Un estudio revela que los sustitutos de los CFCs ya han depositado 335 mil toneladas de TFA en la superficie de la Tierra. La contaminación por este contaminante eterno afecta ríos, acuíferos y sangre humana en un nuevo desastre ambiental silencioso que expone los límites de la solución adoptada para proteger la capa de ozono.
La eliminación de los clorofluorocarbonos fue celebrada durante décadas como uno de los mayores logros ambientales de la humanidad. El Protocolo de Montreal funcionó, la capa de ozono se está recuperando y la historia parecía cerrada con un final positivo. Pero investigadores de la Universidad de Lancaster acaban de mostrar que la humanidad puede haber cambiado un desastre ambiental por otro más silencioso, más lento y potencialmente más difícil de resolver.
El estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters, revela que los sustitutos de los CFCs, los mismos productos químicos adoptados para proteger la capa de ozono, se descomponen en la atmósfera y generan ácido trifluoroacético, conocido como TFA, un contaminante eterno de la familia de los PFAS que ya contamina ríos, acuíferos, agua de lluvia, alimentos y hasta la sangre humana. La estimación es que alrededor de 335,500 toneladas métricas de TFA han sido depositadas en la superficie terrestre entre 2000 y 2022, y la carga sigue aumentando año tras año.
¿Qué es el TFA y por qué se considera un contaminante eterno?
El ácido trifluoroacético es una molécula de ácido fluorurado que pertenece a la misma familia de los PFAS, los llamados «químicos eternos» porque resisten la descomposición en la naturaleza. Una vez formado, el TFA se disuelve fácilmente en el agua, se mueve con ríos y aguas subterráneas y es extremadamente difícil de eliminar con estaciones de tratamiento convencionales.
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A diferencia de los contaminantes industriales que se degradan lentamente o se fijan a sedimentos, el TFA permanece en circulación indefinidamente. Esta característica lo convierte en un tipo particularmente preocupante de contaminante ambiental.
Los investigadores de Lancaster estiman que los sustitutos de los CFCs y ciertos gases anestésicos ya han depositado aproximadamente un tercio de millón de toneladas de TFA en el planeta, y el volumen acumulado solo tiende a crecer, ya que los gases de origen pueden permanecer en la atmósfera durante décadas antes de descomponerse.
Cómo gases que protegen la capa de ozono se convirtieron en un desastre ambiental
El mecanismo es directo. Cuando el mundo abandonó los CFCs, la industria comenzó a utilizar otros gases fluorados, HCFCs y HFCs en refrigeradores, bombas de calor y aparatos de aire acondicionado.
Estos sustitutos causan mucho menos daño a la capa de ozono, pero muchos de ellos se descomponen en TFA en las altas capas de la atmósfera, y el contaminante regresa a la Tierra con la lluvia o se deposita directamente en la tierra y el agua.
En la práctica, cada vez que un refrigerador de supermercado funciona o un aire acondicionado se enciende en una noche calurosa de verano, una pequeña parte de la cadena de refrigeración contribuye a esta lluvia química lenta. No se trata de una fuga dramática, sino de una llovizna constante que se acumula silenciosamente año tras año.
El modelo global desarrollado por los investigadores sugiere que la producción anual de TFA a partir de estos productos químicos puede alcanzar su pico en cualquier momento entre ahora y el final de este siglo, incluso con la reducción gradual del uso de estos gases.
Del hielo del Ártico a la sangre humana: dónde se ha encontrado el TFA
Uno de los resultados más reveladores del estudio es que mediciones realizadas en núcleos de hielo del Ártico a miles de kilómetros de cualquier fábrica confirman que casi todo el TFA retenido en el hielo puede ser explicado por la descomposición de los sustitutos de los CFCs transportados por el viento alrededor del globo. La contaminación no es local; es planetaria.
Más cerca de donde viven las personas, campañas de monitoreo encontraron TFA en el agua de lluvia, en ríos, en aguas minerales embotelladas, en alimentos a base de cereales y hasta en la sangre y la leche materna humanas.
Un informe de la Pesticide Action Network Europe documentó contaminación en acuíferos profundos utilizados para abastecimiento de agua embotellada en Europa, mientras que otros estudios midieron la presencia del compuesto en agua del grifo y en productos alimenticios en diversos países.
El escenario configura un desastre ambiental en cámara lenta que solo ahora comienza a ser dimensionado.
Qué dicen los organismos reguladores sobre el riesgo para la salud
La posición de los reguladores aún es ambigua. La Agencia Europea de Productos Químicos clasifica el TFA, este contaminante eterno, como perjudicial para la vida acuática, con efectos duraderos.
El Departamento Federal de Productos Químicos de Alemania propuso etiquetarlo como potencialmente tóxico para la reproducción humana, lo que elevaría significativamente el nivel de alerta sobre el compuesto.
Al mismo tiempo, una revisión de la Agencia Austríaca para la Salud y Seguridad Alimentaria constató exposición humana clara en contextos médicos y ambientales, pero ningún daño clínico consistente en los niveles ambientales actuales aunque los datos disponibles son limitados.
La autora principal del estudio de Lancaster, Lucy Hart, afirma que los sustitutos de los CFCs probablemente son la principal fuente atmosférica de TFA, y el coautor Ryan Hossaini argumenta que los niveles crecientes de gases fluorados son generalizados, persistentes y están aumentando.
La nueva generación de refrigerantes puede empeorar el desastre ambiental
El estudio destaca además que la generación más reciente de refrigerantes, conocidos como HFOs, especialmente el HFO-1234yf, utilizado en sistemas de aire acondicionado automotrices es una fuente atmosférica emergente y probablemente creciente de TFA.
Esto significa que la transición a gases con menor potencial de calentamiento global puede estar ampliando el problema de la contaminación por contaminantes eternos.
La cuestión plantea un dilema incómodo para las políticas ambientales. Si un gas nocivo es sustituido por otro sin verificar lo que sucede a lo largo de todo su ciclo de vida, ¿la humanidad está resolviendo el problema o simplemente cambiando su forma?
Para la mayoría de las personas, este desastre ambiental nunca será tan visible como el agujero en la capa de ozono lo fue. Sin embargo, los investigadores advierten que la extrema persistencia del TFA significa que las decisiones tomadas hoy sobre refrigerantes y productos químicos tendrán repercusiones en ríos, suelos y fuentes de agua potable por generaciones.
¿Qué opinas de este descubrimiento? ¿Crees que los gobiernos y las industrias actuarán a tiempo o estamos repitiendo el patrón de crear un nuevo problema al resolver el anterior? Deja tu opinión en los comentarios.

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