Observación de protoestrella con apenas 200 años revela ráfagas de gas y energía en la Nube de Tauro y puede cambiar modelos sobre formación estelar
Una protoestrella de alrededor de 200 años fue observada lanzando gas y energía en ráfagas en la Nube Molecular de Tauro, a 450 años luz de la Tierra, en un comportamiento comparado a un “estornudo” que puede cambiar la comprensión sobre la formación estelar.
Observación rara en el inicio de la formación
La formación de estrellas sigue siendo uno de los enigmas más persistentes de la astronomía. Los científicos saben que surgen en regiones densas de gas y polvo, donde varias masas solares colapsan en un área compacta menor que 0,1 años luz.
Lo que sucede justo después de la ignición aún se comprende poco. Esta etapa inicial es difícil de observar porque las estrellas jóvenes suelen estar envueltas en discos protoestelares gruesos, que bloquean gran parte de la luz emitida en esos primeros momentos.
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Por eso, los investigadores recurrieron al Observatorio ALMA, en Chile, para estudiar objetos en la región MC 27. El área analizada se encuentra a aproximadamente 450 años luz de la Tierra y reveló nuevas pistas sobre este proceso.
Protoestrella tiene edad estimada en 200 años
El objeto central del estudio llamó la atención por su juventud extrema. Mientras el Sol tiene alrededor de 4,6 mil millones de años, esta protoestrella se habría formado hace apenas unos 200 años, situándose entre las más jóvenes jamás observadas.
Los descubrimientos fueron reportados en The Astrophysical Journal Letters. El caso se considera raro porque la mayoría de las estrellas recién nacidas estudiadas por los astrónomos ya presentan una edad cercana a 100,000 años.
Aquí, el equipo logró observar una protoestrella prácticamente justo después de la fase de ignición. Esto amplía la oportunidad de seguir fenómenos que suelen desaparecer o cambiar antes de ser registrados con claridad.
El profesor Masahiro N. Machida, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Kyushu, destacó el papel del ALMA en este tipo de investigación. Según él, el radiotelescopio permite identificar los diferentes materiales presentes en los nurseries estelares.

Anillo caliente sugiere proceso a gran escala
Usando el ALMA, los investigadores detectaron un anillo gaseoso definido. La estructura se extiende por aproximadamente 1,000 unidades astronómicas a partir del objeto estelar y apareció ligeramente más caliente que la región circundante.
Kazuki Tokuda, de la Universidad de Kagawa, afirmó que esta diferencia de temperatura sugiere actividad en curso.
La hipótesis planteada por el equipo es que el anillo ha sido producido por un campo magnético atravesando el disco protoestelar.
En la interpretación presentada, este mecanismo estaría relacionado con los “estornudos” observados antes, pero ahora en una escala mayor.
Observaciones anteriores del mismo equipo ya habían revelado estructuras más pequeñas, de alrededor de 10 UA, asociadas a la actividad magnética en el disco.
Estas estructuras anteriores fueron interpretadas como expulsiones breves de energía. El anillo recién observado parece reflejar un proceso similar, pero más amplio, reforzando la idea de que la protoestrella redistribuye gas magnético justo después de nacer.
Campos magnéticos, choque y redistribución
La principal explicación involucra la interacción entre campos magnéticos y el disco protoestelar.
Este encuentro podría generar ondas de choque capaces de calentar el gas circundante y reorganizar materia y energía en los alrededores de la estrella naciente.
Este proceso puede ayudar a las estrellas jóvenes a liberar exceso de energía a medida que evolucionan. La hipótesis aún está en investigación, y se necesitarán nuevas observaciones con el ALMA para examinar mejor las regiones internas de estos anillos.
Machida afirmó que el equipo continuará recopilando datos para fortalecer la hipótesis e incentivar debates rigurosos sobre los resultados.
Él resaltó que el movimiento del gas en la formación estelar es ordenado, pero también muy caótico.
El investigador añadió que se necesitaron diez años para llegar a estas conclusiones.
Ahora, el grupo pretende seguir estudiando la protoestrella para entender el origen de estas ráfagas, de estas ondas de choque y de este comportamiento tan inusual.
Con información de Daily Galaxy.

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