Montañas de tierra, vida rural y un archivo de la naturaleza
En la rutina local, los montículos son conocidos y, en algunos casos, vistos como un obstáculo por propietarios rurales, ya que el suelo compactado y “cocido” por el sol puede dificultar el uso de la tierra y la mecanización.
Para los investigadores, estas formaciones funcionan como archivo geológico y biológico: cada montículo registra una etapa del transporte de sedimentos y de la excavación de los túneles, permitiendo reconstruir aspectos del comportamiento del insecto y del ambiente en el que vive.
La “ciudad” de montículos en el noreste brasileño, por lo tanto, no es una ruina abandonada ni una obra concluida.
Se trata de un paisaje moldeado por un proceso lento, persistente y distribuido, que continúa llamando la atención por unir tres elementos raros en la misma historia: números fuera de lo común, una marca visible desde el espacio y la confirmación, en campo, de que estructuras aparentemente enigmáticas pueden tener una explicación práctica relacionada con el modo de vida de un animal que pasa casi toda su existencia bajo tierra.
Si una especie tan pequeña puede reorganizar el terreno a escala continental, ¿qué otras “obras invisibles” de animales aún pueden estar escondidas en ecosistemas que casi nadie observa de cerca?


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